El social-imperialismo de China en África

El social-imperialismo de China en África 1

El presente artículo se escribe con motivo de comprender la naturaleza o, más bien, la esencia de las relaciones internacionales de China en países del continente africano, tales como: Angola, Nigeria, República Democrática del Congo, Etiopía, Kenya y Sudáfrica.

Este tema no es nuevo para el movimiento de «izquierda», al que también pertenecemos los comunistas, pues diferentes organizaciones que gozan de cierto grado de prestigio entre las masas difunden con frecuencia la idea de una supuesta China socialista, antiimperialista, amiga de los pueblos oprimidos del mundo.

Esta lectura de China es, sin lugar a dudas, la más popular y frecuente. Sin embargo, sobre China también hay otro punto de vista, menos popular, ya que implica entender el fenómeno con otros «lentes», los lentes del marxismo, los cuales, lamentablemente son cada vez menos empleados. Comúnmente, como con cualquier fenómeno u objeto, solemos dejarnos llevar por las primeras impresiones visuales, las cuales toman una forma racional al interactuar con el conocimiento previo que poseamos sobre fenómenos u objetos similares.

No obstante, este proceso cognitivo es insuficiente, ya que no nos permite entender al fenómeno o al objeto más allá de nuestras propias limitaciones: así como, a primera vista, al ver una fruta que nunca habíamos visto no podemos saber qué lleva por dentro, cómo son sus semillas o su sabor hasta que la probemos. Así pues, es necesario valernos de herramientas, del conocimiento adquirido por otros y ver la relación que tiene el fenómeno u objeto con otros, separar sus elementos y, rastrear y comprender el porqué de su evolución. Todo esto es necesario, y, pese a que suene complejo, una vez hayamos hecho esto, todo será mucho más claro.

Por eso, nos pondremos los «lentes» del marxismo, y, a través del empleo de conceptos como imperialismo o social imperialismo, los cuales, lejos de ser simples palabras pomposas, nos ayudan a entender el fenómeno económico-político que nos hemos propuesto analizar.

El concepto de «imperialismo» empleado por Lenin, hace referencia a una etapa en la que el desarrollo y poder del capital empuja a los monopolios productivos a buscar nuevas fuentes de materias primas, fuerza de trabajo y mercados, lo que influyó en la política de los territorios ocupados.

Por ejemplo, imagina que, en un país, una empresa se dedica a vender celulares. Con el tiempo la empresa crece tanto que compra todas las tiendas del lugar, pero los dueños e inversores se dan cuenta de que ya no quedan materias primas para explotar, así que deciden ir a otro país con menor desarrollo industrial y explotar sus recursos naturales. En este otro país no existen ese tipo de celulares, lo cual significa que van a haber nuevos clientes. Finalmente, logran pactar con los políticos y diferentes sectores para poder explotar la naturaleza sin restricción y pagando bajos salarios.

Una de las principales características del imperialismo es su tendencia al monopolio, el cual ahoga el libre comercio, socializa la producción y privatiza en mayor escala la ganancia. Para que este crecimiento y exportación de capitales sea posible, el capital bancario se fusiona con el industrial, dando origen al capital financiero, el cual cuenta con poder alrededor de la industria. Así pues, la clase dominante de los países pacta con el capital financiero: el Estado pasa a ser un administrador de negocios comunes al servicio de quien tiene mayor poder económico, lo cual deriva a su vez en un monopolio de poder político.

Por otro lado, el concepto de «social-imperialismo» fue empleado por Mao a mediados de 1960 para denunciar la práctica de explotación llevada a cabo por la URSS en los países del bloque socialista, dinámica de control económico y político que convirtió a la URSS luego de la muerte de Stalin, en un país imperialista que se presentaba a sí mismo como socialista y revolucionario y justificaba su expansión económica, política y militar bajo un discurso internacionalista.

Teniendo esto claro, ¿China es socialista o social imperialista? ¿Y cómo pasó de ser una cosa a otra? Para atender estas preguntas, abordaremos de manera breve aspectos históricos y económico-políticos para poder descifrar la esencia detrás de la política china.

Si miramos atrás en la historia, tras la muerte del presidente Mao el Partido Comunista Chino (en adelante, PCCh) y China dan un viraje en su política, que transforma profundamente sus relaciones económicas nacionales e internacionales, resultado de una pugna al interior del PCCh; entre una facción maoísta y otra anti-maoísta o revisionista, en la cual salió vencedora la facción revisionista, tras un golpe político interno que tuvo como líder a Hua Kuo-Feng y Teng Hsiao-ping, justificado en la necesidad de la creación de una nación grande económicamente y poderosa militarmente, para hacer frente a las amenazas militares de EE. UU. y de la URSS. De este modo, China y el PCCh abandonan la ayuda a las revoluciones antiimperialistas y socialistas del mundo, y se preocuparían por mejorar las relacionales económicas y militares con EE. UU. y la URSS.

Este rumbo dio los frutos esperados a la facción revisionista del PCCh, ya que, sin duda alguna, hoy China cuenta con mayor industria e influencia en el mundo; sus dirigentes aceptan el capitalismo y no se entrometen en asuntos que puedan poner a China en un conflicto directo con EE. UU. A pesar de que ondeen la bandera comunista, es evidente que este movimiento ha quedado enterrado y se limita a algún discurso.

China, como potencia imperialista que es, empieza una disputa indirecta con EE. UU. en diferentes escenarios, entre ellos, África, y, en menor medida, América Latina. Para lograrlo, necesita materias primas, nuevos mercados y fuerza de trabajo que explotar, lo que hoy se encuentra en el continente africano, que concentra grandes inversiones en Angola, Nigeria, República Democrática del Congo, Etiopia, Kenya y Sudáfrica. En estos países, China construye industria, arregla vías, tecnifica puertos y demás, lo que facilita la explotación minera de materiales como el cobalto o el coltán, la obtención de materias primas como la madera y, por supuesto, la explotación petrolera.

Con el propósito de proteger estas inversiones y nuevas rutas comerciales, China ya cuenta (hasta donde se sabe) con una base militar en África, inaugurada en 2017 en Yibuti, la cual presta ayuda logística y naval a la armada China, sin embargo, no es la única base militar de algún país imperialista, pues, en este también se encuentran bases militares de EE. UU.  y Francia, lo que convierte a este territorio en un escenario de disputa económica que podría escalar en el terreno militar.

Los trabajadores de Yibuti que ven cómo, no solo su fuerza de trabajo, sino que también sus recursos son explotados por potencias imperialistas, deben organizarse y luchar contra estas fuerzas, que, además ya cuentan con presencia militar en su territorio. En este contexto, distintos sectores de la clase trabajadora —no solo en África, sino también en América Latina y Asia (incluida China)—, más temprano que tarde, intensificarán su rechazo al social imperialismo chino.

De este modo, si tu organización de izquierda o «comunista», te dice que China es bastión del socialismo y del antiimperialismo, desconfía y rebélate ante los dirigentes que hoy le lavan la cara al imperialismo chino.

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