El falso internacionalismo pequeñoburgués

A propósito de un nuevo ataque de un señor de Brasil contra la Unión Obrera Comunista (mlm)

El falso internacionalismo pequeñoburgués 1

En mayo pasado, como «Equipo editorial al servicio del pueblo – Brasil» fue publicado un nuevo ataque contra la Unión Obrera Comunista (mlm) titulado «La falsa autocrítica de la UOC y su complicidad política con la traición de la camarilla revisionista de Sonu-Satish-Devji», el cual merece nuevamente nuestro rechazo, ya que pone de manifiesto sus tradicionales mala fe y trucos intelectualoides, característicos de las sectas pequeñoburguesas, para atacar al proletariado revolucionario y sus organizaciones.

Para cualquier proletario con algo de conciencia, el internacionalismo es un principio de clase que, según Lenin en el II Congreso de la Internacional Comunista, exige: «…primero, que los intereses de la lucha proletaria en cualquier país estén subordinados a los intereses de esa lucha en escala mundial y, segundo, que una nación que esté logrando la victoria sobre la burguesía debe poder y estar dispuesta a hacer los mayores sacrificios nacionales para el derrocamiento del capital internacional».

Una formulación que recoge la bandera de Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista: ¡Proletarios de todos los países, uníos! Y del Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores escrito por Marx: «La experiencia del pasado nos enseña cómo el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes países y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados».

Por consiguiente, la solidaridad internacionalista contra la agresión de los imperialistas a los pueblos y con los hermanos que luchan contra toda forma de opresión y explotación alrededor del mundo no son propiedad privada de ningún grupúsculo, ni está condicionada al seguidismo ciego o a callar sus limitaciones, errores o desviaciones. Por el contrario, toda la experiencia del movimiento obrero enseña que el verdadero internacionalismo proletario exige, además del apoyo incondicional a quienes combaten contra la reacción, el aprendizaje de sus lecciones positivas y negativas, así como la crítica fraternal a sus errores y limitaciones.

Marx no renegó de los obreros parisinos que se atrevieron a tomar el cielo por asalto en 1871, a pesar de sus advertencias de que el levantamiento era prematuro; por el contrario, una vez los proletarios tomaron la iniciativa hizo los mayores esfuerzos porque la Comuna avanzara lo más posible en la perspectiva revolucionaria, extrayendo de esta experiencia lecciones generales para el movimiento obrero mundial. Lenin no despachó con diatribas reaccionarias a los «izquierdistas» europeos que se negaban a analizar la situación concreta y trataban de hacer de la experiencia de los bolcheviques una receta; con paciencia expuso sus limitaciones y formuló indicaciones para su actuación correcta como consta en «La enfermedad del ‘izquierdismo’ en el Comunismo». Mao no atacó a la Internacional Comunista como enemiga a pesar de los errores en su orientación para China; criticó teórica y prácticamente sus errores dotando al proletariado de los países atrasados de una visión más amplia y multilateral para su actuación revolucionaria.

Para los comunistas existe una línea divisoria entre el enemigo y nosotros y por ello toda la historia del movimiento obrero es la historia de la lucha entre lo correcto y lo erróneo en su seno, como expresión de la lucha entre la burguesía y el proletariado en la sociedad. Mao insistía en la necesidad de diferenciar entre Yenan y Sian, entre el enemigo y nosotros, que corresponde a la orientación planteada desde el Manifiesto del Partido Comunista de apoyar todo movimiento revolucionario contra el orden social existente.

En ese sentido, la solidaridad con el pueblo palestino, contra la agresión sionista-imperialista yanqui, y el apoyo a la resistencia palestina no está sujeta a defender el oscurantismo fundamentalista de Hamas, así como no está sujeta la condena a las agresiones contra Ucrania, Irán, Venezuela y Cuba, al apoyo a sus regímenes también pro-imperialistas.

Asimismo, la solidaridad internacionalista con el Partido Comunista de la India (maoísta) [PCI(m)] y con la Guerra Popular por él dirigida, no es patrimonio de algún partido, organización o grupo. La lucha revolucionaria del pueblo de la India dirigida por el PCI(m) constituye y hace parte de la lucha del proletariado mundial contra el imperialismo y la reacción, y hace parte de la Revolución Proletaria Mundial independiente de las diferencias ideológicas y políticas que puedan existir.

Además de esto, parte inseparable del internacionalismo proletario es tomar como propios los problemas que enfrentan los demás camaradas alrededor del mundo; y tomarlos como propios no se reduce a firmar declaraciones de apoyo o a realizar alguna actividad, sino que exige participar activamente y contribuir en la clarificación de los problemas, en criticar los errores y desarrollar la lucha de líneas. Una crítica oportuna, un argumento científico o una recomendación valen más que mil discursos de alabanza y adulación vacía.

