De nuevo el terror del narcotráfico en el suroccidente colombiano

De nuevo el terror del narcotráfico en el suroccidente colombiano 1

De nuevo, el terror militarista del narcotráfico en el Cauca y el Putumayo impactó de una forma criminal e indiscriminada a la población civil en el sitio del túnel, ubicado entre los municipios de Cajibío y Totoró, donde las disidencias de las Farc colocaron una bomba de alto poder, provocando el asesinato de 19 personas e hiriendo a 40 más en la carretera Panamericana, muy cerca de la población de Piendamó. La bomba impactó a una chiva llena de pasajeros campesinos que salían del municipio de Cajibío hacia la plaza de mercado de Piendamó; su impacto produjo, además, un gran cráter en la carretera, levantando el pavimento.

Las disidencias también desarrollaron acciones contra el pueblo en el municipio de Patía, Cauca, y en Putumayo, donde se registraron varios muertos. En todas estas acciones, las víctimas fueron de la población civil rural y urbana desarmada.

Estas acciones de terror militar son desarrolladas con el viejo método del narcotraficante Pablo Escobar, que buscaba con esta práctica producir terror, amedrantamiento, humillación, dominación y miedo en el pueblo desarmado.

Las acciones terroristas de esta naturaleza reflejan el grado de descomposición ideológica, política y militar de las disidencias de las Farc, que con acciones demenciales y criminales terminan asesinando al pueblo con el supuesto de cobrar venganza por las acciones que las fuerzas armadas oficiales han venido realizando, como en el Guaviare, donde el Estado destruyó uno de los campamentos más desarrollados de Mordisco, incautando 39 mil millones de pesos, 12 millones de dólares y documentos con información sobre sus redes y empresas de fachada para lavar dinero del narcotráfico. Un golpe contundente a nivel económico, político y militar que ocasionó su reacción contra la población civil desarmada.

Las disidencias de las Farc se presentan como una fuerza armada muy fuerte por la naturaleza y la demencia de sus crímenes; pero, en la realidad, es una fuerza que aniquila al pueblo desarmado, produciendo miedo, terror y zozobra; características que no son las de una organización fuerte ideológica, política y militarmente. Por el contrario, sus acciones demuestran  una profunda descomposición en su interior que se ensaña contra el pueblo desarmado cuando el Estado la ataca, respondiendo de forma cobarde contra las comunidades que no tienen nada que ver con su venganza.

Sus acciones muestran también el desespero frente a los golpes recibidos, haciendo más evidente su propio aislamiento y descomposición interna, con lo cual está cavando su propia sepultura y exterminio, así demuestren ahora un falso poder.

Todo el accionar atroz contra el pueblo por parte de las disidencias de las Farc deja clara su posición como una fuerza al servicio del narcotráfico y de los capos de la droga; confirma las denuncias sobre su naturaleza como fuerza armada para el control territorial del narcotráfico, financiada y dirigida por los carteles nacionales e internacionales.

Es una fuerza que, entre más terror le imprima a sus acciones, más desprestigiada quedará frente al pueblo, quien la va identificando como lo que realmente es: una banda al servicio del narcotráfico y no del pueblo, una banda criminal delincuencial ajena a cualquier ideario revolucionario.

Hay que tener claro que el narcotráfico es una industria en manos de los monopolios imperialistas que, en muchas regiones del mundo es utilizada por enemigos para descomponer a los pueblos y movimientos revolucionarios por dentro, facilitando así el propósito de controlar los territorios que el imperialismo pretende, colocando al narcotráfico como una fuerza para dominar a los pueblos y saquear los recursos naturales.

Hoy el imperialismo se presenta como la fuerza que está en contra del narcotráfico o lo utiliza como estrategia de invasión con el pretexto de salvar a los pueblos, como hicieron en Venezuela, que, a nombre de controlar el narcotráfico, lo sometieron bajo el tutelaje del Tesoro de Estados Unidos, dejando una presidenta que hace lo que Trump le ordene. A los imperialistas de Estados Unidos no les importa el control del narcotráfico; lo que les importa son los recursos naturales de los pueblos del mundo.

Por todas estas razones, la lucha contra el imperialismo no se puede desarrollar en el mundo sin una lucha sin cuartel contra el narcotráfico como fuerza aliada del imperialismo que está en contra de todos los pueblos del mundo.

La lucha antiimperialista no se concibe sin una lucha a fondo contra el capitalismo internacional y nacional, que es la fuerza creadora de toda la descomposición que vive el sistema, incluyendo al narcotráfico como fuerza de reserva económica del capitalismo para paliar sus crisis. Las fuerzas del narcotráfico sirven a las fuerzas del gran capital internacional para solventar la crisis que vive el capitalismo.

Quien quiera desarrollar la lucha antiimperialista sin tocar al narcotráfico está totalmente desenfocado, contribuyendo al imperialismo, que es el principal enemigo de los pueblos del mundo.

En Colombia, a pesar de los crímenes que viene cometiendo el narcotráfico a través de las disidencias de las Farc, hay organizaciones políticas que no quieren reconocer esta realidad, encubriendo estos enemigos y contribuyendo a fortalecer fuerzas políticas o militares que están en contra del pueblo, de la revolución y de la verdadera liberación.

La construcción de una nueva sociedad no se podrá desarrollar sin una lucha a fondo contra la descomposición política, ideológica y militar que engendra el narcotráfico como muestra de la putrefacción del capitalismo. Nada tienen en común con el cambio las fuerzas corruptas y delincuenciales donde el símbolo pesos está por encima de la sociedad, de las comunidades y del pueblo.

La experiencia en Colombia de todas estas bandas delincuenciales, como fueron los carteles del narcotráfico —unos más sanguinarios que otros, unos con más poder económico y militar que otros—, tuvo como denominador común la utilización del terror como herramienta de dominación, sometimiento, control, opresión y miedo. Pero, así mismo, entre más utilizaron la violencia y el terrorismo militar, más se fueron debilitando en su interior, desmoronándose por dentro. La experiencia demostró que, por más recursos que tuvieran para invertir en su guerra injusta, no fueron capaces de mantenerse, precisamente porque sus propias crisis y guerras por el control contribuyeron a su derrota y desaparición.

No pasa de ser cínica la justificación de las disidencias de las Farc cuando plantean que los asesinatos de las 19 personas y los 40 heridos en el túnel en el Cauca y los asesinados en Putumayo son «daños colaterales», no premeditados. Una declaración que, además de cínica, no deja dudas en cuanto a la descomposición y demencia de sus jefes, para quienes asesinar se ha vuelto algo normal.

Teniendo en cuenta esta realidad, el poder de Mordisco y de todas las disidencias de las Farc no es eterno y pronto serán víctimas de sus propias contradicciones, guerras, crisis y de su profunda descomposición.

Con motivo de los ataques denunciados, es importante destacar el llamado del Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC a movilizarse contra estos, siendo esta una decisión correcta, porque al terrorismo del narcotráfico la única forma de derrotarlo es con la movilización y fuerza organizada de los pueblos, para aislar y poner a los terroristas en su lugar, dejando en claro lo que son: una banda del narcotráfico que está en contra de la vida del pueblo desarmado.

Rodrigo Alarcón

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