German Vargas Lleras: «el buen muerto»

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El pasado 8 de mayo los medios de comunicación de la burguesía avisaron del fallecimiento de un burgués: Germán Vargas Lleras murió a causa de problemas de salud que ya arrastraba desde hacía algún tiempo. Vargas Lleras provenía de una familia de la burguesía tradicional bogotana; era nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo y fue hasta su muerte jefe natural del partido tradicional de la burguesía llamado Cambio Radical, vinculado históricamente a la parapolítica y corrupción (desvío de recursos, fraude electoral, entre otros) por lo que muchos de sus miembros fueron destituidos de sus cargos. Por todo esto, los medios de comunicación de los ricos han rendido homenajes para venderlo como un «buen muerto».

Sin embargo, el pueblo no debe llorar a ese señor. Vargas Lleras fue uno de los acérrimos defensores de la «Seguridad Democrática» del expresidente mafioso Álvaro Uribe Vélez. Incluso, se le acusó de tener nexos con el paramilitarismo; a pesar de que la justicia burguesa nunca lo castigó, su cercanía con la mafia era notoria.

Otro de los escándalos más conocidos fue su muestra de clasismo, arribismo y autoritarismo cuando golpeó con un «coscorrón»” a uno de sus escoltas, demostrando su postura de patrón y menospreciando a su círculo de seguridad, como los buenos burgueses que son. Asimismo, fue cuestionado por el escándalo de corrupción de Odebrecht, donde varios de sus cercanos, mientras fue ministro, fueron acusados. Igualmente, Petro señaló a la familia de Vargas Lleras como responsable del desfalco de la Nueva EPS que ha cobrado la vida de miles de colombianos, al no tener acceso al derecho a la salud, entre otras irregularidades que tuvo el «buen muerto».

Todo demuestra que quienes deben llorar a los ricos son los ricos, no como tratan de hacer los grandes medios de comunicación al manipular las emociones de la clase obrera para que todos nos unamos en el dolor por la muerte del burgués, porque un rico sí es un «buen muerto», y cuando asesinan a jóvenes en las protestas los tildan de «vándalos» y «terroristas», buscando justificar su asesinato. Ojalá reflexionemos y, como clase obrera, lloremos a nuestros muertos, no a cadáveres de otras clases sociales a quienes no les importamos.

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