
A más de un siglo y medio de la primera gran toma del cielo por asalto, la Comuna de París no es un recuerdo polvoriento de los libros de historia; es una brújula encendida. En un momento donde el Estado burgués demuestra, con cada crisis y cada masacre, que no es más que un «comité de negocios» de los explotadores; de ahí que volver a las lecciones de 1871, es una necesidad urgente para la vanguardia del proletariado.
El Estado no se reforma, se destruye
La principal enseñanza que Marx, Engels y más tarde Lenin rescataron de la Comuna, y que se recalca con fuerza en los análisis actuales, es que la clase obrera no puede simplemente tomar la máquina del Estado tal como está y ponerla a funcionar para sus propios fines.
El Estado burgués —con su burocracia parasitaria, sus jueces vendidos y sus fuerzas represivas separadas del pueblo— fue diseñado para la opresión. Por lo tanto, el primer paso de la revolución no es «perfeccionarlo» mediante elecciones o reformas, sino romperlo, destruirlo y sustituirlo por algo cualitativamente diferente en un Estado de nuevo tipo.
¿Qué define al Estado tipo Comuna?
La Comuna de París nos dejó el bosquejo de lo que debe ser la dictadura del proletariado. Sus medidas no fueron simples reformas administrativas, sino golpes certeros a la columna vertebral del poder capitalista:
- Sustitución del ejército permanente por el pueblo armado, aboliendo el ejército profesional —esa casta separada de la sociedad— y entregó las armas a los trabajadores. Un Estado que no teme a su pueblo es un Estado donde el pueblo es el soberano real.
- Elegibilidad y revocabilidad. Todos los cargos públicos, desde los administrativos hasta los jueces, deben ser elegidos democráticamente. Pero más importante aún: deben ser revocables en cualquier momento si dejan de representar los intereses de su clase.
- Salario obrero para el funcionario. Para acabar con el arribismo y la burocracia, la Comuna estableció que ningún funcionario podía ganar más que el salario de un obrero calificado. El servicio al pueblo debe ser una tarea de clase, no una carrera para enriquecerse.
- Fin de la división de poderes. Frente al parlamentarismo burgués —donde unos hablan mientras otros ejecutan—, la Comuna fue un cuerpo de trabajo, ejecutivo y legislativo al mismo tiempo.
La vigencia de la Comuna frente a la decadencia burguesa
Hoy, mientras el reformismo nos dice que «dentro de las instituciones» podemos lograr cambios, la realidad nos golpea, el Estado burgués actual es más represivo, más burocrático y antipopular que nunca.
La posibilidad de un nuevo Estado tipo Comuna no es una utopía; es la única salida real a la barbarie capitalista. La crisis actual exige una organización no solo para la resistencia, sino que se prepare para el ejercicio del poder. Necesitamos un Estado que sea la democracia para la mayoría explotada y, simultáneamente, la mano firme que impida el retorno de los explotadores.
¡Estudiar la Comuna para vencer!
La Comuna de París nos enseñó que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos. No vendrá de los palacios presidenciales ni de las urnas burguesas. Vendrá de la organización independiente, de la huelga política y de la construcción de un nuevo poder desde las bases.





