editorial

¿Y después de las elecciones qué?

A pocas horas de la segunda vuelta a la presidencia el ambiente se encuentra caldeado alrededor de quién ocupará la Casa de Nariño. Los gremios económicos, los empresarios y personalidades de los distintos ámbitos han tomado partido por uno u otro candidato, lo cual muestra la división de las clases dominantes, entre la mano dura de la extrema derecha y la mano “blanda” de la burguesía moderada; división que también se refleja en el seno del pueblo.

La democracia de los ricos les permite a los explotadores elegir quien administrará sus negocios comunes y, en la actual contienda, el sector más reaccionario de las clases parásitas dominantes quiere en la presidencia a un tipo como De la Espriella, mientras los sectores más “moderados” prefieren un gobierno reformista que apacigüe al pueblo, a la vez que siga garantizando sus privilegios y por eso apoyan a Iván Cepeda.

La pugnacidad entre la extrema derecha reaccionaria y la izquierda reformista se manifiesta de diversas maneras en las demandas de unos y otros alrededor de la financiación de campañas, acusaciones de crímenes, persecuciones, intervención en política por parte de funcionarios del gobierno y llega hasta maniobras como la de congresista Gloria Arizabaleta, también del Pacto Histórico, quien pretendía suspender al presidente Petro.

En el seno del pueblo es innegable que ha tenido efecto la campaña de desinformación y mentiras por parte de la reacción que ha logrado arrastrar a una parte de los trabajadores y sobre todo a sectores de la pequeña burguesía asustada con la delincuencia y el peligro del supuesto comunismo. Asimismo, la mayoría del pueblo trabajador que ya conoce la catadura de la reacción, toma parte por el candidato del Pacto Histórico, cuyas bases se han manifestado desde la primera vuelta denunciando el fraude en las principales ciudades del país y en varias intermedias. Sin duda el aspecto más destacado de la realidad es que el pueblo trabajador está interviniendo en la vida política y discutiendo alrededor de cuál es la salida a la terrible situación que atraviesa la sociedad colombiana en todos los órdenes.

Para la mayoría de las organizaciones obreras, campesinas, de los pueblos indígenas, de mujeres y jóvenes es claro que la llegada de Abelardo De la Espriella a la presidencia significaría para el pueblo un retroceso significativo en lo económico, social y político; a la vez tienen la esperanza de que la continuidad del gobierno progresista, a pesar de sus grandes errores como los casos de corrupción, improvisación, etc., posibilita avanzar en las reformas que mejoren sus condiciones en materia de salario, empleo, salud y vivienda; avanzar en la devolución de las tierras a los campesinos y la reparación a la víctimas de la guerra; se mantengan las conquistas alcanzadas por las mujeres y la comunidad LGBTIQ+; se amplíen o por lo menos se conserven las libertades de expresión, organización y movilización… todo lo cual el candidato de la reacción promete cercenar y para ello amenaza con destripar el creciente movimiento social que desde el Paro Nacional del 2019 se opone a los planes de los ricos explotadores nativos y sus socios imperialistas.

Ese sentimiento y aspiración son justos; sin embargo, es necesario tener en cuenta que el Estado y el gobierno no son imparciales ni están por encima de la lucha entre explotados y explotadores, entre oprimidos y opresores, porque el Poder lo tienen y lo ejercen los grandes burgueses y terratenientes y sus socios imperialistas; como ha dicho el presidente Petro en más de una ocasión: él preside el gobierno, pero no tiene el poder.

De esto se desprende que la única forma de detener o enfrentar a los sectores más cavernarios de los ricos holgazanes es con la lucha revolucionaria del pueblo, como enseñó el levantamiento popular del 2021. Incluso si esos sectores que representa De la Espriella no hacen fraude, como hicieron en la primera vuelta, y le permiten a Iván Cepeda llegar a la presidencia, no se quedarán de brazos cruzados y seguirán en su propósito de aplastar el movimiento social y se opondrán, con todas sus fuerzas y de todas las formas posibles, a cualquier medida que pretenda favorecer a los trabajadores y disminuir sus abultadas ganancias.

Y a propósito del fraude hay que prepararse para responder en caso de presentarse, y esa respuesta no puede ser otra que la movilización en las calles, el bloqueo y el paro general de la producción.

El pueblo trabajador solo puede confiar en sus propias fuerzas y por ello necesita fortalecer sus organizaciones, unificarlas alrededor de las exigencias y reivindicaciones en una Plataforma o Programa Inmediato, a la vez que retomar y generalizar las asambleas populares que expresen esa unidad y determinen las formas de organización y las tareas de lucha para enfrentar a los enemigos. Los proletarios revolucionarios estaremos en la primera línea, codo a codo y hombro a hombro con nuestros hermanos en todas estas lides.

Los cuatro años de gobierno del presidente Petro enseñan que no se pueden esperar soluciones desde arriba (por eso tuvo que recurrir a la movilización del pueblo desde abajo para hacer pasar alguna reforma en el congreso o impedir que fuera tumbada por las cortes); cuatro años que muestran a la vez las limitaciones del reformismo para dar soluciones de fondo a los grandes y acuciantes problemas que azotan al pueblo y a la sociedad colombiana.

No existe otro camino que la lucha revolucionaria por cuanto el capitalismo imperialista atraviesa una profunda crisis en todos los órdenes que pone de manifiesto su avanzado estado de agonía: crisis económica, crisis social, crisis medioambiental, medidas antiobreras y antipopulares en todos los países, agresiones imperialistas a los pueblos, preparativos de guerra imperialista por un nuevo reparto del mundo, ascenso de la reacción… hechos que exacerban todas las contradicciones del sistema moribundo y ocasionan la respuesta de los proletarios y los pueblos en huelgas políticas y levantamientos populares que vienen presentándose desde el 2019 alrededor del mundo.

No es posible humanizar el capitalismo, ni se puede conciliar con los enemigos del proletariado y los pueblos como proponen los reformistas; se necesita remover el capitalismo desde sus cimientos y ello exige destruir el Estado burgués, la podrida máquina de dominación de los explotadores. Unas tareas que solo se podrán realizar cuando el proletariado construya su propio partido político independiente, único capaz de dirigir a todos los explotados y oprimidos a las batallas decisivas contra los enemigos comunes.

Esa es la tarea más urgente de los comunistas en Colombia, porque desde este rincón del mundo tenemos la gran responsabilidad de aportar nuestro granito de arena a la causa del proletariado de todos los países: el triunfo de la Revolución Proletaria Mundial que acabe para siempre con toda forma de explotación y de opresión sobre la tierra.

Comité Ejecutivo – UOC (mlm)

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