¿«Reconstrucción» o el afán de la ganancia?

¿«Reconstrucción» o el afán de la ganancia? 1

Pasando poco más de 20 días después del terremoto que cambió para siempre nuestras vidas, el relato oficial del gobierno nacional, locales y de los medios de comunicación de la burguesía sobre la «reconstrucción y normalización para avanzar» ha tomado fuerza incluso entre el pueblo trabajador, que aun con la solidaridad proletaria manifestada a través de ollas comunitarias, brigadas de remoción de escombros y ayudas humanitarias, también anhela recuperarse de este duro golpe que jamás hubieran esperado y, como si fuera poco, todavía necesitan vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario —que no alcanza— para sobrevivir.

Pero lo que nos presentan como «reconstrucción» y que ya mencionamos en La clase obrera entre escombros y resistencias, no es más que el capital y su Estado haciendo lo que mejor saber hacer: poner el negocio y ganancia por encima de la vida. Un ejemplo muy claro de esto es el anuncio realizado por la alcaldía municipal de Dosquebradas invitando a donar dinero para materiales de construcción a un número de cuenta de ahorros a nombre de una ferretería de capital privado, La Gran Ferretería S.A.S, que en el 2025 manejó ingresos entre los 1.000.000.000 y 2.000.000.000 de pesos (más de 300.000 dólares), cuyo propietario es Héctor Suárez, quien solo tiene una entrevista realizada durante la pandemia en 2020 sin más apariciones públicas.

¿Quién paga?

Lo anterior pone de manifiesto, como uno de muchos casos, que el afán y el interés por iniciar obras —en las zonas comerciales y algunas industriales, porque las comunidades más vulnerables seguirán dejadas en espera— solo obedece a la lógica de la ganancia para los almacenes, las constructoras y en general para los señores del dinero, pues hasta ahora poco o nada se dice desde el gobierno nacional o las alcaldías de las ciudades como Pereira, Dosquebradas, Manizales, Cali o Quibdó —no olvidemos a los pueblos pequeños de los departamentos— sobre los miles y miles de proletarios que se han quedado y se seguirán quedando sin trabajo como medida de los burgueses y pequeños burgueses para conservar sus fortunas a costa de los trabajadores. ¿Cómo reconstruirán ellos, los que todo lo producen y construyen, sus vidas? ¿De dónde van a sacar para comer, si las ayudas brindadas por el pueblo como mercados o kits de aseo, lamentablemente, empiezan a mermar y escasear en los centros de acopio autosostenidos? ¿Dónde están las ayudas humanitarias arrumadas y sin entregar en las bodegas oficiales —como denunció la propia Contraloría sobre municipios como Belén de Umbría y Santa Rosa de Cabal? La respuesta no puede ser —como se intenta insinuar— que con las obras en los municipios se van a generar muchísimos empleos, vaya uno a saber en qué condiciones. La respuesta, desde luego, no puede ser tampoco endeudar más al proletariado. No puede ser que la crisis y la tragedia nuevamente la pague el pueblo.

¿Cuál «normalización»?

Quienes ya han tenido que regresar a sus trabajos después de semanas intentando sobrevivir en sus barrios, se encuentran al dirigirse a sus centros de trabajo con un panorama desolador, pues los lugares que antes eran punto de encuentro y entretenimiento ya no existen, las iglesias donde se casaron o bautizaron a sus hijos serán demolidas, los colegios donde estudiaron ellos o sus hijos deben ser reconstruidos, las calles llenas de escombros y el polvo en el ambiente que parece una niebla eterna los atraviesa de pies a cabeza. La vida no es la misma… y esto es lo que ignoran —contra toda evidencia— la burguesía y su Estado, que nuestra clase necesita más tiempo para asimilar lo ocurrido. Pero insisten en su discurso porque saben que el proletariado necesita el salario, necesita comer y pagar las cuentas, porque la clase obrera no departe en lujosos restaurantes que quedaron intactos o en clubes campestres —sostenidos y atendidos por hermanos proletarios— donde solo los vinos añejos sufrieron afectaciones.

Esta aceleración hacia la «normalidad» no se plantea sin intención y, por el contrario, tiene un objetivo muy claro, que los trabajadores del campo y la ciudad olviden y se distraigan de la verdad más clara, universal y evidente posible y es que, los desastres, al igual que la sociedad y la lucha, es de clases. Que los ricos, ahora y siempre, nos han dado y nos darán solo migajas. Que solo la organización popular pudo hacerle frente a esta horrible tragedia llevando alimento donde había hambre, cobijo donde había frío y alegría donde solo había tristeza. Que nuestra clase empieza a darse cuenta que realmente no necesita este Estado, que los politiqueros solo estorban y perjudican, y que la única salida es tomar el cielo por asalto y nuestro destino en nuestras manos.

¡NI EL ESTADO NI LOS POLITIQUEROS,

SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO!

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