
Se acerca el Día Internacional de la Mujer y más que una fecha para felicitar es una oportunidad para hacer conciencia y reflexionar especialmente sobre esas actitudes que muchos hombres consideran «normales», pero que en realidad forman parte del machismo cotidiano que afecta profundamente a mujeres, jóvenes y niñas.
El machismo no es solo violencia física, ni gritos, ni grandes titulares. También está en los comentarios que parecen inofensivos: decirle a una mujer que «seguro está así porque está en sus días», opinar sobre su cuerpo sin que lo haya pedido, asumir que debe encargarse del cuidado o de la casa, cuestionar su capacidad para liderar, o bromear con estereotipos que la reducen a su apariencia o que reducen su capacidad de actuar por estar a la sombra de un hombre. Cuando estos comportamientos se repiten, dejan de verse como agresiones y se convierten en algo «normal». Y ahí está el problema, porque que algo esté normalizado no significa que esté bien.
Cuando una niña crece escuchando que «las mujeres son más débiles», que debe «cuidarse cómo se viste» para no provocar, que ciertas carreras «no son para mujeres» y otros tantos comentarios, interioriza límites que no deberían existir; cuando una joven recibe comentarios constantes sobre su físico, aprende que su valor depende de cómo luce y no de lo que piensa o logra; cuando una mujer adulta es interrumpida, subestimada o cuestionada sistemáticamente, se erosiona su confianza y se restringen sus oportunidades, ¡compañeros eso cansa, duele y marca!
Muchos hombres no se reconocen como machistas porque no sienten odio hacia las mujeres. Pero el machismo no siempre es odio; muchas veces es costumbre, privilegio no cuestionado o indiferencia frente a desigualdades que no se viven en carne propia. Decir «así somos», «solo es una broma» o «no es para tanto» invalida lo que sentimos y perpetúa el problema.
Si realmente se respeta a las mujeres, hay que aprender a escuchar cuando dicen que algo les duele o les incomoda, aunque a ustedes no les parezca grave. El respeto no consiste en decidir por ellas qué debería ofenderlas, sino en reconocer su sentir.
Corregir estas conductas no les quita nada como hombres; al contrario, los hace más conscientes y ello implica revisar sus palabras, cuestionar sus chistes, dejar de minimizar situaciones, compartir responsabilidades y educar a las nuevas generaciones reconociendo el papel de la mujer.
El cambio no empieza con grandes discursos, sino en pequeños actos diarios, en cómo hablamos, cómo reaccionamos y cómo enseñamos nosotras a los hombres y ustedes compañeros a otros hombres a hacer lo mismo.
El Día Internacional de la Mujer no es solo una conmemoración. Es un llamado a asumir responsabilidad. Y esa responsabilidad también es nuestra como comunistas, porque cuando una mujer se siente pequeña por un comentario, cuando una niña limita sus sueños por lo que escucha, algo estamos haciendo mal sobre todo quienes queremos transformar la sociedad. No se trata de ser perfectos. Se trata de ser conscientes, de tener la humildad de aceptar que podemos hacerlo mejor.
Piénsenlo y analícenlo autocríticamente, por ellas, por las niñas que están aprendiendo lo que significa ser mujer en este mundo y por el tipo de hombres que ustedes decidan ser a partir de hoy.
Una camarada






