
Para comprender políticamente porqué la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) defiende el 21 febrero como el día del campesino, hay que partir de que Colombia ha sido dominada económica social y políticamente por dos fuerzas, los terratenientes y los capitalistas.
Los terratenientes sostienen que el poder se determina por la cantidad de hectáreas que se posean, cuanto más tierra logren monopolizar, mayor será su poder. Por esta razón, existen familias que han concentrado miles de hectáreas, convirtiéndose en latifundistas que miden su influencia por la extensión de sus propiedades y por el número de cabezas de ganado que poseen. Para este poder económico, el método más eficaz de apropiación y concentración de la tierra es la violencia, la fuerza bruta de las armas, la persecución y la muerte de los campesinos.
Durante los periodos de violencia, los terratenientes se agruparon y conformaron ejércitos privados que resultaron funcionales para expandir sus dominios, propiedades y latifundios. De este modo, monopolizaron extensas tierras en la costa Atlántica, la costa Pacífica, las cordilleras Central, Occidental y Oriental, así como en los valles y los llanos. Tras estos episodios, las mejores tierras quedaron en manos de los latifundistas que concentraron la propiedad.
Posteriormente, en la etapa de violencia paramilitar de las décadas de 1970 y 1980, aquello que no habían logrado acaparar durante la violencia de 1945 fue consolidado en esta nueva fase, quedando en manos de los monopolizadores de la tierra alrededor de 44 millones de hectáreas.
Asimismo, capitalistas, banqueros, grandes comerciantes, transportadores e industriales ampliaron sus capitales e intereses y conformaron una alianza para preservar el poder económico, político e ideológico. De esta articulación se fortaleció el Estado burgués-terrateniente, expresión de la oligarquía colombiana, orientado a disputar el control del poder y a defender sus propios intereses. En consecuencia, el Estado colombiano configurado al servicio de los terratenientes y capitalistas, quedó también subordinado al gran capital internacional, particularmente al imperialismo norteamericano.
Ahora bien, en la creación de la ANUC se evidencian los intereses de los capitalistas, representados por Carlos Lleras Restrepo, quien impulsó la reforma agraria no como vocero de los campesinos, sino como representante de los sectores industriales. Su interés radicaba en que una reforma efectiva implicaba dotar a los campesinos de tierra y recursos para aumentar la producción; al expandirse esta, también se ampliaría el mercado interno. Con mayor producción y circulación de mercancías, fluían el capital y la ganancia, y los campesinos adquirían poder adquisitivo para comprar alimentos, materiales de construcción, ropa, herramientas e insumos. Esto, a su vez, permitía a industriales y comerciantes vender más y acumular capital.
En este sentido, Lleras promovió la reforma agraria y la organización campesina como ejes para dinamizar el capitalismo en el campo, integrando a millones de campesinos al mercado y vinculando su mejoramiento material al desarrollo de los intereses industriales.
Con Misael Pastrana en el poder, en representación de los terratenientes y grandes latifundistas, se le encomendó desmontar lo poco que había avanzado la reforma agraria impulsada por Carlos Lleras Restrepo. En consecuencia, retiró de inmediato los recursos asignados a la ANUC para promover y fortalecer la organización campesina, dejándola sin financiación. Los terratenientes sostenían que se trataba de una organización revolucionaria y comunista.
Ante esta arremetida, que incluyó la persecución de la organización y de sus dirigentes, Pastrana promovió dos leyes orientadas a frenar la reforma agraria y a desmantelar las empresas comunitarias campesinas que venían desarrollándose bajo esta reforma. Argumentó que esas empresas constituían una vía socialista que implicaba transferir poder a los campesinos. Paralelamente, introdujo disposiciones que redefinieron los criterios sobre qué tierras podían incorporarse a la reforma, distinguiendo entre tierras adecuada e inadecuadamente explotadas, y entre tierras cultas e incultas. De este modo, la aplicación de la reforma quedó sujeta a criterios discrecionales de funcionarios estatales vinculados a los intereses terratenientes a través de los partidos tradicionales.
Para oponerse a los objetivos de Pastrana, la ANUC convocó a todos los campesinos a rebelarse y decidió recuperar 2 000 predios en todo el país, promoviendo que fueran los propios campesinos quienes ejecutaran la reforma agraria. El 21 de febrero de 1971, siguiendo la orientación de la ANUC, 15 000 familias se movilizaron y lograron recuperar alrededor de 1 200 predios en diversas regiones.
En respuesta, Pastrana desató una arremetida militar con las fuerzas del Estado burgués-terrateniente contra los campesinos sin tierra. En muchos lugares, se disparó a quemarropa, resultando en asesinatos, heridas, golpizas y encarcelamientos. Estos hechos evidenciaron que el Estado actuaba al servicio de los terratenientes, latifundistas y monopolizadores de la tierra, así como de los intereses del imperialismo norteamericano, como ya había quedado demostrado con la masacre de las bananeras.
La ANUC no solamente respondió con la movilización y la toma de la tierras, además en 1971 formuló el documento político más importante en su historia: su plataforma ideológica, como guía de la organización campesina Línea Sincelejo. El mismo año formuló y aprobó el Mandato Campesino, reafirmando la plataforma ideológica y trazando la línea central de acción del movimiento campesino, aprobado en el segundo congreso de Sincelejo bajo la consigna «tierra para quien la trabaja».
Estos son los antecedentes del Día del Campesino impulsado por la ANUC Línea Sincelejo el 21 de febrero de 1971. Se trata de una fecha desvinculada de los partidos tradicionales, los terratenientes, el Estado y el imperialismo, pues conmemora la independencia del campesinado frente al Estado burgués-terrateniente y a los politiqueros tradicionales.
El 21 de febrero simboliza la autonomía del movimiento campesino para impulsar una verdadera reforma agraria, enfrentando a las fuerzas retardatarias que históricamente se le han opuesto, y para promoverla y ejecutarla por iniciativa propia. Bajo la consigna central de la ANUC Línea Sincelejo, «tierra para quien la trabaja», se planteó el horizonte de una reforma agraria de carácter revolucionario.
Hoy, el movimiento campesino se encuentra debilitado y fragmentado, con cientos de organizaciones que dificultan el trabajo por la unidad. Esta dispersión es reforzada por las estrategias de los terratenientes, capitalistas y del imperialismo, que buscan mantener la división y la atomización del movimiento, generando una clara ventaja para los propietarios de la tierra. Más que nunca se requiere un programa revolucionario que realmente represente los intereses del campesinado medio y pobre en Colombia.
Miguel Hernández






