Acerca del Estado y las elecciones

Acerca del Estado y las elecciones 1

Son días especiales en Colombia, pues una gran cantidad de personas que habitualmente no se interesan por la política están atentas a los recientes acontecimientos derivados de las elecciones.

Existe un gran interés por lo que sucederá en la segunda vuelta presidencial y, sean partidarios de Iván Cepeda o de Abelardo De la Espriella, muchos siguen casi minuto a minuto los pronunciamientos de los candidatos, los discursos del presidente Petro, las encuestas, las redes de influencers, los noticieros, los memes y los videos hechos con inteligencia artificial. En fin, existe un ambiente político que lleva a la mayoría de la sociedad a prestar atención a los asuntos del Estado.

Esa institución se presenta como la encargada de ordenar y dirigir toda la sociedad colombiana. Se muestra como si toda la ciudadanía estuviera en pie de igualdad —sobre todo en tiempos electorales— cuando vota y elige a los supuestos representantes que legislarán y gobernarán para todos.

Pero la verdad, compañera o compañero que lee esta columna, es que detrás de esta mentira, repetida por gobernantes, periodistas, religiosos, partidos políticos e intelectuales, existe una gran realidad que a un sector minoritario y privilegiado de la sociedad no le conviene revelar al pueblo.

Esa verdad es que «el Estado es una máquina destinada a la opresión de una clase por otra, una máquina llamada a mantener sometidas a una sola clase todas las demás clases subordinadas. Las formas de esta máquina suelen ser diversas»[1]. Puede adoptar la forma de una monarquía, una república aristocrática o incluso una república democrática, pero su esencia sigue siendo la misma: las clases trabajadoras permanecen sometidas a la clase que ostenta el poder económico.

Una de las mejores formas de encubrir esta realidad es precisamente la república democrática, pues «en un país capitalista, en una república democrática […] en las repúblicas democráticas más libres, ¿es el Estado la expresión de la voluntad popular, la suma y compendio de las decisiones de todo el pueblo, la expresión de la voluntad nacional, etc., o es una máquina destinada a que los capitalistas de los respectivos países tengan la posibilidad de mantener su poder sobre la clase obrera y el campesinado[2].

La respuesta es contundente: «todo Estado en el que exista la propiedad privada sobre la tierra y sobre los medios de producción, y en el que domine el capital, es, por muy democrático que sea, un Estado capitalista, una máquina en manos de los capitalistas para mantener sometidos a la clase obrera y a los campesinos pobres»[3].

Y, por tanto, «el sufragio universal, la Asamblea Constituyente y el parlamento no son más que la forma, una especie de pagaré, que no altera para nada el fondo de la cuestión»[4].

Si comprendemos esta verdad, los trabajadores del campo y la ciudad podemos ponernos fácilmente de acuerdo, en medio de estos días de tanta polarización, en que las elecciones no definen el rumbo definitivo de nuestra situación. Ese grupo minoritario de la sociedad, compuesto por capitalistas, terratenientes e imperialistas, mantendrá de una u otra forma su dominio y sus privilegios. Esto implica, necesariamente, la organización del pueblo para luchar por la defensa de los derechos conquistados y por aquellos que aún están pendientes.

Claro está, no será igual si los ricos deciden que el presidente sea Abelardo De la Espriella, pues este ejercerá la dictadura de forma más abierta. Pero si Iván Cepeda llegara a la Presidencia, tampoco le permitirían sacar adelante reformas o leyes en favor del pueblo. No solo porque en el Congreso nadie obtuvo mayorías, sino también porque los grupos dominantes cuentan con la capacidad de comprar congresistas y con aliados en las altas cortes para defender sus intereses, tal como ocurrió con Gustavo Petro.

Estos días, entonces, son especiales para avanzar en la reactivación de las asambleas populares y en la organización de la movilización que obligue a los explotadores a no imponer a De la Espriella. Pero, sobre todo, sirven para profundizar en cuestiones fundamentales como el Estado, el sufragio, las clases sociales, el capitalismo y la necesidad de destruir el Estado burgués para, junto con ello, arrebatar el poder económico a las clases dominantes y establecer un nuevo Estado realmente dirigido por los trabajadores y al servicio de los trabajadores.

Esta es la cuestión sobre la que verdaderamente debemos reflexionar con seriedad. No podemos seguir pasando cada cuatro años debatiendo quién administrará los negocios de los ricos, mientras los trabajadores continúan atados a la esclavitud asalariada, la riqueza social permanece en manos privadas y la naturaleza sigue siendo destruida.


[1] Acerca del Estado – V.I. Lenin

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