En Albania continúa la lucha popular

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En días pasados publicamos un artículo que informaba sobre el estado de las protestas en Albania por la defensa de la naturaleza, contra el gobierno de Rama y la intromisión de capital privado estadounidense. Es necesario hacer un seguimiento de las manifestaciones en ese país europeo del Mediterráneo que han denominado como la «Revolución de los flamingos». Desde que iniciaron las protestas en defensa de la naturaleza y contra proyectos de inversión inmobiliaria de los imperialistas yankees, escalaron al grado de tener exigencias políticas contra el gobierno de Rama, líder del Partido Socialista de Albania desde el 2005, que es el heredero del Partido del Trabajo de Albania que dirigió Enver Hoxha cuando ese país era socialista.

Hay que recordar que las masas -especialmente los jóvenes- se levantaron en las calles en contra de los planes del gobierno albanés de otorgar concesiones para la construcción de un mega-complejo hotelero y turístico de lujo estimado en $1.600 millones de dólares en la isla de Sazan —una antigua base militar— y la laguna costera de Zvërnec  —un área protegida de Pishë Poro-Narta—. El proyecto está financiado por la firma de inversión Affinity Partners de propiedad de Jared Kushner, quien esyerno y socio de Donald Trump e Ivanka Trump, la hija del presidente estadounidense. El pueblo albanés incrementó las protestas y su odio de clase cuando Ivanka Trump se refirió a la isla de Sazan como la «isla privada» que su familia había «descubierto». Las manifestaciones adoptaron al flamenco como símbolo, ya que estas aves habitan en los humedales amenazados por las excavadoras, al igual que tortugas y otras especies protegidas.

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El 22 de junio los manifestantes levantaron un pliego de exigencias que se concretan en cinco puntos:

1. Renuncia inmediata e innegociable del primer ministro Edi Rama

2. Establecimiento de un gobierno de transición técnico y apartidista por 12 meses

3. Cancelación de los contratos de desarrollo turístico con la familia Trump-Kushner y la prohibición de construir en áreas protegidas

4. Derogación de las leyes a medida («Ley de Inversores Estratégicos») que permitieron la reducción de controles ambientales

5. Reformas constitucionales y electorales profundas para frenar la «captura del Estado» y la corrupción sistémica.

El movimiento tiene su epicentro político en la capital de Albania, Tirana, y más exactamente las movilizaciones diarias se concentran en la Plaza Skanderbeg —punto de encuentro y concentración inicial de las marchas diarias en la capital—, el Parlamento —donde detienen la marcha para realizar discursos políticos exigiendo la renuncia del Primer Ministro— y el Bulevar Dëshmorët e Kombit —Mártires de la Nación— , la cual es la principal arteria vial que los manifestantes recorren de manera masiva en sus movilizaciones hacia los edificios gubernamentales. Allí ha habido paros parciales de transporte, huelgas estudiantiles y concentraciones masivas, principalmente los fines de semana. El pasado 20 de junio, Tirana vivió la manifestación más grande en la historia reciente del país reuniendo a más de 250 000 personas. Además, en las ciudades costeras de Vlorë y Zvërnec donde se sitúan físicamente los terrenos en disputa, se concentran los bloqueos a la maquinaria de construcción.

Por ahora el primer ministro, Edi Rama, se mantiene aparentemente firme en medio del movimiento. Rama minimiza las protestas llamándolas «obstruccionismo al desarrollo» y argumenta que Albania necesita el turismo de lujo para impulsar su economía de cara a su ingreso a la Unión Europea. Aunque inicialmente ofreció dialogar con una delegación de 20 líderes del movimiento, la propuesta fue rechazada en las calles. A su vez, la Fiscalía Especial contra la Corrupción (SPAK) le abrió una investigación por las irregularidades de la adjudicación de los contratos.

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Mientras tanto, la oposición política tradicional en cabeza del partido conservador del ex primer ministro Sali Berisha, inicialmente respaldó el proyecto de Kushner y Trump, razón por la cual los manifestantes gritan en las calles «¡Rama a la prisión, Berisha a la prisión!». El movimiento acusa a la oposición política tradicional de estar «vendida» y de formar parte de la misma élite oligárquica.

