
La prensa burguesa y los grandes medios —cumpliendo su papel de instrumentos ideológicos de los explotadores— vienen presentando encuestas que muestran a Abelardo de la Espriella como posible ganador de la segunda vuelta. Estas encuestas se presentan como neutrales, objetivas e imparciales, pero en la sociedad capitalista ninguno de esos aparatos de propaganda está por fuera de la lucha de clases.
Las encuestas, los medios, las campañas, las instituciones electorales, los grandes financiadores… forman parte de la maquinaria política de la burguesía, los terratenientes y los imperialistas y les ayudan a construir un ambiente ideológico para crear la sensación de una victoria inevitable en la disputa de la burguesía y la pequeña burguesía por la administración del Estado, así como para desmoralizar a unos sectores, entusiasmar a otros y preparar psicológicamente al pueblo para que acepte los resultados de la farsa electoral.
Los datos presentados por esas encuestas suscitan, en amplios sectores del pueblo trabajador, una preocupación legítima ante la posibilidad de que Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha, la mafia y los sectores más reaccionarios de las clases dominantes llegue a la presidencia de la república.
Cuando muchos trabajadores, jóvenes, mujeres, artistas, estudiantes, sindicalistas y sectores populares expresan miedo ante la posibilidad de un gobierno de ultraderecha, no están inventando un peligro, perciben una amenaza real; pues el pueblo colombiano ya conoce lo que significan los gobiernos de la mafia, el paramilitarismo, el terrorismo de Estado, los asesinatos de dirigentes populares; la persecución contra dirigentes sindicales, estudiantiles, campesinos y comunitarios; los «falsos positivos», el desplazamiento forzado, la criminalización de la protesta y las reformas antiobreras y antipopulares. Por eso, ante esta amenaza hay que preguntarse ¿Cómo debe responder el pueblo trabajador?
El miedo puede producir dos respuestas, la primera, es la parálisis o la huida. Algunos al imaginar el regreso de la mafia al gobierno, sienten que no habrá nada que hacer, que habrá que esconderse, callarse, retirarse, cambiar todas las formas de lucha y esperar tiempos menos peligrosos. Esta reacción es comprensible, pero no sirve al pueblo.
La segunda respuesta es la explosión espontánea, pues se dice «Si imponen a Abelardo, volvemos a las calles», «tendremos otro estallido», «respondemos con movilización». Aunque esa disposición combativa es valiosa —muestra que el pueblo no está derrotado ni dispuesto a aceptar pasivamente una ofensiva reaccionaria—, es necesario recordar que la rabia espontánea, sin organización, sin plan, sin coordinación y sin programa, puede ser golpeada, aislada, contenida o encausada por el enemigo. Requerimos prepararnos para al miedo responder con una actitud consciente, organizada, colectiva y directa.
Los obreros revolucionarios, los sindicalistas, los jóvenes luchadores, las mujeres trabajadoras, los campesinos pobres, los estudiantes, las comunidades indígenas, afrodescendientes y barriales no pueden dejar que el miedo se convierta en pánico ni que la rabia se convierta solo en explosión momentánea. La tarea es transformar el miedo en organización y la indignación en fuerza popular.
Es cierto que un eventual gobierno de la ultraderecha podría significar una ofensiva más abierta contra el pueblo; podrían venir ataques más duros contra la protesta, intentos de reformas laborales regresivas, mayor persecución contra dirigentes sociales, amenazas contra sindicatos, privatizaciones, despidos, fortalecimiento de la represión… Pero también es cierto algo que no debemos olvidar y es que los reaccionarios no se enfrentan al mismo pueblo de hace veinte años.
El pueblo colombiano no solo luchó contra los regímenes mafiosos del paramilitarismo de Uribe y la sangrienta represión de Duque, sino que también protagonizó el Levantamiento Popular del 2021, con el que se puso a prueba la experiencia acumulada organizando puntos de resistencia, asambleas populares, ollas y guardias comunitarias, brigadas médicas, redes de solidaridad, bloqueos, marchas… formas de lucha directa y en las calles que mostraron una tendencia hacia la Huelga Política de Masas. Y, compañeros, esa experiencia está intacta.
