Denunciar a los traidores para golpear al sistema

Denunciar a los traidores para golpear al sistema 1

Una vez más, el Pacto Histórico y sus dirigentes le dan la espalda al pueblo y sus intereses al votar a favor de una proposición para que el caso del expresidente y líder del Centro Democrático, Álvaro Uribe, relacionado con las masacres de El Aro y La Granja pasara al Congreso. Esta votación se produjo en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara, donde la propuesta fue aprobada con 15 votos a favor, incluyendo los de partidos como el Centro Democrático, el Partido Liberal, Cambio Radical y Pacto Histórico, lo que permitiría frenar y proteger al expresidente de una posible condena; dado que esa comisión es menos efectiva que la Fiscalía para efectuar una condena, lamentablemente para los 5 congresistas —Gabriel Becerra, David Alejandro Toro, María del Mar Pizarro, Heráclito Landínez y Jorge Bastidas— la Fiscalía rechazó la propuesta —por el momento—.

Para muchos, el nombre que generó mayor sorpresa fue el del secretario general de la Unión Patriótica y dirigente del Partido Comunista Colombiano, Gabriel Becerra. Sin embargo, su voto no constituye un hecho aislado, sino una nueva traición en la larga cadena de desviaciones que el Partido «Comunista» colombiano ha acumulado a lo largo de sus casi cien años de existencia.

¿A qué obedece esta recurrencia? En primer lugar, al progresivo abandono del socialismo científico por parte del PCC, proceso que ha derivado en que su dirigencia sea ocupada por sectores pequeño-burgueses. Estos, actuando como oportunistas conscientes, establecen pactos con los partidos de la gran burguesía para preservar su posición y estilo de vida, a costa de arrastrar a un sector importante del proletariado hacia la conciliación de clases, bajo la falsa promesa de que así llegarán antes de lo esperado al socialismo. Así, el caso de Becerra no es más que una manifestación del oportunismo generado entre otras cosas, por el alejamiento a los principios fundamentales del marxismo, los cuales permiten una concepción clasista, obrera y revolucionaria de la política.

De este modo, tras haber garantizado la presidencia del senado al Centro Democrático, el Pacto Histórico ha logrado poner 5 congresistas en la sala de acusaciones, lo que a su vez significa hacer lo posible para que el proceso de Uribe pase de la fiscalía a la cámara, facilitando así su participación política, y lavando la imagen de Uribe, al ser en cierta medida desplazado como lacayo de la burguesía financiera, los terratenientes y de los intereses de los imperialistas yanquis por Abelardo De la Espriella.   

Las acciones del Pacto Histórico son consecuencia de su propia política de clase, y es que un partido pequeño burgués no puede ser vanguardia de la lucha de los trabajadores. La clase obrera no puede ser un apéndice de la pequeña burguesía, ya que sus intereses les impiden sujetar con firmeza el martillo del proletariado, pues a su vez lustran los zapatos de la burguesía, acercándose al proletariado solo cuando la burguesía los asfixia.

Cuando la pequeña burguesía ha logrado posicionarse en el gobierno, ha actuado como representante de dos clases antagónicas, bajo la premisa de que las divisiones de clase son ilusorias y de que, en realidad, se trata de un mismo pueblo dividido por diferencias culturales, mas no por intereses económicos, ideológicos y políticos.

Los pactos con la burguesía no son algo nuevo para la pequeña burguesía. Dado que la única política que conoce es la política parlamentaria propia del Estado burgués, ante cada derrota tiende a conformarse con las migajas que la burguesía está dispuesta a concederle y a proyectar un futuro en el que las próximas elecciones permitan la reivindicación de su clase y de la clase obrera.

Y así seguirá ocurriendo, porque su posición de clase les impide ver lo que el proletariado percibe con claridad. Por eso personajes como Gabriel Becerra, aun siendo parte de un partido que fue liquidado por orden de la burguesía, son incapaces de sentir lo que sienten las víctimas del paramilitarismo y del Estado burgués. Pero esta ceguera no se debe a que las víctimas no existan, ni a que no haya habido una traición al proteger a quien ordenó la muerte de obreros y campesinos en favor de la burguesía y el imperialismo. Para el proletariado es evidente que estos hechos ocurrieron y que beneficiaron y beneficiarán a la clase dominante, para estos líderes oportunistas el enemigo yace en la llamada extrema derecha, no en el capital y su dictadura.

Hoy, esa extrema derecha la ven representada en De la Espriella y no en Uribe, y son incapaces de aceptar las críticas tras su respaldo a Honorio Henríquez, integrante del Centro Democrático, para la presidencia del Congreso. Ahora dicen que no se trató de un favor político al expresidente Álvaro Uribe, disfrazan sus verdaderas intenciones, porque no logran entender que Abelardo y Uribe son lo mismo: ambos responden a las necesidades del capital y del imperialismo. Si los trabajadores siguen a merced de estos partidos de izquierda reformista y electorera, serán los propios trabajadores quienes más sufran la continuidad del capital. Para el Pacto Histórico la revolución no es una de sus tareas, sus intereses de clase no le van a empujar esta, por eso una vez más como UOC mlm llamamos a los revolucionarios verdaderos a la restauración del Partido Comunista en nuestro país.

El curso del imperialismo y la burguesía no sería posible sin la complicidad activa de los partidos de izquierda que han traicionado la lucha obrera. Por tanto, señalar a los segundos es parte indispensable de la lucha contra los primeros.

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