A los anuncios paramilitares el pueblo no se asusta ni recula

A los anuncios paramilitares el pueblo no se asusta ni recula 1

Por: David Pueblo

A pocas semanas de la posesión presidencial del lacayo del imperialismo yanqui-sionista Abelardo de la Espriella en Colombia, un nuevo grupo paramilitar autodenominado Comandos Armados del Pueblo (CAP) anuncia su conformación en el nordeste antioqueño, zona geográfica integrada por 10 municipios: Segovia, Remedios, Amalfi, Anorí, Cisneros, San Roque, Santo Domingo, Yalí y Vegachí. Municipios en los que viven aproximadamente 200 000 personas, la mitad de ellas en zona rural.

La base central de su economía es la minería del oro (y plata), y secundariamente las actividades agropecuarias, además de que allí se encuentran los complejos hidroeléctricos como Porce II y Porce III de las Empresas Públicas de Medellín; debido a esto diferentes grupos armados han encontrado en la minería, en la extracción, el comercio, la extorsión o vacunas, en el control de las rutas y en el préstamo de servicios de «seguridad» una fuente financiamiento.

A través de un vídeo difundido en redes sociales, este grupo paramilitar anuncia su llegada al Nordeste de Antioquia y una guerra frontal contra las guerrillas y todo ciudadano que para ellos colabore con estos grupos, además de una limpieza social, y cierran su intervención enfatizando que están de lado de los comerciantes, las empresas y la población civil.

Cierran el vídeo enfatizando que su terror y crueldad está del lado de los comerciantes, las empresas y la población civil, y a su vez envían un mensaje conciliatorio a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) o Clan del Golfo, organización narco-paramilitar con presencia en varias regiones, dedicada al narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión, el reclutamiento forzado, el tráfico de personas, entre otros delitos y negocios que ejecutan contra el pueblo trabajador.

Y aunque el video pareciera hecho para sembrar terror mediático (con armas maqueta y traumáticas) evidencia  la intensión de darle un nuevo impulso a las ya conocidas hordas que, al amparo de las fuerzas militares y al servicio de los capitalistas, han sembrado el terror en campos y ciudades, masacrando, asesinando dirigentes populares, activistas de derechos humanos y periodistas independientes; impulso que corresponde a los propósitos del presidente electo, abogado de narcotraficantes y paramilitares, quien amenazó con destripar a  quienes piensen distinto e imponer el orden mediante la fuerza.

Propósitos que corresponden a las orientaciones de los imperialistas estadounidenses quienes necesitan reafirmar su control sobre los países del mundo, especialmente, sobre los que consideran su «patio trasero», países que se venían acercando cada vez más a Rusia y China. Por ello, surge esta nueva oleada de gobiernos en América Latina alineados con los intereses de Washington y Tel Aviv.

Pero sueñan los reaccionarios. La posible aparición de un nuevo grupo paramilitar no asusta a los trabajadores del nordeste antioqueño, quienes ya han tenido que soportar durante años la presencia del Clan de Golfo, de las disidencias de las FARC, del ELN y del ejército y la policía en la disputa por la renta extraordinaria que deja la minería.

Por el contrario, quienes deben temer son los enemigos del pueblo porque la paciencia tiene un límite y se está agotando, además de que los trabajadores de la región no son los mismos desde el 2019 y 2021, cuando el gran levantamiento popular obligó a las clases dominantes a recular y en la región en particular, la lucha contra la superexplotación y la extorsión, y por legalizar y proteger la minería artesanal no ha cesado.

Se necesita entonces forjar la alianza de los proletarios y semiproletarios, con los pequeños mineros artesanales y los pequeños comerciantes en las Asambleas Populares que junten en un solo mandato las exigencias de los trabajadores de la región, que hacen parte de las exigencias generales del pueblo colombiano desde el 2021 y la cuales solo se podrán conquistar con la huelga política de masas, con el paro general indefinido, para obligar a los enemigos: imperialistas, burgueses, terratenientes y sus agentes armados, a frenar los abusos contra el pueblo.

Ni los enemigos abiertos, ni los reformistas del Pacto Histórico, ni los grupos guerrilleros que dicen defender al pueblo representan los intereses de los trabajadores. El antimperialismo de los últimos no va más allá de las declaraciones porque en la práctica hincan la rodilla ante los imperialistas y no se oponen en realidad a la explotación que ejercen los grandes monopolios en el nordeste antioqueño como la Aris Mining. la Antioquia Gold, Monarca Miner Golg, EPM, etc.

Por ello los proletarios revolucionarios de la región y los trabajadores más conscientes, deben ponerse al frente las Asambleas Populares y proponerse construir la organización de su propio Partido, uniéndose al esfuerzo que en toda la geografía nacional están haciendo los comunistas con miras al Congreso que vuelva a dotar al proletariado y al pueblo colombiano, de sus destacamento de vanguardia y para ello cuenta con la mayor disposición de la Unión Obrera Comunista (mlm).

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