Frente al gobierno reaccionario, ni resignación ni acciones aisladas: lucha, organización y solidaridad con independencia

Frente al gobierno reaccionario, ni resignación ni acciones aisladas: lucha, organización y solidaridad con independencia 1

En Cali —donde se posesionó el fantoche de la burguesía— el despliegue policial, militar, las restricciones a la movilidad, el sobrevuelo constante de aeronaves policiales y militares en diferentes puntos de la ciudad y la amenaza permanente de represión a cualquier manifestación ha generalizado un ambiente de tensión que se percibe como una afrenta a la ciudad que, desde horas antes de la investidura presidencial al abogado del narcoparamilitarismo, se expresó rememorando la radicalidad con la que enfrentó al régimen de la mafia en 2021.

En Cali, hacia las 5:45 de la mañana, ocho activistas que instalaban una tela con el mensaje «Seremos ingobernables» en el puente de la calle 15 con carrera 26 fueron abordadas por agentes de policía; según las denuncias difundidas, fueron identificadas, requisadas y trasladadas al CAI Junín. En el puente peatonal de Calipso se reportó otra actuación contra dos jóvenes que participaban en una acción semejante y fueron trasladadas a la Estación de Policía El Diamante. En el Puente de los Mil Días, sobre la Autopista Suroriental, otros dos luchadores fueron retenidos mientras realizaban una acción similar; durante aproximadamente 3 horas —según el reporte de derechos humanos— no se conoció su ubicación; hacia las 8:30 de la mañana fueron dejadas en libertad después de labores de verificación y mediación de organizaciones defensoras de derechos humanos. También en Bogotá tres activistas que instalaban una tela con el mensaje «La oposición es el pueblo en las calles», en el Puente de la Dignidad de Usme, fueron detenidas por agentes de Policía; después de verificar su identificación les permitieron retirarse, pero —según la denuncia conocida— posteriormente una patrulla las alcanzó y trasladó a la Estación de Policía Monteblanco.

Estos acontecimientos, para muchos trabajadores, jóvenes y sectores populares vienen acompañados de una sensación que debemos reconocer y analizar: el miedo. Pero, reconocer el miedo no significa someternos a él. Sería equivocado decirle al pueblo y a sus luchadores «No tengan miedo», porque existen razones reales sobre lo que puede ocurrir con la protesta social. Sin embargo, dejar que el miedo se convierta en la orientación política, puede lleva a pensar «Mejor no salgamos», «No hagamos paro», «No protestemos porque nos pueden reprimir», «Confiemos en los congresistas y esperemos a las elecciones para ser mayoría»…

El miedo puede llevar a la inmovilidad, la cual entrega a la clase enemiga la posibilidad de determinar hasta dónde podemos actuar. En cambio, actuar con consciencia y comprender el miedo nos lleva a evaluar nuestras fuerzas, proteger a los compañeros, documentar las actuaciones policiales, construir acompañamiento jurídico y de derechos humanos y decidir colectivamente la forma y la acción de lucha que se corresponde con el nivel de organización y el objetivo político.

Durante los últimos años escuchamos repetidamente que algunas huelgas o protestas independientes podían «hacerle el juego a la derecha». Cuando trabajadores o sectores populares plantearon reivindicaciones propias durante el gobierno de Gustavo Petro, aparecía la advertencia de que la movilización podía afectar al gobierno progresista y fortalecer al uribismo. Así, la movilización popular terminó subordinada a los ritmos de la política institucional, a respaldar una reforma, presionar una decisión del Congreso o acompañar una iniciativa gubernamental.

Ahora, con el gobierno reaccionario, aparece un argumento supuestamente contrario pero con una conclusión similar, «Debemos limitarnos a acciones “pacificas” porque una movilización podría darle al gobierno la excusa para reprimir o recurrir al Estado de Excepción». Antes había que tener cuidado y limitar la forma de cómo se reclamaban los derechos porque podía debilitar al «gobierno amigo»; ahora, hay que hacerlo porque podemos provocar al gobierno enemigo de pueblo. ¿Cuándo existirá un momento apropiado para la lucha independiente de los trabajadores? Si tanto en el «gobierno amigo» como en el gobierno narco-paramilitar siguen los despidos, los cierres de empresas, la precarización, los problemas de salud, educación, las dificultades salariales, las luchas por la tierra, la vivienda…

Hace más de cien años, mientras el movimiento obrero europeo intentaba comprender cómo enfrentar el crecimiento del fascismo, Clara Zetkin luchó contra los sectores reformistas que consideraban tan poderosos a los capitalistas que terminaban aconsejando al proletariado actuar con moderación y abstenerse de «provocar al tigre de la burguesía». La imagen resulta especialmente oportuna en este momento.

