Un mes después del terremoto en Colombia: impacto estructural y social de la tragedia

Un mes después del terremoto en Colombia: impacto estructural y social de la tragedia 1

Para el pueblo la peor tragedia comenzó el 10 de agosto

Un mes ha pasado desde el trágico 10 de agosto en Colombia. Además de la dolorosa pérdida de vidas y la destrucción de tantas familias, uno de los grandes impactos registrados tras el terremoto del 10 de agosto es en las construcciones, y de estas, está la franja de las que afectan directamente a las familias, es decir, las casas, edificios e instituciones educativas. Y bueno, ante la conclusión de primera observación podríamos decir que es lógico que esto ocurra, al fin de cuentas es un terremoto y por otro lado es un fenómeno fortuito de la naturaleza, imprevisible con suficiente tiempo aún para que el ser humano pueda tomar medidas inmediatas. Hagamos algunas comparaciones para poder establecer similitudes y grandes diferencias.

El terremoto del 10 de agosto en Colombia con una intensidad de 7,4 grados, dejó un total de 30 664 viviendas destruidas por completo y 136 946 viviendas averiadas, es decir un impacto global superior a las 150 000 infraestructuras residenciales. Además de los hogares, se registraron más de 150 edificios derrumbados y 2 838 establecimientos educativos y 285 centros de salud gravemente afectados.

Uno muy similar, pero en Japón es un caso perfecto para hacer una buena comparación; y sí, esto nos va a llevar a clarificar la falsedad de aquella afirmación tan repetida por todos lados de que es una causa dolorosa de un hecho de la naturaleza.

El 1 de enero del año 2024 un terremoto de magnitud 7,6 sacudió la costa occidental de Japón. Aunque la energía liberada fue muy similar en estos dos terremotos, las consecuencias fueron abismalmente diferentes:

Comparativa de Impacto Estructural

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Lo primero que salta a la vista es el hacinamiento poblacional, un efecto directo de la economía capitalista que concentra de manera extrema a la clase obrera con todo y familias en beneficio de la gran producción creando en muchos aspectos una real bomba de tiempo, que bien puede estallar para grandes levantamientos de masas que permanentemente deben lanzarse a luchar por sus derechos; pero de la misma forma quedan a merced o de las políticas irracionales de los capitalistas o de las acciones de la naturaleza, caso concreto de este momento, un terremoto.

Y claro, se podría decir que el hacinamiento es en todas partes del mundo y sobre todo en las ciudades por supuesto; pero una cosa es un terremoto en un país oprimido y sujeto a la superexplotación como Colombia, y otra muy diferente es un terremoto en Japón u otros países. Para ilustrar muy bien el caso vamos a tomar 2 sismos muy similares para ver la diferencia en impacto:

Primero caso Terremoto en Japón (Magnitud 5.9) 23 de agosto de 2026. En varios distritos de Tokio y zonas aledañas se sintieron fuertes sacudidas. El impacto en la población fue de un saldo de al menos 37 personas heridas en cinco prefecturas de la región, la mayoría debido a golpes y caídas menores al intentar levantarse de la cama.  Respecto a las afectaciones provocó daños leves en algunas infraestructuras ferroviarias y retrasos en distintas líneas de tren de la capital.

Segundo caso Terremoto en Haití (Magnitud 5.9)año 2018. Es el ejemplo perfecto de cómo una magnitud moderada causa estragos severos en entornos mucho más vulnerables. Dejó 11 personas muertas, decenas de heridos y la destrucción total de múltiples edificios comunitarios y viviendas que aún arrastraban daños de sismos anteriores

El hacinamiento del pueblo, es una de las lacras del capitalismo donde se cumple la ley según la cual al lado de la excesiva riqueza se ve la enorme pobreza que va acompañada, para el caso de las edificaciones, de construcciones de pésima calidad, con evidentes irregularidades técnicas en grandes edificaciones y ausencia de necesarios reforzamientos como es el caso del Hospital Universitario del Valle (HUV).