Por consiguiente, pretender utilizar una divergencia alrededor del desarrollo del capitalismo en los países oprimidos, para tildar de revisionista y contrarrevolucionaria a una organización proletaria, no solo es una vil bajeza, sino un favor a la reacción y al imperialismo.

Al pretender convertir el apoyo a la guerra popular en la India y al PCI(m) en propiedad privada, el autor del libelo contra la UOC (mlm) termina adoptando, esa sí, una posición sectaria y en esencia contrarrevolucionaria, como demuestra con su rastrero ataque al Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India (CIAGPI), que durante más de una década ha sido el principal promotor del apoyo internacional a esta gesta revolucionaria. Dice el señor en mención con respecto a la campaña mundial de solidaridad con la Guerra Popular en la India y contra la Operación Kagaar, campaña mundial avalada por el PCI(m):

Esta vez, usurpando el liderazgo del Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India (CIAGPI), reduciéndolo a un pequeño grupo que restringió su expansión a las fuerzas democráticas, progresistas y antiimperialistas y al apoyo masivo mundial a esta avanzada línea de combate de la Revolución Mundial.

¿Quién usurpó el liderazgo del CIAGPI? Fueron los camaradas de Francia (Pierre), de Italia y Galicia los gestores de esta iniciativa y alrededor de ella se sumaron camaradas de otros países, entre ellos la UOC (mlm) en Colombia. Una iniciativa apoyada por el PCI(m) y tal parece que es el señor a quien por su mezquina egolatría le incomoda que sean otros y no él quien haya tomado la iniciativa y dirigido los esfuerzos en apoyo a la guerra popular en la India.

Quien haya seguido de cerca las acciones de solidaridad con la Guerra Popular en la India y contra la Operación Kagaar, particularmente, las acciones de la semana del 23 al 29 de marzo de este año, se dará cuenta que fueron muchas las fuerzas revolucionarias y progresistas que participaron en esta campaña para que alguien pueda atribuírselas como si fuera su «feudo», como pretende el señor en cuestión.

Por otro lado, nuevamente el señor recurre a la calumnia, acusando, rastrero, a la UOC (mlm) de llamar al abandono de la guerra popular. Por el contrario, quien conozca tan siquiera un poco de la historia de esta posición, sabe que desde la época de la revista Contradicción, la UOC ha denunciado siempre los mal llamados «acuerdos de paz» (como las Cartas de paz en Perú después de la detención del camarada Gonzalo e incluso de la falsa paz firmada por las guerrillas en Colombia); ha condenado las traiciones a la revolución como lo hizo con la camarilla de Prachanda en Nepal; ha fustigado a los liquidadores como K. Venú en la India cuando llamó a disolver el Partido; e incluso ha criticado a fondo a los camaradas que han adoptado una actitud centrista frente a estos problemas decisivos de la revolución.

El señor cree haber encontrado un hecho y argumento para condenar a la UOC (mlm) como revisionista y contrarrevolucionaria en el error de plagiar al señor Abhinav Sinha, cometido por un camarada de la Comisión de Lucha Teórica de la organización; error reconocido por nuestro Comité de Dirección como falta de vigilancia revolucionaria, pues plagiar no es admisible en el movimiento obrero, pero además alegó que nuestra organización no necesitaba pedir prestados los argumentos del señor Abhinav Sinha por cuanto la discusión sobre si el capitalismo imperialista destruye las relaciones feudales en los países oprimidos tiene una larga historia en Colombia y en el Movimiento Comunista Internacional desde los años 60 del siglo pasado y en la cual hemos terciado.

Para el caso del señor Abhinav Sinha, no sabemos si sea un «un importante contrarrevolucionario» como pontifica el señor de Brasil; lo que sí puede saberse por sus escritos es que es un intelectual que también se dice marxista-leninista-maoísta, que polemiza con los defensores de la semifeudalidad en la India, incluidos los camaradas del Partido Comunista de la India (maoísta).

Sobre si el desarrollo desigual del capitalismo lleva implícita la destrucción de las relaciones precapitalistas y cómo se ha llevado a cabo en los países oprimidos, se trata una discusión legítima en el seno de los marxistas leninistas maoístas, sobre el análisis marxista de las relaciones económico-sociales de la realidad concreta, y no a base de recitar frases, como es costumbre de los dogmáticos.

La existencia de relaciones capitalistas, particularmente en el campo, en la mayoría de los países oprimidos es una realidad concreta, una verdad objetiva. Incluso en la India, donde aún la población mayoritaria habita en el campo, se han impuesto las relaciones de trabajo asalariado en muchas de las regiones donde antaño dominaban las relaciones semifeudales. Esta es una ley del desarrollo desigual del capitalismo que no debería extrañar a ningún marxista, pero que los dogmáticos se niegan a reconocer.