Precisamente por esa experiencia es que señalamos que decir «Hay que salir a votar para evitar que gane Abelardo», esa una respuesta insuficiente. Si bien miles de trabajadores que decidan votar están en su derecho puesto que lo hacen movidos por el rechazo justo al aboganster; y otros tantos no votarán conscientes de que la historia de las democracia en Colombia es la historia del fraude electoral; el pueblo trabajador debe saber que su tarea va mucho más allá que depositar un voto que, no es más que con la falsa democracia burguesa, legitimar una decisión de las clases dominantes.
La historia de estos cuatro años ya demostró que ganar el Gobierno no es conquistar el poder. Si bien Petro llegó a la presidencia, las reformas fueron bloqueadas, recortadas o condicionadas por el Congreso, las Cortes, los organismos de control, los empresarios, los terratenientes, la banca, los medios y las fuerzas más reaccionarias incrustadas en el Estado. Y esto es consecuencia, en parte, de que la política de pacificación, las ilusiones reformistas y la excesiva confianza en el Estado debilitaron temporalmente la iniciativa independiente del pueblo.
Sin embargo, la memoria de lucha no fue borrada y aunque en el actual gobierno no resolvieron las causas que llevaron al levantamiento popular: la carestía de la vida, el desempleo, la tercerización laboral, la crisis de la salud, la violencia contra las comunidades, la falta de tierra, la persecución a los luchadores y la dominación de los capitalistas sobre toda la vida social, el pueblo está dispuesto a volver a la lucha por conquistar sus derechos.
Entonces, si gana Abelardo el pueblo necesitará responder al miedo con organización, para resistir la ofensiva reaccionaria. Si gana Cepeda, el pueblo también deberá estar organizado para enfrentar a la burguesía que intentará bloquear cualquier reforma en favor de la clase obrera y para exigirle al mismo Cepeda que cumpla las reivindicaciones pendientes.
En ambos escenarios, la tarea es la misma: vote o no vote, el trabajador consciente debe organizarse y luchar. Las asambleas, reuniones barriales, los comités, estudiantes, sindicatos y coordinaciones populares que hoy se están formando para impedir la llegada de la ultraderecha, no deben limitarse a buscar votos, deben también convertirse desde ya en núcleos de organización y poder popular. No basta con organizarse para el 21 de junio, el pueblo debe prepararse para lo que pasará desde el 22 de junio.
Las asambleas populares que están movilizadas para impedir la llegada del abogado de la mafia no deben ser simples comités electorales, deben ser encuentros donde el pueblo trabajador discuta sus propias necesidades y trace sus propios planes de lucha. Hay que discutir y prepararse para el qué hacer si la ultraderecha llega al gobierno, si se denuncian fraudes, cómo defender la protesta, cómo proteger a los dirigentes, cómo coordinar a los sindicatos, cómo preparar paros, cómo levantar una plataforma popular y cómo recuperar las reivindicaciones del 2019 y del 2021. El pueblo debe tener claro que la ultraderecha se combate con unidad popular, pero no con confianza ciega en el reformismo.
Los reaccionarios quieren un pueblo asustado, dividido y desmoralizado; los revolucionarios queremos lo contrario, un pueblo consciente, organizado y dispuesto a imponer sus derechos con su propia fuerza. La posición revolucionaria es no sembrar pánico ni tampoco falsas ilusiones en la democracia burguesa. El miedo puede paralizar o empujar a la acción, pero solo la conciencia y la organización pueden convertirlo en fuerza política del pueblo trabajador.
Por eso, ante la amenaza de la ultraderecha y ante las ilusiones del reformismo, los comunistas revolucionarios decimos:
Ni miedo paralizante, ni falsas ilusiones electoreras.
¡Vote o no vote, el pueblo debe organizarse para conquistar sus reivindicaciones con la asamblea y la lucha popular!






