La flotilla Sumud debe ser una espada contra el capitalismo imperialista

La flotilla Sumud debe ser una espada contra el capitalismo imperialista 1

Continúa la lucha para que la flotilla Global Sumud llegue a las costas de Gaza, a pesar de toda la oposición que existe tanto por parte del Estado sionista de Israel como de las grandes potencias imperialistas del mundo y de todos aquellos que niegan la existencia de una carnicería humana contra el pueblo palestino.

Las imágenes y los testimonios que dan la vuelta al mundo en los últimos días dan cuenta de la manera brutal y asesina en que son tratados los activistas de más de 40 países que se movilizaron en la flotilla. Cuatrocientos veintiocho rehenes de la flotilla Global Sumud fueron liberados luego del secuestro del 21 de mayo y de ser torturados y golpeados brutalmente; varios presentaban muestras de abuso sexual, graves heridas y algunas fracturas. Mientras tanto, más de 9 600 rehenes palestinos permanecen en las cárceles de Israel, entre ellos casi 5 000 sin absolutamente ningún cargo y mucho menos juicio alguno.

Para los comunistas revolucionarios, este movimiento a nivel internacional, que lleva ya varios meses intentando llevar asistencia humanitaria a las costas de Palestina, no es un episodio simple y llanamente propagandístico. El envío de medicinas, alimentos y materiales de construcción en barcos, así como la oposición rotunda y absurda de las fuerzas reaccionarias, muestran las contradicciones más profundas del capitalismo, donde el derecho a la supervivencia de un pueblo es sepultado bajo los intereses políticos, estratégicos y económicos de los reaccionarios, en este caso liderados por los imperialistas de los Estados Unidos con su perro de presa en Medio Oriente: el “Estado de Israel”.

Los hechos que marcan la imposibilidad de que las flotillas lleguen a las costas de la Franja de Gaza muestran que el problema no son solamente los Estados Unidos e Israel, sino que también ponen al descubierto la hipocresía de esos gobiernos que se llaman socialdemócratas o reformistas en América y Europa, donde a menudo se llenan la boca con discursos sobre los derechos humanos y el derecho internacional, pero se niegan rotundamente a escoltar militarmente esos barcos que, con ayuda humanitaria, buscan de muchas maneras romper el cerco impuesto sobre el pueblo palestino, incluso arriesgando la vida de centenares de hombres y mujeres que se embarcaron en esta valiente aventura de atravesar el mar para buscar llegar hasta las costas y llevar ese mensaje de apoyo de los pueblos del mundo a ese dolido, abatido y masacrado pueblo de la Franja de Gaza.

Desde el punto de vista de la estrategia política, para los revolucionarios de todo el mundo la lucha que está dando esa flotilla por llegar a las costas está ligada, y debe estarlo profundamente, a la lucha de los pueblos del mundo contra el sistema imperialista, contra el capitalismo, que es, al final de cuentas, el enemigo principal. Estos hechos son una muestra objetiva de que gran parte de la vanguardia de la clase obrera a nivel mundial está despertando ante las barbaridades que comete el capitalismo y, por tanto, la tarea de los comunistas, de los obreros avanzados y de los revolucionarios en todos los países, y sobre todo en aquellos que financian y arman al “Estado” sionista de Israel, no es solamente la de “aplaudir a los barcos que van a la distancia”, sino desarrollar, promover e impulsar huelgas de todos los tipos: en los puertos, para impedir el envío de armas; bloqueos a las fábricas que elaboran material bélico para los sionistas; huelgas de la producción en aquellos países que mantienen relaciones comerciales con los sionistas, etc.

Y ese es el mejor apoyo que pueden dar los pueblos a ese aguerrido pueblo palestino: tomar la causa palestina como propia de los trabajadores del mundo. Avanzar en poner fin a la ocupación y comprender que, mirando hacia el futuro, la única solución, el único camino real y duradero para la cuestión palestina, es el derrocamiento revolucionario del Estado sionista y genocida de Israel y la creación de una Palestina única, laica y socialista en todo el territorio histórico, desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, donde coexistan en igualdad de condiciones todos sus habitantes, independientemente de su origen étnico o religioso.

Esto no es solo posible, sino necesario; y así convertir la causa palestina en un punto de quiebre hacia la necesaria lucha por la revolución proletaria mundial. Ese es el único camino que tienen los trabajadores en Palestina y es hacia donde deben apuntar todas las acciones que vienen desarrollándose tanto a nivel interno en Palestina como en la lucha en el extranjero de los obreros y campesinos que se movilizan por tomar como propia la lucha del pueblo palestino.

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