Ahora bien, el que algún intelectual, incluso si se tratara de un burgués reaccionario, admitiera esta verdad objetiva no debería ser motivo de la alharaca que el señor de Brasil levanta. Marx, Lenin, Stalin y Mao no dudaron en reconocer en autores burgueses los descubrimientos que hicieron e incluso acogieron con gusto sus conclusiones correctas para desarrollarlas. La teoría económica de Marx, el reconocimiento de la lucha de clases como motor de la historia, la evolución de la familia, la teoría del imperialismo, entre otras tantas verdades, tienen sus antecesores en intelectuales de la burguesía; incluso los Tres Principios del Pueblo, acogidos por el Partido Comunista de China como el Programa del Frente Revolucionario fueron formulados por Sun Yat-Sen.

El señor de Brasil cree que con los insultos puede invalidar o demeritar los resultados de la ciencia, y por ello trata de asustar a los compañeros poco formados, nuevamente volviendo a pontificar, demostrando por enésima vez su mala fe, pero además su supina ignorancia:

Este es el legado del que se enorgullecen; afirman que las relaciones capitalistas ya se imponían en el campo colombiano desde mediados de la década de 1960. Pero es completamente falso que este legado esté relacionado con la fundación del Partido Comunista de Colombia (PCC). El PCC-ML estaba encabezado por Pedro Vásquez Rendón, defensor del Pensamiento de Mao Zedong, como se denominaba entonces al maoísmo. Rendón participó y lideró la guerrilla en el sur de Tolima, una región campesina con una fuerte tradición revolucionaria en Colombia.

Pero dejemos que sean los propios camaradas, especialmente Pedro Vásquez Rendón, quienes refuten las afirmaciones del señor en cuestión. En sus documentos preparatorios del Congreso del Partido de 1965 frente a la sociedad colombiana y el programa de la revolución, decían:

Colombia es un país capitalista, entrelazado en lo fundamental con remanentes feudales, dependiente del imperialismo norteamericano que deforma y entorpece su desarrollo.

Es un país capitalista porque sus relaciones de producción predominantes son las del capitalismo y muestran una clara tendencia a su acrecentamiento, en tanto que las formas feudales de producción retroceden. En cuanto a su dependencia evidente del imperialismo norteamericano, es la causa fundamental de su desarrollo insuficiente y deformado. Esta dependencia no es abierta y franca, como ocurre con en las colonias en el sentido estricto, sino solapada, pues opera a través del intercambio económico impuesto en último análisis por las circunstancias de la historia mundial del capitalismo en las cuales Colombia se encontró enmarcada desde el comienzo de su historia como nación, particularmente cuando la burguesía incipiente logró cierta acumulación de capitales procedentes de actividades primordialmente mercantiles.

… En Colombia existen típicos representantes de los restos feudales, pero no constituyen una clase en desarrollo sino en retroceso, íntimamente entroncada con la burguesía proimperialista y enemiga, como el imperialismo, del desarrollo colombiano. (Ver Documentos 1, Partido Comunista de Colombia M.L., Editorial 8 de junio, págs. 107-108 y 116).

Refiriéndose a los terratenientes y «latifundistas» que los dogmáticos de la época calificaban de señores feudales, decían los camaradas que se trataba de un fenómeno especial, donde la violencia reaccionaria militar y paramilitar había sido el instrumento a través del cual los grandes terratenientes y capitalistas se habían apoderado de las mejores tierras desplazando a los campesinos; un fenómeno que ha marcado la historia del país y aún persiste:

Hablar de «latifundistas» en abstracto y verlos como simples señores feudales del pasado europeo, olvidándose de que se trata de verdaderos capitalistas modernos, en gran parte, es una muestra de desviar el filo de la revolución de la burguesía proimperialista que ha desarrollado la violencia antipopular con fines aviesos.

… La conjunción de intereses del latifundismo y la gran burguesía constituye un aspecto fundamental de la apreciación de la realidad nacional, pues explica el carácter reaccionario y agresivo de las clases dominantes, demostrado a lo largo del proceso de la violencia de las últimas décadas y determina –tiene que determinar– cambios básicos en la estrategia revolucionaria.

Estamos ante unos restos del feudalismo, pero ante todo, frente a una burguesía enfeudada que ha llegado a ser el peor enemigo interno de nuestro pueblo.

… La lucha contra la gran burguesía proimperialista es, pues, la misma lucha contra el latifundismo, ya que en Colombia latifundio y gran capital, cuando no se identifican, se refuerzan mutuamente… (Ibid, págs. 117, 118 y 119).

