
El exempleado de Anthropic, Jacob Coxon, realizó una preocupante declaración a través de su cuenta de X el pasado 8 de septiembre. En ella, además de renunciar a la empresa, denunció lo siguiente: «Pasé los últimos tres años haciendo investigación de preentrenamiento tanto en OpenAI como en Anthropic. Ninguna de las dos compañías está actuando de manera responsable. Están corriendo directamente hacia una superinteligencia auto-mejorante y apostando con nuestras vidas».
I resigned from Anthropic today. I spent the last three years doing pretraining research at both OpenAI and Anthropic. Neither company is acting responsibly. They are racing straight to self-improving superintelligence and gambling with our lives. More thoughts below.
— Jacob Coxon (@hilbertspaess) September 9, 2026
Lo denunciado por Coxon no es ajeno a la manera en que se desarrollan todas las industrias en la actualidad bajo este sistema. Pese a ser un mercado y una industria relativamente nueva, se maneja, en esencia, exactamente igual que el resto, con la ganancia por encima de todo, incluso de la vida misma. Y no es que los comunistas estemos en contra de la innovación tecnológica y el avance del conocimiento científico, lo que denunciamos es que cuando se utiliza para la competencia entre los capitalistas en el mercado y no para mejorar las condiciones materiales del pueblo y el desarrollo integral de la humanidad, el resultado solo es más crisis producto de las acciones de la burguesía que, parafraseando a Marx en El Capital «Viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza».
Así las cosas, lo que decimos no es que la Inteligencia Artificial sea algo malo, pues no se trata de una dicotomía entre el bien o el mal, sino que se trata del papel de la IA en el modo de producción capitalista, de quién posee los medios de producción que hacen posible que esta se desarrolle y exista efectivamente, y también de quiénes son los que los operan —programadores, diseñadores, ingenieros, beta testers, técnicos informáticos— los equipos e insumos necesarios. Mientras la IA siga al servicio del capitalismo, será un peligro latente. No así, si por ejemplo, se usa la IA como uno de los instrumentos de la planificación estatal económica de la industria y otros asuntos en el socialismo, facilitando la vida del proletariado y permitiendo el avance de la sociedad socialista hacia el comunismo.

En palabras del mismo Coxon, si la IA « (…) podría matarnos a todos para finales de la década», entonces insistir en el socialismo como única alternativa real al capitalismo no es por capricho, si se insiste en la necesidad de la revolución y no en el reformismo ni en el cretinismo parlamentario no es por dogmatismo, sino que es la consecuencia lógica de la forma en que la formación económico-social se ha desarrollado al punto de que la socialización de los medios de producción no es una opción sino una necesidad para la humanidad, incluida por supuesto aquellos de la industria de las IA para ser puestas en manos de la clase obrera como dirigente de su destino. Las herramientas concentradas en las pocas y ensangrentadas manos de los burgueses siempre tienen como consecuencia última la explotación de las mujeres y los hombres del pueblo, por lo que su liberación siempre debe ser el horizonte estratégico que tome la clase con su Partido Político de Vanguardia a la cabeza. En pocas palabras el problema no es la IA, el problema es que está al servicio del capitalismo.