
Por: David Pueblo
La clase obrera, los campesinos pobres, los indígenas, incluso la pequeña burguesía de los países latinoamericanos, debe considerar esta posibilidad en serio, pues la destrucción sistemática de Gaza, el asesinato de cientos de miles de inocentes y el desplazamiento forzado de una población no son un fin en sí mismos, son la manifestación más brutal de un plan expansionista que, si no se detiene, arrasará más temprano que tarde con otro pueblo, pues el imperialismo no conoce de límites geográficos. Lo que ocurre hoy en la Franja de Gaza es el laboratorio de un proyecto que amenaza la soberanía y la existencia misma de todos los países, no solo de la región en la que se encuentra la Palestina ocupada, el límite no es el Nilo ni el Éufrates, hoy el imperialismo y el sionismo tienen sus ojos puestos sobre la Patagonia y el Amazonas.
En Argentina, por ejemplo, el lacayo del imperialismo yanqui-sionista Milei, busca a través de diversas leyes permitir la venta de tierras incendiadas y su compra por parte de extranjeros, curiosamente tras devastadores incendios que han consumido más de 60.000 hectáreas, según diversas fuentes la mayoría de estos incendios han afectado principalmente a la Patagonia, lo que permitiría que esta zona se convierta en un satélite directo del sionismo, que sirva de refugio a los colonos, quienes por un lado temen que continúen los golpes militares por parte de Irán y grupos armados antisionistas, y por otro, continuando así su proyecto expansionista de forma silenciosa, aprovechando las relaciones políticas que han establecido con la burguesía de cada país y continente.
En la ciudad de Cusco en Perú, durante 2024, turistas sionistas agredieron a manifestantes que alzaron su voz por Gaza y en respaldo a la lucha del pueblo palestino, los sionistas suelen elegir estos y otros destinos tras haber prestado el servicio militar, por lo que recorren el continente con la sangre fresca de los palestinos en sus botas. Además, tras el triunfo electoral de Keiko Fujimori, el ministro de exteriores del llamado «Estado de Israel» Gideon Saar, felicitó su llegada al gobierno de Perú, y enfatizó el hecho de que esta victoria fortalecerá los lazos ya establecidos y promoverá otros acuerdos en búsqueda de un beneficio común.
En Colombia, la relación con el sionismo se remonta al siglo XX, tras reconocer a Israel como Estado a mediados de 1949 se establecieron relaciones diplomáticas con este a finales de 1957, unos años después, con ayuda de la CIA se implementó una estrategia militar, con el propósito de enfrentar la subversión a través del armamento de civiles, lo que fue el catalizador del paramilitarismo en el país. El papel que jugó Israel durante este tiempo ‒hasta donde hemos podido investigar‒ se limitó en un primer momento a la venta de armamento, lo que derivó después en el asesoramiento sobre cómo hacer frente a un conflicto militar.
Bajo el gobierno de Uribe esta relación se fortaleció, hoy el interés de Abelardo es recuperar y profundizar esas relaciones, por lo cual, todo el arsenal militar e ideológico del sionismo comandará la arremetida que piensa orquestar Abelardo de la Espriella, con esto el imperialismo y sus lacayos buscan garantizar la super explotación de la naturaleza y de la clase obrera.
Por eso tenemos una gran batalla ante nuestros ojos, y para hacerle frente necesitamos una perspectiva clara de las cosas, una perspectiva que permita no solo conocer al enemigo y sus redes de financiamiento, sino, las formas en las que se le puede y debe enfrentar. El éxito de la clase obrera sobre sus enemigos reside en qué tan exacta sea la perspectiva que ilumina la acción de las masas, pues ninguna revolución alcanza el éxito sin una perspectiva revolucionaria de los hechos, además de su unidad y organización revolucionaria.
La orientación nuestra para la batalla es el paro de la producción y del levantamiento popular, preparado y organizado desde las Asambleas Populares concebidas como órganos de poder directo de las masas, la conformación de grupos de choque, y la conformación de destacamentos armados del pueblo, porque las masas en Colombia no son las mismas después del paro nacional de 2019 y el levantamiento popular del 2021, y ahora es necesario responder llevando a la práctica la experiencia acumulada, que incluye acelerar el trabajo por la restauración del Partido Comunista Revolucionario de Colombia.






