
Después de conocer el artículo de opinión «A propósito del voto crítico», los compañeros de Acción Colectiva de Estudiantes Revolucionarios Organizados (ACERO), nos hacen llegar su respuesta a la crítica que consideran: «…limitada en forma y fondo, pues carece de fundamento dialéctico…». Agradecemos mucho que los compañeros se animen a participar del debate y la lucha ideológica respondiendo y aclarando su posición a través de nuestro portal, ya que su colectivo ha venido siendo un gran apoyo como propagandistas de Revolución Obrera y una organización juvenil comprometida con la gran tarea de reconstitución del Partido Comunista Revolucionario en Colombia.
Revolución Obrera
El pasado 19 de junio un lector de Revolución Obrera que firmó como“Sebastián B” realizó a través de este portal una crítica solapada hacia nuestra posición del voto crítico a Cepeda-Quilcué, tomando partes tergiversadas de nuestro pronunciamiento y también agregando los de otras organizaciones, como si fuéramos lo mismo y sin discriminar en la crítica. Crítica esta que está limitada en forma y fondo, pues carece de fundamento dialéctico para comprender la realidad material, y se relega a sí misma a un carácter panfletario: un mar de frases y enunciados con la profundidad de una piscina infantil.
Este lector, al hacer su crítica desconoce que no basta con señalar, que no basta con las consignas si estas no van acompañadas de una orientación clara y comprensible para las masas. No es con verbos en infinitivo ni planteado lo que ya se sabe dentro del proletariado revolucionario y en buena parte de las masas conscientes. Como comunistas que usamos el materialismo y la dialéctica, comprendemos que es la realidad la que nos empuja a actuar de X o Y forma en un momento histórico concreto y determinado, más allá de nuestros deseos. De ahí que el lector, pecando de dogmatismo que pasa por ortodoxia, no hace uso del marxismo como ciencia viva sino que evoca una «pureza revolucionaria» que hoy, frente a la situación actual, solo implicaría limitarse a recitar pasajes de los clásicos cual pasajes de la biblia, tal como demás personas de su misma línea.
Lo anterior se evidencia porque, pese a que conoce los argumentos esbozados por nuestra parte y por parte también, ahí sí, de otras organizaciones, insiste en permanecer cerrado ante la evidencia, como lo señala en parte de su escrito:
«En el fondo e independiente de cuanto digan, los compañeros terminan practicando, sin decirlo o sin caer en cuenta siquiera, la nefasta teoría del mal menor, sustentada y defendida abiertamente por los reformistas y espontánea por parte de las masas, según la cual se debe apoyar una opción democrática o reformista para evitar el triunfo de la candidatura de extrema derecha o abiertamente neofascista; posición que desconoce la experiencia histórica la cual demuestra que la única forma de evitar el ascenso de la reacción y del fascismo es con la movilización y la lucha en las calles, siendo en estos momentos las formas necesarias, no solo para frenar la reacción, sino incluso para impedir el fraude que ya está anunciado para la segunda vuelta».
En este caso, desconoce la experiencia y la necesidad histórica de fundirse con las masas para tener la posibilidad real y tangible de influir entre ellas llevando las ideas revolucionarias, las ideas comunistas. Las masas conscientes ya saben, ya conocen el peligro que representa Abelardo y ya saben que hay que luchar en las calles, pero eso no es suficiente para, desde afuera o de forma aislada, llamar a la reconstitución del Partido o hacia una Asociación Mundial del Proletariado. No tienen una alternativa de organización política real y visible en este momento. Es necesario embarrarse, estar donde nos es incómodo, y eso incluye estas elecciones presidenciales, para que las masas realmente conozcan la política de la revolución. ¿O es que no es posible, lector anónimo, convertir un voto crítico en la herramienta que nos facilite acceder a los lugares allí donde están las mayorías de la masa consciente para agitar y señalar las limitaciones mismas del reformismo? ¿Somos acaso los comunistas tan cortos de miras y estamos tan vacíos de argumentos que una cosa anula la otra? ¿Acaso se trata de una adhesión a su campaña o a su gobierno? ¡NO! La realidad no es tan estrecha. Y ante la ausencia del dispositivo político de vanguardia del proletariado, esto es lo que tenemos que hacer.
No se puede hablar de táctica sin el análisis dialéctico de la realidad y tampoco se puede hacer un análisis dialéctico de la realidad sin ajustar la táctica, es un despropósito y se aleja completamente del carácter científico del marxismo en su forma más elemental. Se debe aterrizar la táctica de acuerdo al momento histórico determinado y concreto para preparar las condiciones que permitan elevar la lucha política hacia la táctica superior conducente a la estrategia, que es la estrategia de la revolución socialista, es parte del movimiento de la realidad misma. No se trata de consignas vacías o limitarnos a la reproducción (ni siquiera su estudio consciente) de los textos o frases de los clásicos de la ciencia de la revolución proletaria, del marxismo leninismo maoísmo. No es vender los principios, no es renunciar a la revolución, sino acercar las masas a ella en un lenguaje que comprendan efectivamente.
