Las Asambleas Populares y la construcción del nuevo poder

Imperialism has no salvation: the proletarians must bury it!

Vuelve a ponerse al orden del día la realización de las Asambleas Populares como respuesta a la voracidad de las clases parásitas dominantes, que pretenden seguir sumiendo en la superexplotación, el hambre y la miseria, la guerra y la muerte a quienes todo lo producen, destruyendo a su paso la naturaleza.

No podía ser de otra forma, pues las reformas propuestas por el Gobierno de Gustavo Petro, quien se comprometió en campaña a cumplir con las exigencias del levantamiento popular del 2021, han sido mutiladas en la mayoría de las medidas que beneficiaban al pueblo, y aun así las clases dominantes se han propuesto hundirlas en el Congreso, y desde los sectores más retardatarios de la mafia uribista están orquestando además un golpe de Estado. Todo cuanto ha ocurrido desde la posesión de Petro es una demostración palpable del fracaso del llamado acuerdo nacional, es la confirmación de la podredumbre del Congreso y demás instituciones del Estado. En resumidas cuentas, es el fracaso de pretender resolver desde arriba y por voluntad de los ricos la terrible situación de los pobres.

Una realidad frente a la cual el propio presidente se vio obligado a llamar a organizar las Asambleas Populares desde el año pasado para presionar desde abajo y ahora propone darles el carácter de Asamblea Constituyente. El Primero de Mayo, en su intervención dijo en la plaza de Bolívar: «Salir a las calles, a los barrios, a organizar el poder constituyente, es organizar las asambleas populares en todos los lugares de Colombia, no solo para detener un golpe, sino para proponer y hacer en realidad los grandes cambios de este país que lo necesita».

Así, contra las ilusiones que habían sembrado de cambiarlo todo desde arriba y por las buenas, todos los reformistas, desde el presidente hasta los falsos comunistas que hoy ocupan ministerios, se han visto obligados a reconocer la necesidad de la organización, la movilización y la lucha, solo que para seguir presionando desde abajo su fracasado acuerdo nacional, como dejó expreso Petro en el mismo discurso: «Yo propongo poner las palabras de las reformas, las palabras que le abran de verdad, verdad, las oportunidades a la gente, las palabras de la historia, las palabras constituyentes con el voto popular. Propongo que se escriban en un gran acuerdo nacional, que por fin cierre la puerta de la ignominia, la puerta de la violación de los derechos, la puerta de la violencia en la historia y nos abra la puerta popular».

Por su parte, los comunistas desde el portal Revolución Obrera, pronosticaron desde la posesión del presidente el fracaso del tal acuerdo nacional, y por los propios hechos va quedando cada vez más claro, que el único camino para conquistar las reivindicaciones populares es el de la unidad, la movilización y la lucha directa de los pobres contra los ricos holgazanes y el Estado.

Por esa misma razón han alentado siempre al pueblo trabajador a persistir en el camino de la lucha directa y a retomar, impulsar y organizar las Asambleas Populares. No por deseo voluntarioso, sino aprendiendo de las lecciones del levantamiento popular del 2021 que creó estas formas de organización como embriones del Poder Popular en oposición al poder de burgueses, terratenientes e imperialistas, y en una forma también rudimentaria de un nuevo gobierno opuesto al de la mafia uribista, por aquellos días en cabeza del títere Iván Duque.

Como vemos, las Asambleas Populares y el Poder Popular vuelven a ponerse de moda, pero debemos escudriñar qué entienden unos y otros y qué pretenden, porque evidentemente hablamos de cosas distintas.

Para el reformismo en cabeza del presidente Petro y su seguidores de la Coordinadora Nacional por el Cambio, de la cual hacen parte los jefes de las centrales sindicales CUT, CGT y CTC, repudiados por traidores del levantamiento popular del 2021, y otras organizaciones y movimientos sociales y políticos, su idea de las asambleas populares y del poder popular está enmarcado en reverenciar el Estado reaccionario; es decir, en la sumisión y defensa de la máquina estatal que creen imparcial, y que se puede cambiar desde adentro, pero que en realidad ejerce el poder de las clases enemigas del pueblo y los imperialistas, cuya función es defender a sangre y fuego los intereses y privilegios de las clases explotadoras e impedir mediante la fuerza la rebelión de los explotados y oprimidos.

Para los revolucionarios ese “poder popular” del que habla el reformismo, es de mentiras y puede ser reconocido, legitimado y amparado por los explotadores porque no atenta contra su poder económico, político y militar, y por tanto no cambia las condiciones de los explotados y oprimidos.

No es un problema de palabras sino de hechos y verdades aprendidas con sangre en la historia republicana colombiana y expresado así en el Programa de los Comunistas:

El Estado no es imparcial ni está por encima de las clases, ni al margen de su lucha como pregonan los falsos amigos del pueblo. En Colombia, el Estado es de carácter burgués, está en manos de la burguesía, los terratenientes y sus socios imperialistas, como máquina de opresión y dominación al servicio exclusivo de sus intereses de clase, y como arma de explotación de las clases oprimidas. Es un Estado burgués terrateniente y proimperialista, que durante toda su existencia ha utilizado la violencia reaccionaria para defender los intereses de clase de una minoría explotadora y ha ahogado en sangre todo grito de rebeldía de las masas trabajadoras.

Sin ir muy lejos y para demostrar esta verdad, están los hechos ocurridos en el Paro Nacional del 2019, en el estallido contra la brutalidad policial en el 2020, y los muertos, mutilados, torturados y encarcelados en el levantamiento popular del 2021 aún siguen frescos en la memoria del pueblo, como siguen frescas las promesas de Petro de desmontar el ESMAD y liberar a los prisioneros.

Por eso es un engaño hablar de Poder Popular y ocultar la necesidad histórica de destruir el viejo poder, de destruir el Estado de los explotadores, destruirlo con todo su ejército —militar y paramilitar—, con toda su policía, con todo su aparato gubernamental de politiqueros y funcionarios, con todos sus jueces y carceleros, con todos sus curas, brujos y pastores… como también afirman sin tapujos los comunistas en su programa.

De ahí que cualquier cambio en el Estado, de personas e instituciones, e incluso una nueva constitución, no será más que un cambio cosmético, pues mientras siga incólume el poder del capital este seguirá ejerciendo su dictadura contra el pueblo, como demuestra la experiencia reciente en los países vecinos.

Igualmente, el papel que les otorgan los reformistas a las Asambleas Populares es para respaldar el trapicheo politiquero en el Congreso y presionar las componendas por arriba. Es decir, no son instrumentos del poder popular, con capacidad de decisión y ejecución de su mandato, sino contrapesos en las disputas gubernamentales, y por tanto incapaces para satisfacer las exigencias del pueblo e impotentes para frenar o responder a un golpe de Estado.

Por el contrario, los revolucionarios concebimos las Asamblea Populares, no para que sean convertidas en un parlamento paralelo al de los parlanchines del Congreso, no para suplicar limosnas a los ricos holgazanes ahítos, ni para pedir clemencia a los despiadados enemigos del pueblo, sino para organizar la lucha común de todos los explotados y oprimidos, y como un nuevo y verdadero poder del pueblo, legislativas y ejecutivas al mismo tiempo y no sometidas a ningún otro poder: ni al Estado de los explotadores ni a ningún Gobierno.

Esa fue la creación más revolucionaria de las masas en el levantamiento popular del 2021. Iniciativa embrionaria pero que trazó el camino para avanzar, pues a pesar de surgir espontáneamente, actuaron desde el principio mismo contra el régimen mafioso y el gobierno de Duque, contra el Estado burgués y todas sus instituciones: discutieron, aprobaron y ejecutaron sus decisiones amparadas en sus propias fuerzas y recursos. Es decir, se convirtieron de hecho en instituciones legislativas y ejecutivas al mismo tiempo. Un nuevo poder surgido por la iniciativa creadora de las masas que no pudo ni podía mantenerse por mucho tiempo, pues sus creadores no comprendían la magnitud y el significado de su propia invención, ni la mayoría de los revolucionarios tuvieron la capacidad de asimilar esta experiencia, y quienes la comprendieron no tenían la influencia y la fuerza suficientes para hacerla consciente y generalizarla a todos los rincones donde se batían las fuerzas de la rebelión popular contra el régimen mafioso, las clases dominantes y su Estado.

No son inventos de soñadores sino hechos palpables y tangibles que aún viven en la memoria y no deben olvidarse, descritas así en un informe de la lucha de clases en Colombia, publicado en Revolución Obrera en junio del 2021:

Una hermosa sinfonía de acciones y voces impulsan el florecer de formas embrionarias del nuevo poder: que hace valer las decisiones tomadas en las Asambleas; que organiza la seguridad de los combatientes, los suministros de alimentos y la atención a los heridos; que bautiza zonas, calles, avenidas, puentes y parques con el nombre de los caídos o rindiendo homenaje a la resistencia, a la lucha y a la dignidad; que enaltece la lucha y condena el régimen de muerte en los gigantescos murales artísticos y en el pavimento; que hace rodar las estatuas y monumentos de los “héroes” de la reacción representantes de la antigua esclavitud y del oprobio… es la sinfonía de los de abajo, de los que no tienen ya nada que perder, porque hasta el miedo se ha ido evaporando y, por el contrario, empiezan a avizorar un futuro mejor construido con sus manos, un nuevo mundo que ganar.

Es de esas Asambleas Populares y de ese Poder Popular del que hablamos los revolucionarios, necesarios ahora y con mayor conciencia para frenar o responder al golpe de Estado y conquistar, con un nuevo Paro Nacional, los bloqueos y el combate en las calles, las reivindicaciones del levantamiento Popular que el presidente prometió resolver pero que los verdaderos dueños del poder no están dispuestos a ceder.

Ahora mismo, algunos revolucionarios, organizaciones y movimientos sociales y políticos, están preparando una Asamblea Nacional Popular para 13 y 14 de julio, la cual respaldamos y llamamos a los demás revolucionarios y organizaciones populares a apoyar, porque se necesita con urgencia unir en uno solo torrente la lucha dispersa que llevan cabo los obreros, campesinos, indígenas, juventudes, estudiantes, mujeres y demás sectores populares. Una Asamblea Nacional Popular que, con independencia del Estado y el Gobierno, tendrá que pronunciarse en contra del golpe de Estado, recoger las reivindicaciones y banderas populares, manifestar su rechazo a los preparativos de guerra mundial y su solidaridad con los pueblos agredidos, especialmente con el pueblo palestino; a la vez que trazar las tareas comunes de lucha, y ejecutar sus decisiones y mandatos, organizándose de acuerdo a sus propósitos.

No ocultamos que las Asambleas Populares y la construcción del nuevo poder desde abajo que proponemos sirven de entrenamiento y preparan a los trabajadores para derrocar con la violencia el poder de los capitalistas, terratenientes e imperialistas. Porque no se puede perder de vista que, si bien la situación exige mitigar las más urgentes afugias, la cura definitiva a los grandes problemas del pueblo y la sociedad colombiana, no es posible reformando el capitalismo y muchos menos impulsándolo, ni manteniendo la vieja máquina estatal de los explotadores, como propone el presidente Petro y sus seguidores.

En ese sentido las Asambleas Populares y las tareas de lucha que resuelvan, se convierten en escuela para los combates decisivos, que conducen a destruir el viejo y podrido Estado de los ricos explotadores, a expropiar a los expropiadores, a expulsar a los imperialistas y a establecer y legitimar el nuevo Poder Popular, la democracia directa de los trabajadores del campo y la ciudad, amparada en el pueblo armado.

Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)
31 Mayo 2024

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