Los resultados de la primera vuelta presidencial dejaron un sabor amargo entre amplios sectores del movimiento progresista. Contra lo que pronosticaban la mayoría de las encuestas, Abelardo de la Espriella obtuvo una ventaja del 2,8% sobre Iván Cepeda, cuya campaña aspiraba no solo a pasar a segunda vuelta, sino a hacerlo encabezando la votación nacional.
La posibilidad de que un representante de la ultraderecha llegue a la presidencia genera preocupación e indignación entre amplios sectores del pueblo, los luchadores sociales, los revolucionarios y los comunistas. No se trata simplemente de un cambio de gobierno, sino de la posibilidad de que la dictadura de las clases dominantes se ejerza de una manera más abierta, agresiva y reaccionaria.
El propio Abelardo de la Espriella lo ha dejado claro cuando afirma que defenderá la democracia «por la razón o por la fuerza». Detrás de esa frase se esconde la amenaza de utilizar todo el aparato estatal contra quienes luchan, protestan y se organizan para defender los intereses del pueblo trabajador.
Ante estos hechos, las diferentes clases sociales han reaccionado. Por un lado, un sector de las clases dominantes más reaccionarias se ha alineado con Abelardo de la Espriella. Todos los defensores de la democracia burguesa se han apresurado a sostener que los comicios —con pequeños errores— fueron perfectos y que la “democracia” en el país funciona.
La pequeña burguesía, también defensora de las instituciones burguesas, siembra esperanzas en que llamando a votar masivamente se puede derrotar al ultrarreaccionario de la Espriella. Y a pesar de que el presidente Petro habla de fraude, en la campaña del Pacto Histórico se habla de errores que deben corregirse, de garantizar más testigos electorales, de ganarse a un sector del “centro” o a un grupo importante de abstencionistas —sobre todo de la juventud—, alimentando la idea de que en las urnas se expresa realmente la voluntad del pueblo.
Por otra parte, el pueblo luchador, especialmente la juventud, salió a las calles el mismo domingo para manifestarse denunciando el fraude y al grito de «Abelardo gonorrea, el pueblo no copea» se hizo sentir. En los días posteriores se han realizado manifestaciones en varias ciudades del país, así como reuniones y asambleas en las que se mezclan la rabia y la ilusión de que Iván Cepeda resulte vencedor.
La posición de los comunistas frente a los hechos recientes, y en general frente a las elecciones, ha sido clara durante todos estos años: denunciar los comicios como una farsa. Esto, por cuanto los verdaderos dueños del poder en Colombia —la burguesía, los terratenientes y los imperialistas— ejercen el dominio económico y político, incluido el aparato electoral, para acomodar a quien decidan poner como administrador de sus negocios. Esto pueden hacerlo a través del software que maneja la familia Bautista, propietaria de la empresa Thomas Greg & Sons; mediante la compra millonaria de votos; por medio de campañas publicitarias en los grandes medios de comunicación, que todos los días le dan pantalla a un candidato hasta convertir en pocos meses a un desconocido en una figura reconocida y aparentemente intachable; así como mediante otros mecanismos ya conocidos de vieja data, llegando hasta el asesinato de candidatos presidenciales como Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo…
Por otro lado, rechazamos que un reaccionario como Abelardo de la Espriella llegue al poder ejecutivo, pues ejercerá la dictadura de los ricos de forma abierta, restringiendo incluso las libertades democráticas propias de un gobierno de corte liberal o socialdemócrata, al menos mientras estas no sobrepasen los límites permitidos por las instituciones. En ese sentido, respaldamos y nos unimos al pueblo trabajador que no quiere un gobierno ultraderechista.
Pero al mismo tiempo, advertimos que la reacción no se quedará quieta, aunque Iván Cepeda llegue a la presidencia. Está envalentonada, y esto no es un fenómeno exclusivo de nuestro país, sino parte de una política internacional en la que los imperialistas se preparan para una tercera guerra mundial por un nuevo reparto del mundo y ajustan los gobiernos a sus intereses y propósitos guerreristas.
En ese sentido, nuestro llamado a todos los luchadores que han salido a las calles y que por estos días han recordado en las redes el levantamiento popular de 2021 es a persistir en la movilización permanente, a utilizar la fuerza y el poderío de quienes realmente mueven la sociedad, para impedir que de la Espriella sea presidente.
Las reuniones y asambleas que se vienen realizando deben extenderse y ampliarse. Es necesario desarrollar una intensa labor de agitación, propaganda y educación acerca de quién es Abelardo de la Espriella y de cómo las reivindicaciones y los derechos democráticos se conquistan y se defienden con la lucha. Esta tarea seguirá siendo necesaria incluso si Iván Cepeda llega a la presidencia, pues el poder real lo siguen manteniendo los ricos explotadores. Como lo señalamos, la ultraderecha y el fascismo avanzan y se fortalecen, y solo pueden ser detenidos y derrotados con la fuerza del pueblo unido, organizado y movilizado.
Finalmente, es necesario insistir en la necesidad de avanzar en la construcción del Partido del Proletariado, para que este pueda actuar verdaderamente como una clase independiente y no marche a la cola de sus enemigos ni del reformismo. El proletariado necesita su propio partido revolucionario para dirigir la lucha de todos los explotados y oprimidos por la destrucción del Estado burgués, terrateniente y proimperialista; instaurar un nuevo Estado de obreros y campesinos, y construir el socialismo como parte de la revolución proletaria mundial y al servicio de ella. Esta es la tarea más urgente de todos los proletarios conscientes y de la intelectualidad revolucionaria.
Comité Ejecutivo – UOC (mlm)