Refiriéndose a la burguesía colombiana los camaradas decían acerca de su carácter proimperialista:

La burguesía por su parte debe seguir clamando por la vinculación de capital extranjero al país, y con ello acentúa su carácter realmente antinacional. Empeña la soberanía de su estado, puesto que, sin posibilidades de desarrollo en el sentido productivo, solo puede sostenerse entregándose más y más en brazos del imperialismo.

Cada vez depende en mayor medida de los explotadores internacionales, aunque conserva las riendas del patrón en el interior con un estado bien organizado para exprimirle al pueblo las ganancias que la enriquecen y el tributo que paga a sus amos.

Enfrentada a nuestro pueblo como clase explotadora, la gran burguesía colombiana viene a ser socia menor del imperialismo norteamericano, en esta común empresa de ganancias.

Ella pierde con el imperialismo, sólo relativamente, pues tan sólo con ayuda de éste puede ganar sobre nuestro pueblo.

De modo que la revolución patriótica, popular, antiimperialista será también una revolución contra la burguesía proimperialista, sus agentes y aliados. Frente a dicha revolución, la suerte de la burguesía desnacionalizadora y antinacional, será la misma del imperialismo. (Ibid, pág. 121).

Como se ve, los camaradas de la época no se dedicaban a recitar frases vacías sino que utilizaban el marxismo-leninismo-maoísmo para fruncir el entrecejo al examinar la realidad y dilucidar de allí las formulaciones programáticas, estratégicas y tácticas.

Atendiendo a esa realidad, el Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista) se propuso desarrollar la estrategia de la Guerra Popular Prolongada, pero de acuerdo a las características de sociedad colombiana. El II Pleno del Comité Central realizado en octubre de 1966 dedicó una parte importante de sus esfuerzos a clarificar el problema de la guerra popular en Colombia, considerando incluso los distintos destacamentos armados revolucionarios de la época decía:

Desde luego que, tanto el ELN como los guerrilleros de Marquetalia, Riochiquito, Pato y Guayabero, son objetivamente revolucionarios, y en el plano subjetivo combaten con las armas en la mano a la reacción y al imperialismo. Ambos tienen enormes posibilidades de desarrollo, si corrigen sus defectos más pronunciados. Para el ELN se le abren magníficas perspectivas si supera el menosprecio por la teoría y por el Partido de vanguardia, participando conscientemente en el Frente Patriótico de Liberación. En cuanto a los otros destacamentos guerrilleros, la única posibilidad de progreso está en repudiar la dirección traidora de la camarilla Vierista y participar en el gran torrente revolucionario que conlleva a la formación del Frente Patriótico de Liberación Nacional, según lo señaló nuestro X Congreso.

… Nuestro partido, y gran parte del pueblo también, conoce y ha encontrado falla la experiencia de querer hacer la guerra a partir de uno o de más frentes armados («foco») colocados más o menos a espaldas de las masas. Para nosotros se trata de extender la guerra popular partiendo de varias zonas guerrilleras, profundamente enraizadas en la masa de cada región. Además, sabemos que la concentración de fuerzas revolucionarias en un solo sitio provoca como respuesta la acumulación de fuerzas enemigas en el mismo sector, despojándonos de la superioridad táctica, adquirida inicialmente. Se impone, entonces, el desarrollo, más o menos simultáneo, de la lucha en diversas zonas, que disperse los efectivos del enemigo. A nadie se le escapa que esto está sucediendo hoy por hoy en el país y que es una garantía para el progresivo ensanchamiento de la guerra popular. (Ibid, págs. 285 y 296, negrillas del original).

En marzo de 1968, Pedro Vásquez Rendón, en la polémica con los abogados de la semifeudalidad y de la «burguesía nacional», en el III Pleno del Comité Central del Partido, decía:

Nuestro Partido ha asimilado de manera viva… [la] extraordinaria y rica experiencia de la lucha de las masas populares, se ha unido con ellas e interpretando sus intereses, trazó en el X Congreso la caracterización de la sociedad colombiana, con base en la etapa histórica de su actual desarrollo económico, político, social y cultural; delimitó las clases sociales que toman parte en la vida nacional, fijando el papel que han ocupado cada una de ellas hasta el presente y el que les tocará jugar en el destino histórico de la nación; señaló la lucha armada como la forma principal para resolver todos los problemas de la nación y del pueblo colombiano; concluyó que «Colombia es un país con relaciones de producción predominantemente capitalistas, entrelazadas en lo fundamental con remanentes feudales, dependiente del imperialismo norteamericano que deforma y entorpece su desarrollo» y que, en consecuencia, solo mediante la Revolución Patriótica, Popular y Antiimperialista en marcha al Socialismo es posible liberar a la nación y al pueblo de la opresión y explotación.

