Opinión | ¿Realmente Abelardo ganó las elecciones presidenciales?

Opinión | ¿Realmente Abelardo ganó las elecciones presidenciales? 1

Recibimos esta opinión del lector Hatuey V sobre el resultado de las elecciones presidenciales y la actitud de los jefes del reformismo. Es correcto el llamado a organizar las Asambleas Populares, a continuar la lucha directa en las calles por conquistar las reivindicaciones inmediatas del pueblo, por la destrucción violenta del sistema capitalista y por la construcción del Nuevo estado de Obreros y Campesinos. Los invitamos a que nos envíen sus escritos y opiniones para ser publicados en esta sección.

Revolución Obrera

¿Realmente Abelardo ganó las elecciones presidenciales?

La Registraduría Nacional y el Consejo Nacional Electoral afirman que sí, e incluso Iván Cepeda, reconoció los resultados una vez finiquitados el escrutinio exprés. Desde los medios de comunicación nos han repetido hasta el cansancio que tenemos una democracia sana, que el proceso electoral se desarrolló con normalidad, que debemos de confiar en las instituciones…, ¡¿hasta cuándo vamos a permitir que nos sigan tratando como a mentecatos?! Si todo el mundo vio los formularios E-14 con tachaduras y enmendaduras, las miles de denuncias por compra de votos, constreñimiento electoral, injerencia extranjera, tarjetones previamente marcados, campañas de desinformación tales como el Honduras Gate, la Operación Júpiter y el empleo masivo de la inteligencia artificial y granjas de bots para manipular al electorado. ¿Cómo es posible confiar en un software de conteo de votos sin auditoria, que está en manos de una empresa privada, y después de conocerse una llamada interceptada entre Abelardo y los dueños del software, donde el primero se comprometía a devolverle el multimillonario negocio de los pasaportes al segundo? Donde se sabe que los Estados Unidos e «Israel» intervinieron e inclusive el pedófilo de Trump se mofó diciendo, PÚBLICAMENTE, que Abelardo ganó por ÉL. Donde Abelardo se inscribió con más de tres millones de firmas falsas de las cinco que presentó…, esto demuestra que la democracia burguesa es, en realidad, la dictadura de los ricos, y ellos son los que deciden quien gana las elecciones.

La actitud de Cepeda de aceptar los resultados desconcertó a muchos que guardaban en él genuinas esperanzas, empero, de él no se podía esperar otra cosa salvo lo que hizo, ya que igual que Petro, son servidores de la burguesía. Ciertamente de una burguesía liberal o dispuesta a conceder reformas con tal de no enfrentarse al pueblo, pero igualmente burguesía y a esa clase no le convienen ni los paros, ni bloqueos, ni la inestabilidad institucional, y es por ello que Cepeda llamó a sus electores a esperar la estafa de los escrutinios «en paz, sin violencia, dentro de la democracia».

Los empresarios y banqueros ya hicieron sus cuentas y calculan que todo lo que expoliarán al pueblo con el gobierno de Abelardo es superior a las ganancias ya de por sí extraordinarias que tuvieron con Petro, por lo tanto, decidieron que Abelardo fuese el presidente. Cepeda y Petro no son ningunos caudillos, héroes o libertadores del pueblo, así que no debemos esperar de ellos la salvación de la clase trabajadora.

Pensar que Cepeda pudo ganar si hubiese sacado más votos es ingenuo; nada habría cambiado. Si Petro pudo ser presidente fue gracias al estallido social, y las clases dominantes al percatarse de la mansedumbre en que el gobierno de Petro ha sumido al pueblo, han optado por arrebatar todas las reformas concedidas con un gobierno neofascista. Como bien decía Lenin: «Cuando la burguesía liberal concede reformas con una mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud asalariada de los trabajadores».[1]

La única manera en que la burguesía hubiese reconocido el triunfo de Cepeda hubiera sido con beligerancia, con el pueblo en las calles, con paros de la producción y bloqueos viales, pero nada de esto ha ocurrido. Es cierto que la democracia burguesa permite cierto disentimiento, como lo demuestra la composición del Congreso, pero jamás van a permitirle que sean mayoría ni que se posesionen en las alcaldías y gobernaciones, salvo contadas excepciones. El camino que debe de seguir el pueblo no es el de aguardar hasta la próxima farsa electoral, sino el de organizarse para luchar, organizar Asambleas Populares y conquistar sus derechos como lo ha hecho siempre, en las calles, combatiendo. En vez de aspirar a poner a Cepeda en la presidencia lo que se debe de aspirar es a destruir el actual Estado, y crear un Estado controlado por los trabajadores, que sirva a sus intereses.

No se puede negar que el gobierno de Petro concedió mejoras para la clase trabajadora, pero los problemas cardinales que agobian al pueblo como el pésimo servicio de salud, la corrupción, el desempleo, la explotación del hombre por el hombre, la destrucción de la naturaleza, etcétera, son inherentes del propio sistema capitalista, y no podremos acabar con ellos de raíz salvo destruyendo el actual sistema socioeconómico. Ya basta de luchar únicamente por reformas, por malos remiendos. Lo que se necesita es una Revolución que lo cambie todo.

Hatuey V.


[1]      Vladimir Ulianov, Marxismo y reformismo, 1913.

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