
Desde las páginas de Revolución Obrera se ha insistido en la necesidad urgente de reestructurar el movimiento sindical. De este proceso depende el progreso de la lucha de los trabajadores, reflejado en convenciones colectivas dignas y en derechos conquistados con esfuerzo, constancia e incluso con sangre. Esta transformación está en manos de las bases y de activistas honestos que comprendan dicha urgencia; sin embargo, no se debe perder de vista que el oportunismo, como política e ideología, constituye el principal obstáculo a vencer.
Del mismo modo, desafortunadamente una parte de los nuevos dirigentes formados en este periodo replican las prácticas del sindicalismo burgués y el ejemplo de las burocracias de las centrales sindicales, con dirigentes que persiguen curules en el parlamento para su beneficio personal y no en función de los intereses de la clase obrera. Esta realidad plantea ¡la necesidad imperiosa de luchar con total independencia política!
Hoy, una parte de los trabajadores milita en organizaciones surgidas bajo la hegemonía ideológica de la burguesía, marcada por más de cinco décadas de conciliación y concertación de clases. Esta política reduce la combatividad obrera y lleva al movimiento a una profunda descomposición. En este escenario emergen cuestionables dirigentes que asumen el sindicato como una caja menor personal. Amparados en un relativo conocimiento técnico, abusan de su posición, maltratan a sus compañeros, ejercen violencia verbal contra las mujeres y se rodean de camarillas para repartirse privilegios, convirtiéndose en los peores enemigos de los mismos trabajadores que dicen representar.
Al momento de negociar pliegos de peticiones, buscan pactar con rapidez para recibir sumas millonarias por debajo de la mesa, recursos que en nada benefician a la colectividad. Como resultado de esta falta de perspectiva de clase, se firman las peores convenciones colectivas —que en ocasiones ni siquiera garantizan lo mínimo de ley—, mientras sus dirigentes incrementan ostensiblemente sus propiedades, vehículos y viajes al exterior pese a devengar, supuestamente, el mismo salario de sus compañeros. Esta «magia» del sindicalismo burgués le funciona al patrón, al Estado y al imperialismo, pues desarma la verdadera lucha de los trabajadores. No obstante, al empresariado no le tiembla la mano para desechar a estos intermediarios una vez dejan de serle útiles. Por fortuna para el futuro de la lucha sindical no todos los dirigentes actúan de esa manera, como hemos visto en el ejemplo de lucha en Sintraincapla durante la huelga en Goodyear y otros varios casos donde existen dirigentes honestos que trabajan abnegadamente por organizar, movilizar y educar a las bases obreras, actuando como consecuentes dirigentes revolucionarios. Sin embargo, al ser la política del sindicalismo burgués la dominante, constituye un peligro para las organizaciones y luchas obreras.

En el camino de reestructurar el movimiento sindical en la independencia de clase, se prepara el IV Encuentro Nacional Sindical, cuyo objetivo central es avanzar en la construcción de una Federación Nacional Sindical que luche por el conjunto de la clase obrera. Las Federación Nacional Sindical debe unirse además con las demandas generales del pueblo colombiano y con las asambleas populares, porque solo un movimiento sindical independiente y organizado podrá asumir un papel de vanguardia en un eventual paro nacional de la producción, para frenar las pretensiones del nuevo gobierno reaccionario.
Así mismo, el próximo Encuentro debe significar un avance decisivo hacia la lucha organizada, fundamentado en principios claros de unidad.
Desde Revolución Obrera llamamos al movimiento sindical honesto y combativo a participar activamente en el IV Encuentro Nacional Sindical, que se llevará a cabo en la ciudad de Bogotá los días 21, 22, y 23 de octubre, para hacer realidad la necesaria organización para la lucha obrera.