La realidad no es negra o blanca, es negra y es blanca. No podemos obviar que algo determinado puede ser convertido en su contrario. Si hablamos de masas, debemos estar entre ellas para aspirar a dirigirlas, no detrás de ellas ni veinte pasos adelante con planteamientos que no se corresponden a la realidad concreta que están atravesando. Por eso también resulta absurda el siguiente planteamiento de este lector confundido:
«De ahí que su posición es incoherente, por cuanto si los compañeros comprenden que la democracia liberal burguesa y más específicamente las elecciones, son una farsa, la conclusión no puede ser que el neofascismo y la reacción se van a detener en las urnas, como no puede serlo tampoco la conquista de las reformas que exige el pueblo desde el 2019 o el rompimiento con la dominación imperialista principalmente yanqui sobre el país; incoherencia que contrasta con el justo llamado que hacen a la lucha, a la movilización en las calles y a prepararse para enfrentar los retos independiente de quien quede en la presidencia».
El lector considera que la única lucha válida es en las calles, y desde ACERO consideramos y precisamente estamos diciendo que, independiente de quien gane, su programa no será el programa del proletariado revolucionario y por lo tanto hay que dar la lucha en las calles. Ahora, el lector piensa que dar la lucha en las calles bajo el reformismo es lo mismo que darla bajo el neofascismo. Ahí es donde erra en su pobre crítica, pues es algo muy básico como marxistas revolucionarios, que analizamos las condiciones materiales y evaluamos la correlación de fuerzas, nos damos cuenta de que aún no tenemos las condiciones para dar la batalla que derroque la dictadura burguesa, entonces se hace necesario incidir entre estas masas conscientes para tratar de guiarlas hacia la senda revolucionaria. No les decimos lo que quieren escuchar ni nos basamos en nuestros deseos, sino que les hablamos a las masas, con las masas, entre las masas. Ambos candidatos van a administrar la fuerza del Estado burgués, pero las formas de dominación también importan y NO van a funcionar del mismo modo. No son lo mismo ni ahora ni hace cien años cuando el fascismo empezaba a echar raíces y la socialdemocracia se consolidaba.
Nosotros no somos incoherentes por decir que las elecciones son una farsa y luego tomar posición en las mismas. Para decir eso, lo que hizo el lector fue armarse un muñeco de paja e ignorar que, en repetidas ocasiones, dijimos que no defendemos el voto en las urnas como un principio, sino como una táctica. Se les dice y se les plantea a las masas que van a votar en una farsa donde no pueden cambiar el Estado, y que por tanto hay que organizarnos para que el proletariado tenga el poder de transformar su realidad, aquella que construye todos los días, bajo unas condiciones mínimas políticas que le sean menos agresivas y agitar al mismo tiempo la de necesidad de la organización popular. Mostrar urnas y lucha popular como una separación irreconciliable es otra vez desconocer la realidad material. Si ignora las líneas en las que dijimos que la lucha debía ser a su vez en las calles, entonces es una falacia de muñeco de paja donde está peleando solo (y va perdiendo).
Lo que planteamos, haciendo el análisis concreto, sin generalidades, es utilizar el hipotético gobierno de Cepeda para ganar fuerza e impulso en la lucha de las calles que el lector tanto refiere. Es necesario vencer a la reacción para desarrollarnos, pero es insuficiente, nosotros mismos hemos dicho que el programa de Cepeda mantiene una lógica de explotación, lógica que se va a combatir en las calles, si llega su gobierno (o el de Abelardo).
Nuestra independencia como colectividad no se demuestra en si apoyamos el voto crítico por Cepeda, nuestra independencia política de clase se mide por nuestra labor como organización en la práctica diaria, con nuestras actividades y trabajo político: sesiones de estudio, cineforos, el apoyo y trabajo sindical, las jornadas de agitación y propaganda donde además llevamos las ideas de esta bella prensa revolucionaria, además de nuestra labor y participación en las asambleas populares y universitarias, por solo mencionar unos ejemplos. Es muy reduccionista decir que, porque ahora promovemos el voto crítico, las masas que nos siguen va a creer en las elecciones y se van a volver acérrimos e ilusionados ciervos de las urnas; si creían en ellas antes ahora eso no va a cambiar a corto plazo, si no lo creían y participan (como efectivamente sucede) de nuestras actividades donde nos la pasamos hablando de que los partidos políticos burgueses y pequeñoburgueses no representan al trabajador, entonces ya tienen una base para saber que no creemos en eso, que esa no es nuestra política.
Precisamente, aunque comprendemos y reconocemos como cualquier revolucionario comunista que las masas se han apaciguado en estos cuatro años de reformismo, cuya parte de la responsabilidad recae en los revolucionarios mismos que no nos reagrupamos y no reconstituimos el Partido ni avanzamos en los tres elementos necesarios para la revolución: Partido, Frente y Ejército. La falta de balance y autocrítica le ha hecho mucho daño al movimiento obrero consciente y al movimiento revolucionario y comunista en Colombia, pues aun teniendo las ideas y en ocasiones la línea correcta, no ha avanzado en el camino revolucionario que, como también nosotros consideramos, el mundo ya está maduro para construir esa nueva sociedad libre de explotación.
Acción Colectiva de Estudiantes Revolucionarios Organizados (ACERO)