Combatir esas ideas que se justifican en el miedo no significa negar el peligro, significa impedir que el peligro nos desorganice. No se trata de salir a provocar al «tigre», ni de buscar enfrentamientos con la Policía por que sí. Una huelga, un paro, una marcha masiva, consciente y organizada representa la fuerza popular. Hay que evitar que el miedo nos obligue a partir de qué nos permitirá hacer el gobierno sin reprimirnos. Lo que tenemos que plantearnos es ¿qué fuerzas tenemos?, ¿qué reivindicaciones nos unen?, ¿cómo incorporamos a más trabajadores?, ¿cómo protegemos a quienes participan?, ¿qué formas de movilización y organización se corresponden? Son dos concepciones políticas completamente diferentes.

El miedo hace el trabajo de la represión desde antes. Si un trabajador ve jóvenes retenidos por desplegar una pancarta, puede pensar «¿Qué podría pasarme a mí si participo?». Si una familia observa un enorme despliegue policial y militar, puede concluir «Mejor no salgamos». Si un sindicato considera que cualquier paro puede terminar en represión, puede descartar la huelga incluso antes de discutir si es necesaria. No hay que detener a miles, pocas acciones pueden conseguir que miles decidan no organizarse.

Pero, existe además otra posibilidad, cuando algunas personas sienten que hay que responder, pero encuentran organizaciones debilitadas o excesivamente pasivas, puede aparecer la tentación de actuar individualmente o mediante pequeños grupos aislados. En los debates de la Internacional Comunista frente al fascismo se insistía en que la alternativa a la pasividad no podía ser la acción de una pequeña minoría separada de las masas; el problema era conseguir que las masas entraran en movimiento y construir su unidad. Necesitamos que esa disposición a defender nuestros derechos encuentre sindicatos, organizaciones juveniles, colectivos barriales y espacios populares donde transformarse en fuerza consciente y organizada.

Es en estos momentos adquiere mayor importancia la construcción de las Asambleas Populares, organismos amplios y democráticos donde los trabajadores y las comunidades puedan encontrarse, comprender lo que está ocurriendo, construir sus propias reivindicaciones y decidir colectivamente qué hacer.

Una Asamblea Popular puede discutir los problemas del territorio, construir una plataforma de reivindicaciones, verificar información, articular sindicatos, trabajadores no organizados, estudiantes, jóvenes y organizaciones barriales. Puede construir redes de solidaridad y acompañamiento jurídico y de derechos humanos. Puede responder colectivamente frente a un despido, una persecución o una vulneración de derechos. Puede organizar una concentración, una movilización, una huelga u otra acción junto a otras organizaciones y asambleas. Y lo más importante, le devuelve al pueblo la capacidad de decidir con independencia.

La movilización no puede existir solamente cuando un gobierno necesita presión popular sobre el Congreso y menos desaparecer cuando otro gobierno amenaza con reprimirla. Los trabajadores necesitan conservar bajo cualquier gobierno sus organizaciones, sus reivindicaciones y su capacidad de acción. ¡Eso es independencia política!

Por eso, la respuesta frente al nuevo gobierno no puede ser la resignación ni la desesperación individual. Necesitamos sindicatos activos, organizaciones juveniles, de mujeres, organización barrial, redes de derechos humanos y solidaridad. Necesitamos construir nuestras propias reivindicaciones y conservar la posibilidad de utilizar las distintas formas de lucha colectiva que los trabajadores han construido heroica e históricamente cuando sean necesarias. No sabemos todavía cuáles serán todas las luchas que tendremos que enfrentar, pero sí sabemos que necesitamos para enfrentarlas con organización.

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