
El gobierno de Abelardo de La Espriella (ADLE) promete ser uno de los más reaccionarios y violentos contra las masas. En el verbo destripar resume los métodos fascistas que va a ejecutar contra los luchadores del pueblo, que tarde o temprano tendrán que retomar la lucha callejera para conquistar las justas reivindicaciones populares que ni siquiera el gobierno reformista fue capaz de cumplir en su mayoría empezando por darles la libertad a los presos por luchar en las Huelgas Políticas de Masas de 2019 y 2021.
El capitalismo atraviesa una crisis profunda y estructural que desencadena protestas cada vez más intensas a nivel mundial y Colombia no es la excepción. Las movilizaciones sociales, los enfrentamientos violentos entre oprimidos y opresores, no son hechos aislados, sino manifestaciones de la lucha de clases que podrían desembocar en una revolución Socialista si fueran dirigidas por un auténtico Partido Comunista Revolucionario. El pueblo cualifica cada vez más sus formas de combate, y partiendo de las Primeras Líneas, los Grupos de Choque son formas iniciales de organización popular con potencial para avanzar hacia estructuras militares más desarrolladas como las Milicias Populares o el Ejército Popular.
Podriamos agrupar en tres grandes grupos la lucha contra las políticas de la burguesía: 1. las acciones aisladas de pequeños grupos, 2. el reformismo parlamentario y 3. la movilización y lucha directa de las masas. Las acciones individuales de los «grandes héroes» se desconectan de las masas y el reformismo parlamentario busca apenas realizar cambios mediante la institucionalidad del Estado burgués. A esto se suma la llamada «desobediencia civil pacífica» a la que llamó uno de los jefes del reformismo, Iván Cepeda Castro, táctica defensiva y y al final reaccionaria pues pone al pueblo en bandeja de plata ante sus enemigos de clase para que este sea destripado. En contraste, la movilización amplia y organizada de masas es la vía correcta para enfrentar al Estado y acumular fuerza política para las luchas futuras y definitivas que le den sepultura al capitalismo en Colombia.
Es en esta última vía en la que los comunistas revolucionarios centramos nuestros esfuerzos, y que ahora cobra más vigencia, pues al gobierno de ADLE se le confronta en las calles, de forma organizada, para no perder los derechos conquistados y para conquistar los que están pendientes.
Los luchadores del pueblo avanzaron en la conformación de las Primeras Líneas, destacamentos de combatientes que se organizaron espontáneamente tomando el ejemplo de sus hermanos de clase en Chile, y a manera de líneas en el combate organizaron diferentes formas de resistir la embestida de las fuerzas del orden burgués, principalmente del ESMAD. Esta forma de lucha se destacó en esos movimientos, logró victorias sobre el enemigo que más de una vez tuvo que replegarse. Sin embargo, los luchadores también sufrieron golpes con heridos, muertos y capturados, lo que demuestra que toda organización revolucionaria requiere disciplina, coordinación, dirección política y estudio permanente del adversario, además de que es necesario combinar organización, propaganda, formación ideológica y planificación estratégica para fortalecer las movilizaciones sociales.
Elevar el nivel organizativo y político en las confrontaciones exige ir más allá de la espontaneidad del movimiento para organizar, no solo combates callejeros, sino, la insurrección en las principales ciudades como vía a la Revolución que el pueblo colombiano necesita, la Revolución Socialista dirigida por el restaurado Partido político del proletariado, que logre transformar las protestas por reivindicaciones particulares en lucha de masas movilizadas hacia la conquista del poder político. Es en medio de esas grandes movilizaciones que se hace necesaria la acción directa de los Grupos de Choque, que no busquen reemplazar la acción colectiva del pueblo, sino, que logren fundirse con las masas para potenciar su energía y darle golpes contundentes al enemigo y que actúen conforme a las decisiones tomadas por las Asambleas Populares.
Finalmente, las futuras confrontaciones deben acoger ciertas leyes de la guerra como lo son, el poner en tensión desde ya todas las fuerzas (organizando a los luchadores evitando la improvisación, fortaleciendo la coordinación entre ellos y sus organizaciones, desarrollando fuerte trabajo político y de propaganda), concentrando las fuerzas contra el enemigo principal (contra el gobierno de ADLE y sus métodos fascistas), no perder el tiempo ¡organizar ya y no cuando se sufran los primeros golpes!, aprovechar cada éxito obtenido para fortalecer la moral de los luchadores y acumular fuerzas en cada combate porque ninguna revolución ocurre de manera inmediata, sino, que es el producto del aprendizaje político y organizativo de cada huelga obrera, movilización estudiantil, protesta campesina, levantamiento en las principales ciudades y de las grandes Huelgas Políticas de Masas.
Estas son algunas ideas para confrontar al gobierno de ADLE que deben ser sometidas al fuego de la práctica, al fuego de la lucha de clases para determinar si resisten la violenta represión de las clases dominantes y comprobar su vigencia porque son el producto de la experiencia histórica de la lucha de los oprimidos contra sus centenarios enemigos: burgueses, terratenientes e imperialistas.