Estas formulaciones son producto de un análisis concreto de la realidad concreta del país y del pueblo colombiano y para lograrlas se han utilizado los puntos de vista y las verdades universales del marxismo-leninismo. Ellas constituyen la columna vertebral del cuerpo teórico político que nuestro Partido ha sometido a la sanción de las amplias masas populares para su comprobación y rectificación ulteriores. (Documentos 2, Partido Comunista de Colombia M.L. Editorial 8 de junio, págs. 279-280)

Refutando a los abogados de una supuesta burguesía nacional, decía:

Nuestro Partido ha señalado desde el X Congreso, y esto ha sido confirmado en la práctica, que la burguesía es una clase enemiga de la revolución, dadas sus características de socia obligada e incondicional del imperialismo norteamericano. En Colombia esta clase ejerce el poder político en alianza con los sectores latifundistas y sirve intereses antinacionales, ya que sirve al imperialismo norteamericano. (Ibid. Pág. 283).

… Debe quedar muy claro que en Colombia en la clase denominada por nuestro Partido como burguesía, lo mismo que entre los latifundistas, no existe ningún sector progresista, ni mucho menos nacionalista en este momento. Así lo ha determinado nuestro Partido como fruto del estudio, de la investigación y del análisis en muchos años. Esta formulación del X Congreso ha sido y está siendo sometida a dura prueba en la práctica diaria.

De aparecer un sector burgués progresista dentro del proceso que vivimos en el futuro, solo la práctica podrá determinarlo, y para esa oportunidad, no será nuestro Partido quien lo desconozca, pues la nuestra es una organización marxista, cuya mayor preocupación es la de que sus formulaciones teóricas correspondan exactamente a la realidad concreta. (Ibid. 285-286).

Igualmente, argumentaba que en Colombia existía el mercado interno, y su economía se encontraba inmersa en el mercado mundial; además que el salario, «forma típica de las relaciones capitalistas de producción», se había impuesto en el campo, con ser que es allí donde existen con mayor «agresividad las relaciones feudales»:

En el campo, donde es más notorio el retraso del desarrollo capitalista, ya están presentes las máquinas y ciertas técnicas modernas de cría y de cultivo, así como sistemas financieros desarrollados. Así lo denuncian las explotaciones de café, las industrias del azúcar y la panela, las plantaciones algodoneras, bananeras, arroceras, de cereales, de oleaginosas, las industrias de aceites vegetales, etc. Es más, la pequeña producción campesina incluye algunos gérmenes de capitalismo que se manifiesta en el alto grado de mercantilización de las pequeñas fincas en vastas regiones; hemos constatado que la producción de los campesinos medios hacia arriba se realiza en gran parte mediante el trabajo asalariado y en forma considerable para el mercado.

… Sí camaradas, Colombia es un país con relaciones predominantemente capitalistas en su economía. Esto es rigurosamente cierto. Están plenamente equivocados quienes desconocen esa realidad, abogan por una revolución burguesa clásica, tratando de enmascarar sus propósitos con el pretexto de una burguesía progresista.

Pero nuestro partido no solo afirma el carácter predominantemente capitalista de las relaciones de producción sino que nuestra economía es ‘dependiente del imperialismo norteamericano que deforma y entorpece su desarrollo’. Los abogados de la revolución burguesa de viejo tipo olvidan esta parte de nuestras formulaciones, olvidan que esta situación determina nuestra condición de país semicolonial, olvidan el hecho histórico de la Revolución Proletaria de Octubre, olvidan la existencia del campo socialista. No ven ni quieren ver el carácter antiimperialista y de liberación nacional de nuestra revolución, que inhabilita a la burguesía gobernante aliada y subsidiaria del imperialismo, asociada con los latifundistas para participar en el proceso al lado del pueblo o para dirigirlo, y que al mismo tempo determinan la condición de ser nuestra revolución parte de la revolución proletaria mundial. (Idem, págs. 291- 292).

Y de la misma forma en que polemizaba con la posición de derecha que fue expulsada del partido en 1968, también Pedro Vázquez Rendón se batía contra las ideas «izquierdistas» de quienes sostenían la tesis de la revolución socialista inmediata:

a) El régimen de propiedad de la tierra que señala a unos 8.000 terratenientes (latifundistas y burgueses) como dueños del 50 por ciento de las tierras laborables del país…

b) La existencia de cerca de un cuarto de millón de familias campesinas que aún viven en condiciones muy próximas a la servidumbre y explotan tierras de terratenientes teniendo que pagar el arriendo de la tierra en dinero, en productos y aún en servicio personal.

c) La presencia generalizada de medios de producción rudimentarios.

d) La subsistencia de numerosos artesanos atados todavía al modo de producción feudal.

e) La subsistencia de numerosos instituciones legales, ideológicas, culturales, religiosas que son pervivencia de una superestructura feudal.

