
Siempre es importante y necesario recordarnos que el internacionalismo proletario es la mayor expresión de solidaridad mundial entre el proletariado, por lo que caben allí todas las manifestaciones activas de apoyo: con logística o cadena de suministros, propaganda revolucionaria, movilizaciones y acciones de masas, de apoyos en brigadas internacionales de combatientes y luchadores y, por supuesto, del apoyo material para las finanzas de la revolución. Esta solidaridad no es algo coyuntural o de un momento determinado, sino que se establece como un proceso constante y continuo de acumulación y consolidación de fuerzas revolucionarias en todo el planeta.
Es por esto que la juventud obrera y revolucionaria, aun sabiendo y comprendiendo que tiene reivindicaciones y problemas propios de su generación como la imposibilidad real de acceder a vivienda, el desempleo y las regresivas condiciones laborales, está llamada a continuar sumando esfuerzos alrededor de la preparación y organización de las luchas revolucionarias no solo entre los jóvenes, sino como parte de todo el conjunto de los trabajadores del campo y la ciudad a nivel nacional e internacional.
Los jóvenes, asiáticos, europeos, africanos e incluso aquellos de los países imperialistas tienen claras diferencias culturales y lingüísticas, pero los une aquello que no tiene fronteras: la condición de clase y el lenguaje de la revolución. Un joven colombiano y un joven europeo no son muy diferentes a la luz de la lucha de clases, en tanto ellos y las familias de ambos son obreras y como tal, deben vender su fuerza de trabajo y sobrevivir a este sistema explotador, pero claramente las responsabilidades y tareas políticas de cada uno difieren de acuerdo a su país de origen.
El joven proletario de los países europeos, principalmente del lado occidental y aquellos de los países imperialistas y blanqueados por los medios de comunicación de la burguesía, (como Estados Unidos, Australia, etc.) está obligado a luchar constantemente en conjunto con su clase contra la participación de su país en la guerra imperialista, mientras que el joven proletario del resto de Europa, como el del resto del mundo, debe resistir a las inclemencias del imperialismo y organizarse en consecuencia para combatirlo y derrotarlo. Esto no es una cuestión meramente geográfica o declarativa, sino parte integral del internacionalismo proletario, pues la juventud, igual que la clase obrera, no puede ni debe luchar sola en determinado país o territorio.
Ante los preparativos de guerra imperialista liderados por las potencias con varios frentes en todos los continentes, preparar la lucha revolucionaria de las masas proletarias no es una opción, sino una necesidad práctica a la que nos empuja la situación actual de crisis que atraviesa el capitalismo imperialista en su búsqueda exacerbada por fuerza de trabajo más barata, los recursos y las materias primas que permiten su producción anárquica y la acumulación y apropiación privada de la plusvalía.
Así las cosas, la Revolución Proletaria Mundial está entonces más vigente que nunca, pues si la base económica que sostiene este sistema nos lleva cada vez más a un punto de no retorno, al proletariado revolucionario (del cual hace parte la juventud proletaria) no le queda otra opción que erigirse como vanguardia de su clase y dirigir los esfuerzos por mejorar las condiciones materiales de la clase obrera, a partir de las reivindicaciones sociales y económicas expresadas en grandes huelgas políticas de masas, pero por supuesto con la toma del poder político en el horizonte, es decir, la revolución socialista que deberá construir una sociedad diferente, mucho mejor para quienes todo lo producimos y, en cambio, mucho peor para quienes nos han explotado durante toda nuestra existencia.
La responsabilidad generacional de la juventud proletaria revolucionaria radica en que, aun con todo el nivel de dispersión organizativa existente, nunca la juventud ha sido tan consciente como ahora de la necesidad práctica de los métodos revolucionarios en la lucha, como lo demuestra la experiencia de 2019 en Chile con los estudiantes de secundaria y universitarios al frente con sus reivindicaciones, 2021 en Colombia con la juventud proletaria y semiproletaria que salió a las calles durante meses, 2024 en Bangladesh también con jóvenes estudiantes y empujados al desempleo, así como durante 2025 ocurrió en Nepal, Perú y Marruecos contra la corrupción del Estado burgués, e incluso como ha ocurrido en Estados Unidos con los jóvenes oponiéndose al genocidio en Gaza por parte del Estado sionista y genocida de Israel y su propio país.
Le corresponde entonces a la juventud ahora, asumir el relevo generacional como protagonistas de las luchas revolucionarias junto al pueblo trabajador, aportando su energía intacta, las ideas frescas y la capacidad de tomar el mundo en sus manos para transformarlo de base: las primeras líneas, los grupos de choque, los frentes estudiantiles y universitarios revolucionarios, las labores de agitación y propaganda en los centros de trabajo, son algunas de las formas en que los jóvenes pueden y deben luchar, siempre con la mira más allá del lugar donde vive, pues, recordemos, la clase obrera no tiene patria, solo se tiene así misma en todo el planeta, esas son las banderas, las de internacionalismo proletario y la revolución, las que levantaremos este 1 de mayo, como parte de la clase obrera mundial.






