
Septiembre de 2026 vuelve a mostrarnos que la crisis de Medio Oriente está lejos de resolverse. Mientras Palestina y Líbano continúan soportando las consecuencias de la ocupación sionista-imperialista, Yemen se convierte nuevamente en un escenario central de confrontación y en Siria se desarrolla una creciente ola de protestas contra la precarización de las condiciones de vida. La disputa regional también amenaza con afectar el suministro mundial de energía y profundizar una crisis cuyo costo recae, fundamentalmente, sobre los proletarios y pueblos del mundo.
Uno de los principales focos de conflicto está actualmente en Yemen. Los hutíes, respaldados por Irán, intensificaron sus operaciones militares y atacaron objetivos en Arabia Saudita. La ofensiva amenaza con extender los ataques y poner en riesgo la navegación por el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, una de las principales rutas marítimas para el comercio y el transporte energético.

La dimensión económica de esta confrontación es cada vez más evidente. La tensión que se mantiene alrededor del estrecho de Ormuz, sumada a los ataques contra infraestructura petrolera saudí y a la ofensiva en Yemen, llevan nuevamente el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril. Los países del Golfo incluso aplazaron conversaciones previstas con Irán sobre la seguridad de Ormuz, mientras aumenta la presión militar y diplomática en la región.
Pero detrás de las cifras del petróleo y de las disputas geopolíticas están millones de personas que viven las consecuencias directas de estas guerras. En Yemen, la intensificación de los combates provocó nuevos desplazamientos y amenaza con profundizar una crisis humanitaria que lleva más de una década. La ofensiva actual también aumenta el temor de que el país vuelva a entrar en una guerra de mayor escala.

Paralelo a estos hechos en Siria también se está desarrollando una importante movilización social. El aumento de los precios de los combustibles desencadenó protestas contra el gobierno que incrementó en un 40 % el precio del diésel, así como los precios de la gasolina y el gas. Los manifestantes bloquearon carreteras, quemaron neumáticos y bloquearon el transporte de combustible, denunciando el deterioro de sus condiciones de vida debido a las medidas del gobierno.
La protesta siria demuestra que sus causas son la crisis económica, el desempleo, la pobreza, la inflación y la falta de servicios básicos , sobre todo para un pueblo que ha soportado años de guerra y desplazamiento, un nuevo aumento del costo de los combustibles significa empeorar sus condiciones de vida.

Pero Palestina y Líbano también hacen parte de este escenario, la violencia continúa y Gaza sigue enfrentando una profunda crisis humanitaria mientras continúan los ataques israelíes, y en el sur del Líbano persiste la tensión entre Israel y Hezbollah, básicamente el exterminio al pueblo palestino sigue al orden del día con la anuencia y apoyo de los imperialistas yanquis.
Esta agudización de los preparativos de guerra no se trata solamente de enfrentamientos localizados en medio oriente. Yemen, Irán, Arabia Saudita, Israel, Líbano, Siria e Irak demuestran que los conflictos militares, alianzas políticas, intereses energéticos y disputas por el control de rutas estratégicas, están al orden del día y hacen parte de la disputa imperialista por recursos, rutas, mercados y fuentes de riqueza; disputa que pone en medio a los pueblos del mundo que son quienes pagan el costo de los preparativos de guerra imperialista, pues los trabajadores y desposeídos son desplazados, las familias pierden sus viviendas, los pueblos son sometidos al hambre, los jóvenes están sin empleo y las comunidades obligadas a abandonar sus territorios. La crisis energética y el aumento del precio del petróleo son problemas que se extienden al resto del mundo mediante mayores costos de transporte, alimentos y producción.

A todo ello se suma la agudización de la crisis social, donde las posiciones de ultraderecha toman fuerza y se expresan en diferentes gobiernos que atentan directamente con las libertades y derechos conquistados por la clase obrera, el campesinado, las mujeres y la comunidad LGBTIQ+. Pero además, el aumento de feminicidios, infanticidios, violencia sexual hacia mujeres y niños, la vulneración de derechos laborales, la privatización de la educación y la salud como negocio, son indicativos de la arremetida mundial del capitalismo imperialista que pretende resolver su crisis a costa de arrasar no solo con las conquistas de los desposeídos, sino con pueblos enteros si es necesario.
Ante este panorama, la organización internacional de los trabajadores no es una simple tarea, es una necesidad impostergable, pues el proletariado mundial debe responder a los preparativos de guerra de manera organizada, para impedir que el capitalismo imperialista continúe su recorrido de guerra y muerte por todo el mundo. Y sí, podemos impedirlo, porque si unimos las luchas de los pueblos del mundo, demostraremos la fuerza que los trabajadores tenemos, es el factor organizativo el que debemos agilizar para enfrentar a este odiado sistema que debemos enterrar para impedir que su lógica de exterminio continúe imponiéndose sobre el planeta.