Quienes plantean la tesis de la revolución socialista, no han querido tomarse el trabajo de investigar nuestra realidad nacional. (Idem, págs. 293-294).

Así hablaba el gran Pedro Vásquez Rendón y de esta forma ratificaba la línea aprobada en el Congreso, según la cual el carácter de la revolución en Colombia era Patriótica, Popular, Antiimperialista, en marcha al Socialismo; una forma de la Revolución de Nueva Democracia según lo planteado por Mao Tse-tung, pero no igual a la revolución en China. Tal era el talante de los marxistas de la época, enemigos a muerte de las formulaciones seguidistas religiosas.

En este histórico documento, Pedro Vásquez decía a propósito de la investigación:

Con suficiente razón afirma el camarada Mao: «El que no estudia y no investiga no tiene derecho a hablar». Es decir, el que no estudia e investiga las condiciones concretas de la realidad concreta, no cuenta con los elementos que el rigor científico exige para el análisis serio y, en consecuencia, no puede emitir un juicio serio. Lo demás es charlatanería propia de necios o de gente deshonesta que nada tiene que ver con el marxismo-leninismo ni con los sagrados intereses del proletariado y del pueblo en general. (Idem. Pág. 278).

Unas palabras que debería recordar el sabelotodo de Brasil, que olímpicamente desconoce esta historia de la lucha programática en Colombia y sobre la cual se atreve a pontificar. En Colombia desde mediados de los años sesenta cuando se reestructura el Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista), ya era claro para los comunistas el predominio de las relaciones capitalistas, y los camaradas de la época encontraron una formulación especial para señalar que esta no era una revolución como la que se presentó en China, aunque seguía siendo necesario barrer los remanente feudales existentes.

Por consiguiente, la Estrategia de la Guerra Popular Prolongada también tuvo unas formulaciones particulares especiales, como se citó arriba al referirse al ELN y las FARC, a lo cual se agrega el plan de establecer 5 zonas de operaciones con la misma idea de dispersar las fuerzas del enemigo y no perder la ventaja táctica, mientras se establecían las bases de apoyo o zonas liberadas, dada la superioridad inicial del enemigo, lo cual obligaba a adoptar la forma guerrillera de lucha, que no podía ir separada de la lucha revolucionaria de las masas: «Las masas movilizadas son el principal punto de apoyo, la fuerza fundamental, el arma superior».

Al examinar las características de la población colombiana y su concentración mayoritaria en las ciudades, el II Pleno del Comité Central del Partido deja claro que:

Más de la mitad de la población, el 53% vive en concentraciones de más 1.500 habitantes.

… Las estadísticas de los últimos decenios muestra un éxodo vertiginoso del campo hacia la ciudad y actualmente continúa en forma irresistible –y sin que nada haga prever que disminuya– la tendencia al crecimiento urbano a expensas de la población rural.

… Empero, el Pleno consideró que esto no destruye el concepto de que la lucha será en lo fundamental en el campo en sus primeras dos fases, sino que nos obliga a pensar en cómo vincular a la guerra del pueblo desde el principio a vastos sectores de la población urbana. Nos obliga a prever que, en condiciones como las nuestras, la guerra del pueblo desplazará su centro principal a las ciudades en un término más corto del que requeriría en un país con una mayoría de población campesina. (Documentos 1, Partido Comunista de Colombia M.L., Editorial 8 de junio, págs. 259-260).

Con esta orientación se avanzó en la formación de destacamentos en varias regiones y se organizó el levantamiento campesino en la región del noroeste del Alto Sinú y del Río San Jorge, donde se estableció la primera Junta Patriótica; un ensayo de construcción del nuevo poder que contaba con la fuerza de las masas organizadas en la Junta, con un gobierno democrático propio respaldado por el Ejército Popular de Liberación y de las milicias. Epopeya que resistió dos campañas de cerco y aniquilamiento pero que finalmente fue derrotada por las fuerzas de la reacción apoyadas por los imperialistas yanquis.

Los esfuerzos fallidos en cuanto a desplegar una verdadera guerra popular y construir bases de apoyo condujo a la muerte de la mayoría del Comité Central, al aislamiento del Partido con respecto a la clase obrera y a una crisis de la cual no se recuperó, culminando con su fraccionamiento y su desnaturalización como destacamento de vanguardia del proletariado.

¿Dónde quedó la basura malintencionada del pontífice de Brasil según la cual: «es completamente falso que este legado [el de la UOC (mlm)] esté relacionado con la fundación del Partido Comunista de Colombia (PCC)»?