Es muy ilustrativo cuando utilizamos la Inteligencia Artificial para pedir un concepto sobre la diferencia de las consecuencias en casos como Colombia y Japón, entre otras para descalificar a quienes consideran que estas críticas al sistema son «cuentos de comunistas». Pues bien, así lo concluye la IA:

La vulnerabilidad urbana en Colombia: Las más de 4,500 personas heridas en Colombia responden al colapso súbito e inesperado de mampostería pesada y fachadas en ciudades densamente pobladas. El hecho de que un edificio colapse mientras las estructuras vecinas en el mismo sector permanecen en pie es la evidencia empírica más clara de que el problema principal no fue la magnitud del sismo, sino deficiencias estructurales específicas de ese inmueble.

El fenómeno en Japón: En la península de Noto, la mayoría de los edificios urbanos modernos resistieron. Las muertes directas ocurrieron en zonas rurales por el colapso de casas viejas de madera o incendios secundarios.

Es una clara realidad que gran parte de las construcciones colapsadas, si no la totalidad, se derrumbaron por irresponsabilidad directa de los constructores, quienes no tienen absolutamente ninguna explicación para demostrar por qué otras, de «similares» características no colapsaron, muchas incluso no sufrieron importantes daños.

Al investigar sobre los principales problemas estructurales presentados en esos edificios colapsados, nos encontramos con al menos tres:

  • El fenómeno del piso blando. Muchos de los edificios residenciales medianos y altos que fallaron utilizaban la planta baja exclusivamente como parqueadero o zona común abierta, sosteniendo todo el peso superior solo sobre columnas delgadas. Los ingenieros estructurales evidenciaron que estos inmuebles carecían de refuerzos transversales o crucetas metálicas en X. Al llegar la onda sísmica, el primer piso falló por completo (un colapso por cortante), haciendo que los pisos superiores cayeran en bloque, mientras que los edificios vecinos con sótanos confinados o muros estructurales continuos resistieron sin problemas.
  • Muros de concreto delgados. Una de las críticas técnicas más severas hacia ciertos constructores en Colombia es el uso de sistemas industrializados con muros de concreto de apenas 7 a 10 centímetros de espesor. Investigaciones de ingenieros civiles señalan que estos muros tan delgados, que según los técnicos solo tienen una capa de malla electrosoldada que los hace extremadamente frágiles, con resistencia muy en el límite para soportar alguna situación inesperada… ¡como un sismo!
  • Antigüedad y falta de actualización. Desde el año 2010 rige la nueva norma NSR-10 es decir, todas las construcciones hechas desde ese año, deberían cumplirla desde su misma construcción, y las antiguas se debían haber reforzado según esa norma.

Ahora, viene para las familias, no solo la tragedia de haberlo perdido todo, sino la desfachatez de las constructoras quienes se moverán entre todas las argucias jurídicas para zafarse de la responsabilidad, inculpando muy seguramente a las administraciones de los edificios o conjuntos de casas, que deben haber sufrido daños similares. Y entra allí también el apetito de los abogados, quienes no desaprovecharán para sacar su tajada, sobre todo las oficinas de grandes firmas. Serán en varios casos, años de litigio muy seguramente.

Y entra al escenario el Estado, quien es el que debería intervenir para solucionar de manera inmediata la situación en beneficio de los damnificados, pero como al fin de cuentas el Estado está es para beneficiar a los ricos holgazanes y sus jugosos negocios, pues dará unas limosnas a alguna parte de los afectados y pretenderá que la solución definitiva venga de las interminables vueltas de demandas e inciertas indemnizaciones. El Estado es el que debería responder de manera inmediata, solucionando la vivienda de todos los damnificados. Solución que debe ser financiada con fondos del presupuesto y con las montañas de dinero que desde dentro y fuera del país siguen llegando para apoyar al pueblo; y con los que corresponda asumir directamente con sus entidades encargadas, el litigio con las constructoras y las aseguradoras.

Dejarle el problema de enfrentar estas demandas al pueblo es en toda la línea: revictimizar a la población golpeada por el terremoto, por lo que esta, es una exigencia que las Asambleas Populares deben acoger en su plataforma de lucha o programa inmediato, para exigir y conquistar con la lucha directa y en las calles.

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