La crisis de un sistema que incendia y desangra la tierra

@santiagoayasoler
Fotograma de un video de @santiagoayasoler (Fotógrafo ibaguereño que ha documentado la tragedia en Tolima)

Al observar los numerosos incendios que azotan al país y las profundas cicatrices que estos dejan en las montañas, la muerte de animales y el miedo colectivo que se apodera de campesinos y trabajadores de las zonas cercanas a los lugares afectados es inevitable pensar en la responsabilidad que tiene el capitalismo sobre los mismos.

Aunque no hay nada confirmado, salen a la luz denuncias en las que se muestran divisiones sobre los terrenos, posibles proyectos ganaderos en la zona, planos para eventuales edificaciones, etc. Lo que hace pensar que muchos de estos fueron ocasionados, aún si ignoráramos esto, es verdaderamente preocupante que, pese al desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas de la sociedad capitalista colombiana, la política de prevención y atención de incendios sea prácticamente inútil y las instituciones encargadas del cuidado de la naturaleza brillen por su ausencia.

Mientras tanto, al igual que en el terremoto, es la clase obrera, la que equipada con herramientas precarias e insuficientes enfrenta la situación, en primera línea, intentando contener el fuego, salvar vidas humanas y proteger a los animales que habitan estas zonas, haciendo cada vez más vigente la consigna: solo el pueblo, salva al pueblo.

Desde el exterior llegan advertencias, y se asocian estos incendios con la política ocupacionista del sionismo, como parte de un plan por tener a su disposición extensiones de tierra en el continente latinoamericano, todo esto, mientras continua el asesinato sistemático de líderes ambientalistas.

Todo ello demuestra que el capitalismo se encuentra en su última crisis, arrasando con las condiciones de su propia existencia, por lo cual, se hace vidente para los trabajadores y campesinos que el sistema actual de explotación debe ser reemplazado por un sistema que haga compatible la intervención humana sobre la naturaleza con los intereses de la clase que, con sus manos, ingenio y sudor, produce y transforma las condiciones materiales de nuestra existencia.

Los trabajadores deben saber que uno de los propósitos del socialismo es intervenir en la naturaleza con la mayor eficiencia posible, respetando los límites propios de esta, utilizando el conocimiento científico como un aliado indispensable para ello, haciendo compatible la vida humana con el resto de la vida en el planeta.

Los comunistas y trabajadores soviéticos del siglo pasado lo tenían claro, y por ello implementaron en la URSS los zapovédniki (unas reservas naturales que se utilizaban como referencia para la intervención del medio ambiente en la economía planificada), los cuales no fueron concebidos para el turismo, la recreación o la explotación.

Los científicos soviéticos utilizaban estas áreas para estudiar las leyes naturales del «equilibrio biológico» en condiciones vírgenes, con el fin de utilizar ese conocimiento como guía científica para planificar y racionalizar la agricultura y la economía fuera de la reserva.

Sin embargo, es indispensable que a su vez los comunistas no solo miremos al pasado y a otros continentes para promover que el cuidado de la naturaleza va de la mano con la transformación de la sociedad, sino que también es necesario que incorporemos en nuestra política y visión del mundo las relaciones que ya establecen las comunidades indígenas en sus respectivos territorios, en los cuales hay expresiones revolucionarias que también pueden orientar el camino a una nueva sociedad.

Su lucha por la liberación de la tierra, expresada a través de las guardias indígenas y de los procesos de recuperación de territorios que se encontraban en manos de los capitalistas para ponerlos al servicio del bienestar colectivo, incorpora una concepción de armonía entre el ser humano y la naturaleza. Desde esta perspectiva, el cuidado de la naturaleza resulta inseparable del cuidado y la reproducción de la vida humana. Estas experiencias constituyen, además, formas de poder popular construidas desde las comunidades y en relación con el territorio, cuya experiencia y concepción sobre la naturaleza tienen importantes aportes que ofrecer a la construcción de un proyecto revolucionario que se muestre como alternativa al capitalismo.

Corresponde a los comunistas incorporar estas experiencias a nuestro arsenal ideológico, para dar pasos firmes a la propaganda revolucionaria, y así avanzar a la lucha directa contra el capitalismo.

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