En el caso de Karen Santos: Yo sí me meto en esas peleas

En el caso de Karen Santos: Yo sí me meto en esas peleas 1

Para las compañeras y compañeros que no están muy enterados de la «cosa política», desde hace unas semanas rueda por las redes y la prensa uno de los tantos escándalos que aparece todos los días en el seno del gobierno de Petro, y que la prensa burguesa investiga y le da publicidad con una agilidad, que a uno le hubiera gustado que así actuaran en los gobiernos anteriores, donde los escándalos eran iguales o peores.

El alboroto de esta ocasión gira en torno a una lujosa casa en Lagos de Caujaral, entre Barranquilla y Puerto Colombia, adquirida por Armando Benedetti. La controversia se debe al elevado costo de la propiedad, al historial de sus dueños —entre ellos Alex Saab, cercano a Maduro—, y al reciente allanamiento realizado por la magistrada Lombana, un hecho inusual desde el punto de vista jurídico. A esto se suma que el anterior propietario, Ricardo Leyva, empresario del espectáculo, afirmó en una entrevista que entregó la vivienda a Benedetti mediante un trueque por el apartamento del ministro, asegurando que en ese momento atravesaba una profunda depresión y estaba al borde del suicidio tras ser abandonado por su esposa, Karen Santos, en junio de este año.

Y por fin llegamos a lo que nos interesa tratar en este artículo, la denuncia por violencia machista que presentó Karen Santos en contra de su expareja Ricardo Leyva y que se conoció por la revista Cambio, quien le hizo una entrevista, publicada el domingo pasado. 

Esta mujer que hace parte de las clases dominantes, fue brutalmente golpeada de forma sistemática por un burgués, alcohólico, que como dice ella en la entrevista, era un santo en sano juicio y un monstruo cuando estaba borracho. La mujer vivió realmente un infierno (se puede apreciar por el video que autorizó publicar), al igual que miles de mujeres, ya sean de la pequeña burguesía o de la clase obrera. El miedo experimentado por Karen Santos cuando suplicó que no la lastimara más, mientras el agresor la responsabiliza por su agresión, no debería sentirlo ninguna mujer.

Es cierto que las mujeres de las clases dominantes, no se solidarizan con las mujeres del pueblo en su lucha contra la doble opresión y la doble explotación capitalista, pero es un hecho objetivo que la violencia machista nos une a todas las mujeres, como también que dicha violencia tiene su origen en el surgimiento de la propiedad privada y las mujeres burguesas defienden su derecho a la propiedad privada, es por ello que se solidarizan con sus hombres burgueses para mantener sus privilegios de clase. Pero sería muy tonto, me refiero a no ser audaz políticamente, en no solidarizarse, con lo que tenemos en común con las mujeres de la burguesía, e incluso a llamarlas a traicionar su clase y a unirse a la causa de la emancipación de la mujer, destruyendo este sistema que no le sirve al conjunto de la humanidad, claro, lo más seguro es que no lo hagan todas y no sembramos nuestras esperanzas en ello, pero una que otra podrá entendernos y unirse a esta causa.

Sumado a este hecho, el lunes el presidente Gustavo Petro se pronunció en su cuenta de X con respecto a la denuncia de la señora Karen Santos diciendo que: «Yo no me meto en esas peleas. De ahí solo se sale aruñado por todas partes», frase que expresa la actitud normalizada por toda la sociedad, de que la violencia intrafamiliar es un problema que se trata de puertas para dentro el cual no se ventila, postura, que no es solamente del presidente, sino incluso de los revolucionarios y comunistas.  

La violencia machista, por muchos años se consideró válida hasta por las mismas mujeres, pues al fin y al cabo se reprodujo por siglos hasta normalizarse que las mujeres debían ser reprendidas, la religión las culpó del pecado original, la democracia burguesa las desconoció, hasta la ciencia las invalidó, en fin el hecho es que como dije, hasta las mujeres se lo creyeron, así que incluso meterse en una pelea de pareja podía ser reprochado por la misma mujer, hechos que les sirven a «los Petro» para decir que «de ahí solo se sale aruñado por todas partes».

Lo que debemos comprender es que la violencia contra la mujer y los niños, es un problema de todos y que la no intervención —así la mujer por su misma sumisión la rechace— ha facilitado los feminicidios e infanticidios, los cuales vienen en crecimiento, en la medida en que la crisis del sistema se agudiza y la reacción se propaga como plaga en toda la sociedad, siendo los más débiles los afectados.

No se puede seguir difundiendo la idea de que el maltrato psicológico y físico hacia las mujeres es un problema del hogar el cual no debe ser expuesto, no se puede permitir que no se rechace la violencia contra la mujer y no se intervenga. Desde las instituciones del Estado, hasta cada persona en sus lugares de trabajo, en el barrio, en el colegio, debe condenar toda forma de violencia contra la mujer y buscar la forma de proteger a las mujeres que están en peligro, asunto que comienza con la misma educación hacia ellas, para identificar las banderas rojas hasta romper con el sometimiento ideológico existente sobre violencia machista.

En cuanto al presidente Petro, pues ya ha demostrado su total incomprensión sobre el problema de la mujer, y no será el reformismo el que garantice unas mejores condiciones para las mujeres, pues además de sus limitaciones ideológicas, su posición en cuanto a perpetuar el capitalismo, lo que supone perpetuar la opresión hacia la mujer, no conduce a nada.

Las mujeres del pueblo necesitamos organizarnos, hay que crear los comités femeninos revolucionarios y junto a nuestros hermanos de clase unirnos para exigir unas mejores condiciones económicas y sociales que nos permitan avanzar en la lucha por la emancipación definitiva, es decir, por la destrucción del capitalismo.

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