Y a propósito de los destacamentos vinculados al narcotráfico, de los cuales el señor alega siguen siendo expresión de la lucha campesina por la tierra, los hechos crueles de la guerra contra el pueblo hablan y bastante duro. Ya en el año 1973 el V Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista) se vio obligado a señalar a las FARC como contrarrevolucionaria, en una histórica Resolución la cual transcribimos completa para que el lector juzgue por sí mismo:

CONCLUSIÓN DEL V PLENO DEL CC QUE DEBE HACERSE CONOCER A NIVEL DE MASAS SOBRE LAS FARC

El V Pleno del CC del P. C. de C. (m-l) estableciendo una vez más la verdadera naturaleza de clase reaccionaria de los revisionistas criollos, su siniestro papel jugado en las luchas del pueblo y, en particular, en el movimiento armado colombiano, al cual ha querido infiltrar y manejar para sus fines de traicionar a la revolución, estima necesario denunciar:

1. Que las FARC son una organización contrarrevolucionaria al servicio directo de los revisionistas y de la oligarquía de Colombia, que están totalmente controladas por el revisionismo desde los mandos inferiores hacia arriba y regidos por unos estatutos que obligan a la base a no disentir de la política traidora de los revisionistas. Según estos Estatutos todos «los mandos son militantes distinguidos» del revisionismo.

2. Que las FARC son un instrumento armado para la realización de un plan del revisionismo criollo en total acuerdo con los planes políticos y militares de la oligarquía y del imperialismo yanqui contra el movimiento revolucionario del noroeste colombiano. Pues tanto para la oligarquía y el imperialismo norteamericano como para el revisionismo criollo este movimiento es un gran obstáculo para sus pretensiones de impedir la revolución.

Por estas claras razones el V Pleno consideró que no se puede establecer y mantener relaciones a nivel de organización con las FARC, y resuelve:

– Denunciar públicamente a las FARC y sus actividades como contrarrevolucionarias, y llamar la atención sobre la diferencia existente entre su dirección revisionista y los elementos honestos, pero engañados que hay en la base de la organización.

– Fortalecer al Partido, al EPL y a las masas desde el punto de vista ideológico y político para enfrentar el revisionismo y en especial, las actividades que éste desarrolla a través de las Farc.

– Dar instrucciones especiales a los regionales para enfrentar esta situación.

– Desplegar un intenso plan de propaganda por parte de todo el Partido.

– Encargar al periódico EPL de desarrollar una activa campaña de esclarecimiento y denuncia de las actividades de las FARC, tanto en el interior y en la periferia de esta región como en el resto del país.

– Impedir la infiltración de la región por parte de las FARC y encargar al EPL del cumplimiento de esta disposición.

– Establecer y denunciar las maniobras contrarrevolucionarias que hayan realizado o estén realizando las FARC contra otros movimientos revolucionarios.

Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista)

V Pleno del Comité Central

Julio 11 – agosto 4, 1973 – Desde las Montañas (Documentos 3, Partido Comunista de Colombia M.L., Editorial 8 de junio, págs. 310-311).

Esto estaba así de claro para los comunistas en Colombia desde 1973, pero los crímenes de los jefes de las FARC no se quedaron allí: existe también una historia de sus vínculos con las clases dominantes, y particularmente con el narcotráfico, que solo los ilusos se niegan a aceptar, y en el caso del señor en cuestión llega al colmo de tratar a los comunistas de contrarrevolucionarios y portavoces de los imperialistas por decir la verdad como es su obligación.

Es un hecho histórico irrefutable que a principios de los años 70 las FARC perseguían y trataban como criminales a los campesinos que sembraban marihuana por considerarla una práctica contrarrevolucionaria, mientras que cobraban «impuesto» a los grandes productores, al igual que lo hacían con los ganaderos y otros capitalistas; oponiéndose en numerosas ocasiones a la lucha de las masas campesinas por la tierra, llegando incluso al asesinato de sus dirigentes. Esta tendencia a la alianza con los enemigos se acentuó a finales de los años setenta convirtiéndose en protectoras e intermediarias entre los campesinos y los compradores de hoja y pasta base.

También es un hecho histórico irrefutable que, a propuesta de Rodrigo Londoño, alias «Timochenco», la VII Conferencia de las FARC realizada en mayo de 1982 aprobó cobrar «impuesto» a todos los actores de la cadena del narcotráfico, desde el cultivo, los laboratorios de procesamiento, el uso de pistas de aterrizaje y otros medios de transporte para el ingreso de insumos y salida de producción final, etc. La excusa fue que a partir de ese momento esa guerrilla se convertiría en un verdadero ejército regular (por eso le agregó a la sigla Ejército del Pueblo – EP) que se disponía a «expandir la guerra hacia la toma del poder».

