Mantengamos vivo el legado de Jaime Rangel

Mantengamos vivo el legado de Jaime Rangel 1

Estamos de acuerdo con Ernes­to Guevara cuando escribió que «el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor»; y con el camarada Jaime Ran­gel, nuestra organización, la Unión Obrera Comunista (mlm), fue testigo de esta alta cualidad. El amor por el pueblo y por la causa revolucionaria del proletariado, por el socialismo y el comunismo, fue sin duda una de las cualidades que Jaime Rangel transmi­tió durante todos los años como cua­dro político, a través de su incansable trabajo, de su compromiso con cada tarea por pequeña que fuera, a través de su fraternal trato a los camara­das, de su intachable actitud con las camaradas y mujeres del pueblo, por­que siempre estuvo dispuesto a ayu­dar, a educar y a conversar con cama­radería. Jaime, como toda persona, no era perfecto, pero sin duda algu­na, sus errores pesaron en la balanza muchísimo menos que sus grandes cualidades como hombre del pueblo y como cuadro político del proleta­riado mundial.

Y de la misma manera que lo guia­ba el amor revolucionario por la causa proletaria, lo guiaba también su gran odio de clase contra opresores y explotadores, un odio no infundado, sino consciente, materialista, cientí­fico y claro, basado en un profundo apego a la ciencia revolucionario y el estudio permanente de la realidad nacional e internacional, cualidades que le brindaron grandes capacidades para escribir documentos y artículos, siendo un hombre audaz y certero a la hora de enfrentar las discusiones tanto con los enemigos abiertos como enmascarados de la causa proletaria; así como actuando como un brillante jefe político a la hora de analizar la situación concreta y despejar todo el panorama cuando todo aparecía con­fuso y difícil. Todo lo cual lo catapul­tó sin duda como una de las fuertes columnas de esta organización y del Movimiento Comunista.

Ya son 3 años de la muerte de nuestro camarada, otro agosto y un aniversario más de la Unión Obre­ra Comunista (mlm) en el que no contamos con su presencia, pero su ejemplo sigue aquí, vivo. La firmeza en la línea y su profunda convicción marxista, lo hacen, además de un verdadero revolucionario, un gran comunista, es nuestro deber que su legado siga marcando la senda por la que nosotros y los que vienen, continuarán. Y hacia donde él iba, ¡marcharemos!

Comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *