
El 5 de mayo de 1818 nació en la ciudad de Tréveris, Alemania, el gran revolucionario y maestro del proletariado Karl Marx, y murió el 14 de marzo de 1883 en Londres, Reino Unido. En un nuevo aniversario de su natalicio y fallecimiento, y teniendo presente los tiempos convulsos en los que nos encontramos, es importante resaltar uno de los principales aspectos de su pensamiento: el internacionalismo proletario, principio que sigue siendo central para la tradición socialista.
El internacionalismo proletario parte de la premisa de que el capitalismo es un sistema mundial. Marx señaló que el mercado y la acumulación de capital no reconocía fronteras nacionales. «La burguesía –dice Marx junto con Engels en el Manifiesto del Partido Comunista-, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza». Por tanto, si el capital opera de manera global, la clase obrera no puede limitar su lucha al marco estrecho de los Estados nacionales.
Precisamente, al final del Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels expresan el internacionalismo proletario en la conocida consigna: «¡Proletarios de todos los países, uníos!». No se trata de un llamado abstracto a la fraternidad de los pueblos, sino, de una estrategia política en donde la clase obrera de los distintos países tiene en común las condiciones de explotación y por consiguiente posee unos objetivos e intereses comunes frente a la burguesía mundial. El internacionalismo es una respuesta al capitalismo.
Por lo anterior, parte de la lucha que libró Marx junto a sus camaradas consistió en construir una organización internacional que reuniera a los obreros de todos los países, al menos los de Europa y América del Norte, para luchar contra los gobiernos de sus propios países, para coordinar la acción unitaria de la clase obrera y practicar en los hechos la solidaridad internacional: la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional en 1864.
Frente al nacionalismo
Una de las cuestiones que ha suscitado debate en el seno del movimiento comunista es la posición a adoptar frente al nacionalismo. La posición de Marx, de Engels, y del marxismo revolucionario en general, está consignada en una frase del Manifiesto Comunista: «Los obreros no tienen patria». Esto se justifica, primero, porque la clase obrera es internacional. Además, que la «nación» es una abstracción, pues dentro de cada nación, y a diferencia de lo que ocurre con la clase, existen diferentes intereses y objetivos, no es lo mismo los intereses de la clase obrera colombiana que los intereses de los burgueses y terratenientes colombianos.
Segundo, el nacionalismo es un instrumento en manos de la clase dominante para dividir a la clase obrera. Los discursos patrióticos y chovinistas han servido para movilizar a los trabajadores para que se maten entre sí por intereses ajenos, o para incentivar ideas reaccionarias y prejuicios xenófobos entre las masas. Esas ideas nacionalistas, chovinistas, echan tierra sobre los ojos de los obreros y hacen que su mirada se desvíe del conflicto fundamental de la sociedad capitalista que es entre el capital y el trabajo, y no entre una nación frente a otra.
Ahora bien, es cierto que los comunistas revolucionarios no debemos ser indiferentes ante la cuestión nacional, a la lucha de un pueblo oprimido por lograr su independencia y soberanía. Debemos diferenciar entre el nacionalismo de gran nación, chovinista y que es reaccionario, al nacionalismo de nación oprimida, que es progresista y puede contribuir a la revolución. Pero nuestro apoyo a la lucha antiimperialista de los pueblos oprimidos parte de nuestra oposición al sistema imperialista como revolucionarios y no de una reivindicación del nacionalismo. Los comunistas luchamos por un mundo sin fronteras nacionales.
Ante un mundo en crisis, enarbolar el internacionalismo proletario
Actualmente, el capitalismo se ha extendido en casi toda la Tierra. En una situación de preparativos de una nueva guerra mundial interimperialista recuperar las banderas del internacionalismo proletario es una necesidad y obligación para cada obrero, para cada revolucionario consecuente.
Las crisis económicas, el hambre mundial, la destrucción acelerada de la naturaleza, el desempleo galopante, las guerras reaccionarias, el recorte de libertades y derechos políticos, la violencia contra la mujer, y muchos otros males sociales, son producto de este sistema capitalista que nos explota y oprime en todo el mundo. Debemos darle sepultura a este sistema y para ello debemos unirnos junto a los trabajadores de todos los países para coordinar nuestra lucha contra un enemigo común, de lo contrario:
«el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes países y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados».