Posteriormente, durante los años 90 y 2000, después de la VIII Conferencia, las FARC asumieron el control territorial directo de las zonas de cultivo, pasando de cobrar «impuesto» a administrar directamente tanto la siembra, la transformación de la hoja de coca y el transporte del clorhidrato de cocaína hacia las fronteras y las zonas costeras.

Participaron directamente en la siembra, procesamiento y exportación en los Llanos Orientales, donde tenían el proceso completo, desde la producción hasta la entrega directa a narcotraficantes extranjeros en sus propias pistas y campamentos; siguieron cobrando «impuesto» por cada gramo de pasta base comercializado en las zonas donde tenían presencia, brindando protección armada a los cultivos, laboratorios y rutas de escape y tránsito de la droga; además, establecieron alianzas con los cárteles internacionales, particularmente, con los mexicanos.

Esta es una verdad histórica, tanto que incluso en las negociaciones de la falsa paz en La Habana los jefes de las FARC así lo reconocieron. El pontífice de Brasil oculta estos hechos, incluido el sonado caso en que Tomás Medina Caracas alias «Negro Acacio», uno de los miembros de la cúpula de las FARC, escapó de un bombardeo a su campamento en donde fue detenido el narcotraficante brasilero Luiz Fernando da Costa, alias «Fernandinho Beira-Mar», en medio de un intercambio de un cargamento de cocaína por armas en el 2001.

Las ahora llamadas disidencias de las FARC no cambiaron absolutamente nada, excepto que ya ni siquiera combaten a las fuerzas militares. Están dedicadas a la lucha por el control de los territorios donde se encuentran los cultivos de hoja de coca y las rutas de exportación de cocaína en el país. A lo cual se agrega la incursión en la minería, principalmente del oro.

En cuanto al ELN, si bien conserva algunos aspectos revolucionarios de sus fundadores y en general mantiene trabajo entre las masas, tanto rurales como urbanas, no escapa al cobro de «impuesto» a las compañías imperialistas y grandes capitalistas a cambio de la «paz» en los territorios donde tiene presencia; a la vez que algunos de sus frentes también han incursionado en el narcotráfico y la minería, y la lucha armada por la renta que generan estos negocios.

Todos estos son hechos confirmados, negarlos, como lo hace el señor de Brasil, no tiene presentación; ¿dónde quedó la lucha campesina por la tierra? En la mente de alguien que posa de sabelotodo y se atreve a pontificar sobre problemas que ignora u oculta deliberadamente.

Este señor, si realmente pensara en los campesinos, debería prestarle atención a las frecuentes denuncias de los compañeros indígenas y campesinos desde los territorios, algunas de ellas publicadas en el portal Revolución Obrera[1], donde ponen al descubierto las prácticas reaccionarias de sus defendidos. Hechos que cualquiera con dos dedos de frente y con tan solo un poco de conciencia social debe repudiar, y no porque lo digan los imperialistas y las clases reaccionarias.

Con lo dicho basta para refutar las “genialidades” del señor de Brasil y ratificar la justeza de la posición de la Unión Obrera Comunista (mlm) que, siguiendo la tradición marxista revolucionaria de la que es heredera, se ha batido por defender la ciencia de la revolución proletaria, a pesar de y en contra de quienes pretender convertirla en una cartilla de dogmas de fe.

Así, con semejantes “argumentos” y calumnias, un personaje que posa de sabelotodo e internacionalista, muestra su miserable concepción idealista subjetiva del mundo, su método metafísico de pensar y su punto de vista pequeñoburgués, sectario. Los esfuerzos de este pontífice de Brasil en su pretensión de enlodar a quienes apoyan sin reservas la revolución en la India, tratándolos de contrarrevolucionarios, solo deja al descubierto el falso internacionalismo de la pequeña burguesía que, en su afán sectario de dividir el campo revolucionario, le hace ahí sí un gran favor al imperialismo y la reacción mundial, en momentos en que el Partido Comunista de la India (maoísta), el Ejército Guerrillero Popular de Liberación, la Guerra Popular y el pueblo de la India, le exigen al proletariado y los pueblos del mundo la más amplia unidad y la más firme solidaridad internacionalista para aislar a sus enemigos imperialistas, burgueses y terratenientes.

Finalmente, esperamos en próximas semanas dar cuenta a la diatriba que el mismo señor tituló: La Revolución de Nueva Democracia es la fuerza principal de la Revolución Proletaria Mundial.

Comisión de investigación y lucha teórica

Unión Obrera Comunista (mlm)

Agosto 2026


[1]      Ver:

De nuevo el terror del narcotráfico en el suroccidente colombiano

Las disidencias quieren controlar al movimiento social y político por medio de la fuerza

La verdad sobre la guerra por el territorio en el Cauca

No más terrorismo contra el pueblo

El Ejército Nacional ataca a campesinos e indígenas para defender a Smurfit Kappa

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