
No es un secreto el papel nefasto que han jugado los grupos armados «al margen de la ley» en medio de elecciones, sobre todo cuando candidatos como De la Espriella toma como caballo de batalla la seguridad de la «patria milagro» para convencer a miles de incautos de su voto; todo gracias a que las acciones militares indiscriminadas contra las masas populares -que en efecto rechazamos- crean una sensación de inseguridad exacerbada que le sirve al discurso autoritario del supuesto «tigre redentor» en la primera vuelta presidencial.
Pero, además, los atentados, asesinatos y ataques contra la población explotada ponen en evidencia la incapacidad del gobierno de Petro y del Estado burgués para controlar a los grupos disidentes productores y traficantes de psicotrópicos. Estos hechos solo pueden explicarse por las guerras entre bandas mafiosas que se disputan plazas, zonas de influencia, rutas de tráfico y otros negocios ilícitos. Las operaciones que generan mayor estruendo mediático no buscan realmente aniquilar al enemigo, sino intimidarlo; por ello, se trata de contiendas prolongadas, sin una definición clara en términos de victoria o derrota de un bando sobre otro. Tampoco producen cambios significativos en la situación de los explotados y oprimidos del país.
Por otro lado Abelardo como parte de su campaña electoral presuntamente también ha recurrido a producir auto atentados para mostrar que en Colombia hay un problema muy grave de seguridad y a la misma vez mostrarse como la solución con su política de mano dura contra los violentos, que ya sabemos los desposeídos lo que significa: criminalización de la protesta, persecución a los luchadores, desapariciones, detenciones arbitrarias, asesinatos selectivos… un largo etcétera que exacerba el terrorismo de Estado y el cumplimiento de su objetivos de «destripar a la izquierda».
En esencia lo que debemos entender es que las acciones terroristas contra el pueblo desarmado vienen de dos bandos: productores de psicotrópicos falsamente catalogados de izquierda o derecha, y las mismas fuerzas represivas del Estado, que en manos de un terrorista de ultraderecha como De la Espriella representan un peligro importante para la lucha de las masas populares y por tanto debemos prepararnos para enfrentarlos con milicias populares, que respondan con el terror de las masas armadas y organizadas conscientes de que en sus manos está la solución del porvenir del país y no en la elección de Abelardo De la Espriella en la farsa electoral.






