Dos posibles caminos, un objetivo: organización y lucha para triunfar

Dos posibles caminos, un objetivo: organización y lucha para triunfar 1

A propósito de las elecciones presidenciales en Colombia, y ante el posible triunfo electoral de las fuerzas más reaccionarias del país debemos asimilar que si esto llega a suceder no todo está perdido, el objetivo del pueblo colombiano de derrotar a la burguesía y a los imperialistas no puede cambiar, la conquista de ese objetivo depende de la capacidad de organización y del espíritu de lucha de las masas, hoy después de un par de años de dispersión y desmovilización, amplios sectores de trabajadores, mujeres, campesinos y estudiantes deciden retomar el camino de la organización, esa organización se expresa con fuerza en las calles, permitiendo construir lazos entre distintos sectores y procesos de lucha. 

En ese sentido, debemos establecer un plan de trabajo para cualquier panorama, teniendo en cuenta este repunte de organización popular, pero sin perder nuestro objetivo como clase, pues somos conscientes de los peligros y las oportunidades que puede suponer para las organizaciones obreras y populares la presidencia de uno u otro candidato, de ahí que dependiendo el triunfo de uno u otro, se produce una consecuencia táctica.

Insistimos en que nuestras luchas y reivindicaciones no serán cumplidas en su totalidad por la izquierda parlamentaria, y menos con el proceso de fascistización que está ocurriendo en nuestro continente. Entender a Abelardo (y a cualquier burgués que pretenda destripar a la fuerza proletaria) como el fin de la lucha es un error fatal, pues la historia nos ha demostrado lo contrario, la organización popular, las huelgas, movilizaciones, etc. pueden golpear y vencer a los reaccionarios «La fuerza de las masas populares es ilimitada. La organización de las grandes masas en protestas, huelgas y resistencia activa es el único método eficaz para aplastar el poder del enemigo de clase… Desconfiar de la movilización en las calles y depender solo de decretos de los dirigentes es un grave error de burocratismo1 

Como ya lo hemos señalado, es necesario comprender que Abelardo representa un peligro considerablemente mayor para las organizaciones obreras y populares, independientemente de su nivel de radicalidad política. Esta situación supone modificaciones en las formas de actuación y organización, exigiendo mayores niveles de discreción, seguridad, disciplina y fraternidad entre quienes luchan por los intereses de la clase trabajadora.

Al mismo tiempo, se hace aún más urgente fortalecer la unidad proletaria internacional como respuesta a la ofensiva capitalista, imperialista, genocida y reaccionaria que se desarrolla a escala mundial. No debemos olvidar que el imperialismo, en su fase de descomposición, agudiza al máximo las contradicciones inherentes al capital, profundizando las crisis económicas, sociales y políticas.

Por ello, una eventual victoria de este candidato lacayo de los intereses imperialistas no solo podría significar una intensificación de la ofensiva contra las organizaciones populares y contra los derechos conquistados por el pueblo, también podría acelerar las contradicciones de clase hasta generar nuevas y más profundas expresiones de lucha popular. En ese escenario, podrían abrirse posibilidades revolucionarias de gran alcance.

Sin embargo, tales posibilidades no se materializarán de manera espontánea. Solo podrán transformarse en una verdadera alternativa revolucionaria si para entonces la clase obrera cuenta con la dirección de un nuevo y verdadero Partido Comunista Revolucionario de Colombia, capaz de unificar a las fuerzas dispuestas a combatir el capitalismo hasta sus últimas consecuencias, orientando la lucha de las masas hacia la conquista del poder.

Asimismo, dicho Partido deberá asumir una perspectiva genuinamente internacionalista, organizando la Asociación Mundial del proletariado y vinculándose a la construcción de una Nueva Internacional Comunista que coordine la lucha revolucionaria de los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo.

El otro escenario posible es una presidencia de Cepeda, en la que las reformas que pueda impulsar representarían ciertas mejoras en las condiciones de vida del proletariado y en las posibilidades de la acción revolucionaria. Como se ha señalado en otros artículos, medidas como la reducción de la jornada laboral, el fortalecimiento de la educación pública o la ampliación de subsidios pueden brindar más tiempo fuera del trabajo y facilitar la lucha por mejores salarios y derechos.

Sin embargo, asumir estas reformas como un objetivo final implica desconocer las condiciones materiales de nuestra sociedad, que exigen una revolución proletaria de carácter mundial para abrir paso a un nuevo proceso histórico en el que la burguesía sea arrinconada hasta su extinción como clase.

Cabe señalar, además, que este escenario favorable para la clase obrera solo sería posible bajo la dirección de un nuevo y verdadero Partido Comunista Revolucionario de Colombia, capaz de unificar a las fuerzas dispuestas a combatir el capitalismo hasta sus últimas consecuencias y de orientar la lucha de las masas hacia la conquista del poder. Asimismo, dicho partido deberá asumir una perspectiva genuinamente internacionalista, vinculándose a la construcción de una Nueva Internacional Comunista que coordine la lucha revolucionaria de los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo.

De lo contrario, un eventual gobierno encabezado por Cepeda podría verse rápidamente arrinconado por las presiones de distintas facciones burguesas y por los límites del propio Estado burgués, en esas condiciones y para poder continuar su proyecto político, tarde o temprano buscará arrimarse al árbol que más sombra le dé, lo que quiere decir, que buscará apoyarse y acordar con el algún sector del capital o del imperialismo, permitiendo el reagrupamiento y rearme de la reacción.

El Estado es, según Marx, un órgano de opresión y dominación de una clase sobre otra, es la creación del orden que legaliza este yugo, y que se hace ver falsamente que está sobre todas las clases sociales y es independiente a ellas. De este modo debemos retomar lo que decía Lenin: «El Estado es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.»

Lo que hace imperativo una organización popular que, aunque participe de la democracia burguesa, la rebase y tenga como objetivo la revolución comunista. Pues los capitalistas en aras de proteger el sistema de acumulación y explotación serán capaces de hacer cualquier cosa, desde robarse las elecciones por medio de fraude electoral, hasta un golpe de Estado orquestado por injerencia extranjera como lo hemos visto en Venezuela.

  1. Mao Zedong, Citas del Presidente Mao (El Libro Rojo)
  2. V. I. Lenin, Estado y revolución
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