¡La «Seguridad de la patria milagro» es terrorismo de Estado contra el pueblo!

¡La «Seguridad de la patria milagro» es terrorismo de Estado contra el pueblo! 1

Apoyándose en hechos ciertos como el fracaso de la Paz Total de Petro, la permanencia de los cultivos de coca y marihuana, el crecimiento de la delincuencia, la corrupción, el candidato reaccionario Abelardo De la Espriella, se propone llevar a cabo un plan de seguridad que es en realidad la legalización del terrorismo de Estado llamado «seguridad de la patria milagro».

Las soluciones para garantizar la seguridad de este siniestro personaje tienen como centro la militarización de los territorios y la impunidad para los crímenes que cometan las fuerzas militares: «Reconstruir a la Fuerza Pública, fortalecerla y respaldarla en sus acciones». Esto es, en plata blanca, darles garantías a las fuerzas represivas para detener, torturar, encarcelar, desaparecer y masacrar. Los más de 7 000 asesinatos extrajudiciales, las desapariciones forzadas, la persecución, asesinato de dirigentes sociales, las torturas, los bombardeos a la población civil, las acciones conjuntas entre el ejército y los grupos paramilitares durante el régimen paramilitar de Uribe son la escuela inmediata del plan del «mata gatos».

A la par con legalizar el terrorismo de Estado y como complemento, va el propósito de legalizar el paramilitarismo presentado como: «Seguridad en el barrio: Bloque de Búsqueda contra la Extorsión, y Primera Línea de Seguridad con veteranos y reservistas».

Idea que con el pretexto de combatir la delincuencia busca poner en práctica la orientación fascista de organizar a los veteranos y reservistas como escuadrones paramilitares, como las camisas pardas del partido fascista en Alemania, las camisas negras en la Italia de Mussolini y las camisas azules en la España franquista. Tales grupos paramilitares se encargaban de la represión violenta contra cualquier movimiento social u opositor; en su propósito de aplastar al movimiento obrero se encargaban del control territorial ejerciendo el terror con detenciones arbitrarias, secuestros, torturas y ejecuciones sumarias. La única diferencia entre los fascistas de hace casi un siglo y la propuesta del candidato reaccionario actual es que esos grupos estaban dirigidos por los partidos reaccionarios y ahora De la Espriella los quiere instituir como fuerzas del Estado.

Ese propósito cavernario lleva implícito también el aumento del presupuesto para la guerra –de por sí ya altísimo con cerca de 69 billones de pesos en el 2026– en detrimento del presupuesto en el gasto social. Política guerrerista que en el fondo corresponde también a los preparativos de guerra por un nuevo reparto del mundo entre los imperialistas; particularmente, para que los hijos de los obreros y campesinos de Colombia, participen como carne de cañón en una próxima rapiña internacional de sus enemigos.

Igualmente, tratar militarmente el problema de la siembra de coca es reaccionario en sí mismo, pues se trata de un problema económico-social (en el caso de los pequeños cultivadores de la hoja), a la vez que demagógico, por cuanto detrás de argumentos como la destrucción de los cultivos, se encuentra la intención de favorecer los negocios e intereses de los imperialistas quienes tendrán carta abierta para la venta de aeronaves, drones, fungicidas y pesticidas a cuenta de destruir la naturaleza y de enfermar aún más a las comunidades olvidadas, criminalizadas y sometidas a los diferentes actores armados.

Esas medidas ya fueron ensayadas y demostraron su fracaso, como también fracasó la «paz total» de Petro. Mientras no se tome la medida más racional y económica, que es legalizar la cocaína, la guerra seguirá escalando; es decir, mientras la cocaína siga siendo un negocio ilegal que deja una ganancia extraordinaria, seguirán existiendo los carteles y seguirá cultivándose y procesándose la hoja de coca aquí o en cualquier otro lugar.

Además, detrás de la argumentación de los reaccionarios, se esconde la doble moral de los explotadores, empezando por los imperialistas yanquis, pues todos son beneficiarios del negocio de la cocaína y del narcotráfico. Negocios de los monopolios que venden agroquímicos, como de los que venden armas y vehículos para el transporte y los que lavan el dinero que proviene del negocio. El campesino que cultiva, el proletario que raspa la hoja, el pequeño productor que procesa la pasta base, apenas reciben las míseras migajas del principal producto de exportación de Colombia. Una realidad que todos esconden aunque es reconocido, por irrefutable, que este país es el principal exportador de cocaína.

Igual sucede con el tratamiento que De la Espriella promete contra la delincuencia. Ni aumentando el aparato de guerra, ni aumentando las penas y perfeccionando el sistema judicial, ni aumentando y «mejorando» el sistema carcelario, como lo ha hecho Bukele en El Salvador, harán disminuir los índices de inseguridad, ya que la delincuencia común tiene su causa más profunda en el desempleo abierto o disfrazado, en el desplazamiento forzado de los pobres del campo, en la inestabilidad laboral, en la falta de oportunidades… Como tampoco podrá disminuir la delincuencia de «cuello blanco» porque todos los negocios de los capitalistas son turbios y el Estado de los explotadores está podrido hasta los tuétanos.

Es un lugar común y práctica cotidiana entre los «honorables» hombres de negocios el robo de patentes y secretos industriales, la competencia desleal, el tráfico de influencias, la compra de funcionarios… Así como que el Estado de los explotadores no puede existir sin la compra y venta de votos, el soborno, el robo del erario, los chanchullos… Problemas que solo pueden resolverse acabando con el Estado de los explotadores y con las causas más profundas de esta terrible situación: la propiedad privada y la explotación asalariada.

Abelardo De la Espriella significa lo más cavernario entre lo cavernario, vendiéndose como defensor de las instituciones, de la moral y de la patria que en esencia significa defender la violencia institucional reaccionaria contra el pueblo; es decir, la dictadura abierta de los capitalistas, el aplastamiento del movimiento social y de quienes luchan contra los enemigos históricos del pueblo trabajador: burgueses, terratenientes e imperialistas, para que estos sigan acumulando ganancias a manos llenas sin ninguna oposición. En resumen, ¡La «Seguridad de la patria milagro» es terrorismo de Estado contra el pueblo!

El proletariado y el pueblo trabajador no pueden hacerse ilusiones en que las posiciones más reaccionarias de las clases dominantes parásitas, representadas en Abelardo De la Espriella, van a ser derrotadas con los votos en las urnas. Independiente de quien quede en la presidencia, deben insistir en trabajar por la unidad, la organización y la lucha revolucionaria levantando sus verdaderas banderas, que contribuyan a forjar sus fuerzas para acabar de raíz todo el orden social existente.

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