Proyecto de ley a favor del envenenamiento del pueblo colombiano

Proyecto de ley a favor del envenenamiento del pueblo colombiano 1

Los capitalistas continúan su campaña contra la salud del pueblo. Ahora quieren tumbar el artículo 54 de la Ley 2277 de 2022 que trata sobre los llamados impuestos saludables que gravan productos ultraprocesados como gaseosas, jugos en caja o botella, bebidas energizantes, cereales azucarados, papas o chicharrones de paquete, galletas, ponqués, salchichas, entre otros.

Representantes de los partidos políticos más cavernarios y retrógradas en Colombia, representantes de los intereses de la burguesía más atrasada, de los terratenientes e imperialistas estadounidenses, quieren tumbar esos impuestos que en algo y aún con muchas limitaciones buscan proteger la salud del pueblo. Es así como desde el Partido Salvación Nacional -afín al presidente Abelardo de la Espriella- y el Centro Democrático -el del mafioso y paramilitar Álvaro Uribe Vélez- presentaron un proyecto de ley para tumbar esos impuestos. Es de conocimiento público que Salvación Nacional recibió $700 millones de Postobón y Bavaria para las elecciones al Congreso, es decir, Carol Borda, representante a la Cámara por Bogotá perteneciente a Salvación Nacional le está devolviendo el favor a sus amos capitalistas en detrimento de la salud del pueblo. Junto a ella, Daniel Briceño del Centro Democrático también fue ponente del proyecto de ley a favor de la industria de los ultraprocesados y del envenenamiento del pueblo colombiano con esos productos. Dice el medio Cuestión Pública que «El pasado mayo, Cuestión Pública documentó casi una veintena de demandas dirigidas a tumbar los impuestos saludables y el etiquetado frontal, además de 15 proyectos de ley para regular los ultraprocesados que fueron bloqueados durante la última década por partidos financiados en un 42 % por este sector».

Y es que los ultraprocesados no son alimentos, la burguesía ligada a ese renglón económico quiere hacerlos pasar estos productos como si lo fueran y además, quieren engañar a la opinión pública afirmando que deben pertenecer a la canasta familiar. Los ultraprocesados ni siquiera son alimentos mínimamente procesados (como a los que se les aplican procedimientos como la limpieza o la pasteurización). Los ultraprocesados son formulaciones industriales hechas a partir de sustancias derivadas de los alimentos (aceites hidrogenados, almidones modificados, aislados de proteína) y una altísima cantidad de aditivos químicos. Ni las gaseosas, ni las maltas, ni los cereales azucarados, ni las salchichas, etc., son alimentos.

Estos productos no deben hacer parte de la canasta familiar de las familias proletarias porque son venenos creados por los capitalistas para ser altamente rentables, duraderos (por la cantidad de compuestos añadidos como saborizantes artificiales, colorantes, emulsionantes, edulcorantes y agentes de masa) y para ser hiperpalatables, es decir, sustancias que estimulan el cerebro para que sea casi imposible parar de comerlos. Estos venenos comestibles no aportan ninguna vitamina, ni fibras ni mucho menos proteínas naturales. Por el contrario, lo único que le aportan al pueblo son calorías libres, sodio en exceso, grasas trans y azúcar que son los principales causantes de las enfermedades crónicas no transmisibles. El azúcar añadido en los ultraprocesados genera resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, hígado graso no alcohólico y caries dentales. El sodio (sal) en exceso de los ultraprocesados es causante de hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares (ACV), infartos, daño renal. Las grasas trans (modificadas industrialmente mediante hidrógeno) son las más dañinas para el cuerpo y generan enfermedades como el taponamiento de arterias (aterosclerosis) e inflamación sistémica. Y las calorías libres o vacías aportan una enorme cantidad de energía, pero sin fibra, vitaminas o minerales y son las causantes de la obesidad, el sobrepeso y de la llamada desnutrición oculta (personas con exceso de peso pero con anemia o deficiencias de vitaminas). Estos cuatro elementos combinados en una dieta habitual, es decir, cuando se consumen regularmente gaseosas, paquetes, salchichas, maltas, se desencadena el denominado síndrome metabólico en el que confluyen la obesidad abdominal, la presión alta, el azúcar elevado y el colesterol alterado.

Pero además, existe una relación estrecha entre ambos sectores económicos que se puede resumir en el siguiente ciclo: una genera los enfermos que la otra necesita tratar. La industria de los ultraprocesados crea la demanda de pacientes multiplicando los enfermos de obesidad, diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares, etc. Allí entra la industria farmacéutica venden los medicamentos que controlan -no curan- las enfermedades, como los que sirven para la presión arterial, la insulina, las estatinas para el colesterol, entre otros. De otro lado, el uso de fármacos agonistas de GLP-1 (como Ozempic o Wegovy que «apagan» el hambre al enviar señales de saciedad al cerebro) está cada vez en más auge. Las farmacéuticas generan billones de dólares vendiendo sustancias que mitigan el deseo de comer en exceso. Ante esto, la industria de los ultraprocesados ya está reformulando sus productos para adaptarlos y hacer que las personas que consumen esos medicamentos y que tienen menos apetito sigan consumiendo alimentos industriales hiperpalatables. La textura, el sabor, el precio, el empaque, las declaraciones de falsas propiedades saludables, la sensación en boca y otros aspectos de cada producto se optimizan para maximizar la rentabilidad. Dos de las mayores empresas alimentarias, Pepsi y Unilever, incluso financiaron investigaciones en neurociencia utilizando resonancia magnética funcional para mejorar sus productos.