Para el gobierno de Trump, el proyecto es defendido bajo la narrativa de inversiones privadas transatlánticas estratégicas y legítimas. El propio Donald Trump y su entorno ven los ataques al resort como una extensión del «lawfare» o ataques políticos en contra de los negocios de su familia. Mientras tanto, los demócratas en el Congreso y los medios de comunicación opositores a Trump denunciaron el caso de Albania como un ejemplo flagrante de nepotismo, tráfico de influencias y corrupción. Argumentan que la familia del presidente está utilizando la política exterior norteamericana y el peso de Washington para presionar a un gobierno extranjero económicamente vulnerable a ceder recursos naturales protegidos para beneficio propio. Mientras tanto la Comisión Europea emitió una advertencia a Albania, dejando en claro que el avance de este megaproyecto viola las leyes ecológicas y pone en grave riesgo las negociaciones de adhesión de Albania a la Unión Europea planeadas para el 2030.

Las concentraciones son permanentes desde que se iniciaron las protestas. Los manifestantes se reúnen todas las tardes para mantener viva la presión, cumpliendo a finales de junio más de 28 días seguidos de protestas. Las marchas se hacen bajo la consigna «Albania is not for sale» (Albania no está a la venta), con banderas albanesas, pancartas con críticas directas a la opacidad de los contratos con Jared Kushner e Ivanka Trump, y retratos del primer ministro Edi Rama. Los manifestantes cargan figuras inflables, siluetas de cartón y pancartas modificadas de flamencos —flamingos— como símbolo de la fauna y los humedales protegidos que corren peligro por el complejo hotelero. También han intentado romper cordones policiales para trasladar la protesta a escenarios internacionales de alta visibilidad, como en la Plaza Madre Teresa y los alrededores de estadios —por ejemplo, al Arena Kombëtare—justo antes de partidos de fútbol de la selección nacional, como ocurrió a principios de junio, buscando captar la atención de la prensa extranjera ante el silenciamiento de los medios locales.En las regiones costeras, las comunidades locales y activistas ambientales han realizado bloqueos físicos directos para impedir el paso de la maquinaria pesada y el inicio de las obras civiles de preparación de terrenos.

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Albania fue un país del Bloque Socialista desde 1944 cuando derrotaron al fascismo, hasta 1991. El Partido Comunista de Albania —luego Partido del Trabajo de Albania— dirigió la sociedad albanesa con Enver Hoxha al mando, quien contribuyó a la refutación del revisionismo jrushchovista después de la muerte de Stalin en la URSS. Más tarde, también liderado por Enver Hoxha, ese Partido se transformó en un cuartel general antimaoísta, para atacar y desprestigiar la Gran Revolución Cultural Proletaria en China. El primer ministro Edi Rama es el líder absoluto del Partido Socialista de Albania, sucesor legal e ideológico del Partido del Trabajo de Albania que en 1991 adoptó ese nombre y giró hacia el camino socialdemócrata para aplicar medidas abiertamente capitalistas neoliberales bajo el gobierno de Rama, como la actual entrega de territorios y recursos naturales a una firma privada de capital estadounidense, es decir, un falso socialista privatizando lo que pertenece a todos los albaneses.

Las fuerzas comunistas revolucionarias en Albania deben reagruparse no solo para luchar contra las medidas antipopulares que está imponiendo el actual gobierno de Rama, sino, para que las luchas que hoy colman de albaneses las calles de ese país sean dirigidas con contundencia contra el imperialismo estadounidense y en general, contra toda forma de opresión que potencias extranjeras quieran imponer sobre su territorio. No basta con expulsar a una firma de magnates yankees. Es necesario luchar contra todo tipo de dominación imperialista y contra las clases socias y lacayas de esos imperialistas dentro de la misma Albania y sus representantes políticos, como lo es hoy el gobierno de Rama. Los capitalistas sólo ceden a sus mezquinos intereses por medio de Huelgas Políticas de Masas y de las revoluciones violentas que el pueblo organice para defender y conquistar sus derechos y reivindicaciones. Los revolucionarios en Albania sabrán actuar de forma correcta para retomar, en ese país, el camino del Estado tipo Comuna en el que, bajo el Socialismo científico, se proteja la naturaleza y la fuerza de trabajo que mueve a la sociedad.

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