Abelardo de la Espriella: el abogado de la mafia

Abelardo de la Espriella: el abogado de la mafia 1

Entre élites y paramilitares

Abelardo de la Espriella nació en Bogotá el 31 de julio de 1978, pero creció en Montería, Córdoba, en el seno de una familia de clase alta con fuertes vínculos con el poder regional. Su padre fue magistrado del Tribunal Contencioso Administrativo de Córdoba y amigo cercano del expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien luego lo nombró notario en Cartagena y Bogotá. Su madre proviene de una familia de ganaderos con tentáculos en la política local.

Desde joven, Abelardo de la Espriella se movió en los mismos círculos que Salvatore Mancuso, quien después se convertiría en uno de los jefes paramilitares más sanguinarios de Colombia. Estudiaron en el mismo colegio y compartían el mismo entorno social: la élite cordobesa. Esta no es una coincidencia menor, sino el reflejo de una clase que, desde arriba, organizó el terror contra el pueblo trabajador.

Al servicio de quién

Se graduó como abogado de la Universidad Sergio Arboleda, institución de la élite derechista cuya inspiración fue, según el propio candidato, el político conservador Álvaro Gómez Hurtado. Luego se especializó en Derecho Penal y Criminología en el Externado de Colombia y en Derecho Administrativo en la Universidad del Rosario. Una hoja de vida pulida al servicio de quienes pueden pagarlo. Su verdadero historial es que es el abogado de la clase criminal dominante. Es así que debemos comprender que el Estado y sus instituciones jurídicas no son neutrales sino que sirven a los intereses de la clase dominante. La carrera de De la Espriella lo ilustra con claridad. Construyó su fortuna y su fama defendiendo a los que más daño le han hecho al pueblo colombiano.

Entre sus clientes más reconocidos están Salvatore Mancuso (exjefe de las AUC, responsable de cientos de masacres); Jorge Visbal, expresidente de Fedegán, condenado por nexos con el paramilitarismo; políticos condenados por parapolítica como Eleonora Pineda, Dieb Maloof y Rocío Arias; David Murcia Guzmán, creador del esquema piramidal DMG que estafó a más de 200 000 trabajadores colombianos; Alex Saab, empresario señalado por lavado de activos vinculado al régimen venezolano; y narcotraficantes como el «Mono Abello», «Macaco», el «Tuso Sierra» y «Papá Pitufo».

El exjefe paramilitar Ever Veloza García, alias HH, declaró ante Justicia y Paz que De la Espriella trabajaba con un frente de las autodefensas y que participó como enlace en reuniones en Santa Fe de Ralito, epicentro de los pactos entre las AUC y el gobierno Uribe. Las investigaciones en su contra fueron cerradas precisamente cuando el fiscal de turno (señalado por Mancuso como cercano al candidato) dejó el cargo.

¿Alternativo o representante de lo mismo de siempre?

De la Espriella se vende como un «outsider», un hombre que se hizo a sí mismo, sin ataduras con la élite. ¡Mentira! Es el producto más refinado de esa élite capitalista; creció en ella, le sirvió durante toda su vida profesional y ahora busca administrar el Estado burgués en su nombre. Propone megacárceles al estilo Bukele, legalización del porte de armas, retiro de Colombia de la ONU, la OEA y la CIDH, y un Plan Colombia 2.0 con más intervención de Estados Unidos, es decir, el mismo modelo que históricamente ha significado más represión para el pueblo y más impunidad para los capitalistas.

La clase obrera tiene derecho a saber

El derecho en manos de los ricos y el Estado burgués es un escudo para los criminales de cuello blanco y un garrote para los pobres. De la Espriella pasó décadas empuñando ese escudo en favor de paramilitares y mafiosos, blindando a quienes financiaron el terror en los campos y barrios obreros de Colombia. Hoy ese mismo hombre pide el voto de los hijos y las hijas de sus víctimas. El pueblo tiene derecho a conocer su historia completa para enfrentarlo contundentemente, más allá de las urnas, en las calles luchando.

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