Sin embargo, a pesar de esta competencia, ambos sectores económicos no son enemigos a muerte. Las mayores empresas de ultraprocesados (como Nestlé, PepsiCo, Unilever) y las farmacéuticas más grandes conviven en la bolsa de valores. De hecho, están financiadas por los mismos fondos institucionales de inversión (como BlackRock o Vanguard). Así mismo, estos capitalistas de los ultraprocesados y los fármacos usan estrategias para bloquear o tumbar las leyes en diferentes países que puedan afectar sus intereses económicos, como las que están encaminadas a subir los impuestos de sus productos veneno que consume en su gran mayoría el pueblo trabajador o aquellas que ponen por encima la prevención de este tipo de enfermedades. Unos y otros pagan estudios que hacen pasar por científicos y hacen congresos de nutrición y salud para finalmente, culpar al consumidor individual por su supuesta falta de ejercicio, su mala alimentación y por no descansar las horas que el cuerpo humano necesita, cuando ellos mismos hacen parte del sistema capitalista imperialista que por medio de la superexplotación le impide a la clase obrera mundial sacar tiempo para hacer un deporte, para dormir bien, para preparar sus alimentos saludables y que pone al alcance de la mano y del bolsillo todas las porquerías que producen para engordar, enfermar y enviciar a la clase obrera.

Un perfecto sistema que produce ganancias para los capitalistas, enfermedades para el pueblo. En cuanto a las ganancias que recibe la industria de los ultraprocesados hay que decir que es el segmento más rentable de todo el sector alimentario a nivel mundial, pues genera ventas anuales que llegan a los $1,9 billones de dólares. Aparte de la superexplotación de mano de obra barata en diferentes países oprimidos, sus multimillonarias ganancias se deben a que sus fórmulas químicas son altamente rentables porque, sustituyen la comida real por derivados industriales ultra-baratos como jarabe de maíz, grasas hidrogenadas, aceite de palma y almidones modificados. También, reducen las pérdidas por descomposición de sus mercancías debido al uso de aditivos, emulsionantes y conservantes artificiales que extienden la vida útil de sus productos. En lo que más gastan estas empresas de la muerte es en el empaque y en la maquinaria publicitaria enfocada principalmente hacia la niñez y los pobres que usualmente son los que consumen sus mercancías. Entre las compañías imperialistas que más ganancias tienen – y que más envenenan con sus ultraprocesados- están Nestlé (la más grande del mundo), PepsiCo (bebidas y pasabocas ultraprocesados), Coca-Cola (gaseosas, jugos artificiales y aguas saborizadas) y Danone (productos lácteos procesados).

Las clases enemigas del proletariado quieren una clase obrera enferma, física y mentalmente, que apenas tenga la energía necesaria para producirles sus superganancias, adicta a sus productos venenosos y a sus costosos fármacos, que no haga deporte, que no entrene físicamente para enfrentar a los guardianes del sistema capitalista. Bajo este sistema moribundo apenas se podrá aspirar a que se le impongan algunos impuestos a esta industria de la muerte que llena, pero no alimenta a nuestra clase. Es justo exigir una serie de reformas en el cambio de alimentación en los colegios y universidades que aún cuentan con comedores y refrigerios públicos, exigir que a la clase obrera activa se le alimente en casinos de alta calidad, con nutriólogos, deportólogos y médicos especializados que garanticen una excelente nutrición. Los capitalistas que envenenan al pueblo deben ser denunciados y desenmascarados públicamente, y se les deben poner las más altas restricciones económicas, de producción y publicidad para evitar que sigan engañando y enfermando a las masas.

Si bien es importante que cada revolucionario tome una decisión crítica frente a lo que consume, este no es un problema de individuos y su solución no podrá ser tampoco de forma individual, estos proyectos de ley deben ser rechazados como parte de la salud y las reivindicaciones del pueblo colombiano. Sólo si la clase obrera y sus aliados contra el capitalismo imperialista toman en serio este problema se puede avanzar hacia otro tipo de sociedad, en la que se planifique lo que es mejor para alimentación del pueblo teniendo en cuenta la calidad y la cantidad de la comida, sus nutrientes, su forma de preparación y distribución, para que bajo el Socialismo, como antesala del Comunismo, las masas populares tengan una nutrición excelente que le permita bajar a niveles nunca antes vistos las tasas de enfermedades curables a causa del consumo de ultraprocesados y ser una clase social sana, fuerte y vigorosa que trabaje por el porvenir de toda la sociedad.

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