El 21 de mayo día de la afrocolombianidad recordamos la lucha de los pueblos negros

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Hoy, 21 de mayo, se conmemora el Día Nacional de la Afrocolombianidad. El origen de este día se remonta al 21 de mayo de 1851, cuando el entonces presidente de la República de la Nueva Granada (hoy Colombia), José Hilario López, firmó la Ley de Abolición de la Esclavitud. Con este acto legal se declaró formalmente la libertad de todas las personas esclavizadas en el territorio nacional, ley que entró en vigor el 1 de enero de 1852, es decir, más de 7 meses después. Ni siquiera Simón Bolívar, idolatrado por aquellos reformistas que defienden el llamado «Socialismo del Siglo XXI» fue capaz de decretar la libertad de los esclavos. A lo máximo que llegó el llamado Libertador fue a que el 21 de julio de 1816, Bolívar suscribiera una disposición de «libertad absoluta», pero la restringe en el Artículo Tercero del Decreto que decía: «El nuevo ciudadano que rehúse tomar las armas para cumplir con el sagrado deber de defender su libertad, quedará sujeto a la servidumbre, no sólo él, sino también sus hijos menores de catorce años, su mujer y sus padres ancianos.» Es decir, aquellos negros que no se enrolaran en el ejército continuarían siendo esclavizados, y además de ellos, su prole y sus padres.

Tuvieron que pasar más de 40 años desde el 20 de julio de 1810 para que se firmara una ley, que por lo menos en el papel, aboliera la esclavitud. Y pasaron casi 150 años para que este hito se institucionalizara como una fecha oficial en el calendario nacional. Apenas en el año 2001, el Congreso de la República expidió la Ley 725 estableciendo formalmente el 21 de mayo como el Día Nacional de la Afrocolombianidad.

Los más de 300.000 esclavos que ingresaron a Colombia por el puerto de Cartagena de Indias entre los siglos XVI y principios del XIX, llegaron desde la Alta Guinea, Senegambia, Congo, Angola y desde la Costa de Oro o de los Esclavos, todos sitios ubicados en el continente africano. Muchos de los esclavos no alcanzaron a llegar al puerto colombiano porque eran asesinados cuando los intentaban capturar en África; morían en las bodegas de los barcos donde viajaban hacinados, con grilletes y rodeados de desechos que los enfermaban de disentería, escorbuto, viruela o se suicidaban lanzándose al mar; también, muchos que llegaron a Cartagena murieron a causa de desnutrición y nuevas enfermedades. En la Nueva Granada eran sometidos a trabajos durísimos como:

  • Minería de aluvión con labores como la extracción de oro en los ríos, bateo y excavación de vetas y trabajo físico extremo con agua hasta la cintura en Chocó, Antioquia y Cauca (Popayán).
  • Agricultura y Ganadería con labores como la siembra y procesamiento de caña de azúcar, tabaco, cacao y manejo de hatos ganaderos en grandes haciendas en el Valle del Cauca, planicies del Caribe y Huila.
  • Boga y Transporte con labores como la operación de los champanes (embarcaciones) para transportar mercancías y pasajeros contra la corriente en el río Magdalena (principal arteria comercial).
  • Servicio Doméstico e Infraestructura con la construcción de las murallas y fortificaciones, albañilería, culinaria, lavandería y nodrizas en las casas coloniales en los centros urbanos (Cartagena, Santa Marta, Bogotá, Tunja).

Vale aclarar que por realizar estos trabajos no recibían un pago o salario porque los esclavos eran considerados un bien o propiedad más de sus amos. Sin embargo, en contadas excepciones, en minas del Pacífico y Antioquia les permitían trabajar para sí mismos los domingos o los días de fiestas religiosas, el oro que extraían les pertenecía y con ello podían comprar su propia libertad o la de sus familiares, lo que se llamó manumisión. En Cartagena algunos amos alquilaban a sus esclavos a terceros y del pago que les hacían a sus propietarios, los esclavos recibían una mínima parte para comprar comida o vestuario.

Destacamos la resistencia de los pueblos negros en Colombia en contra de la esclavitud. El método más efectivo fue la fuga organizada. Quienes lograban escapar de sus amos eran llamados cimarrones y se internaban en selvas y montañas inaccesibles para fundar comunidades fortificadas llamadas Palenques. Un jefe destacado en la lucha por la libertad de los pueblos negros en Colombia fue Benkos Biohó quien a finales del siglo XVI lideró una fuga masiva en Cartagena y fundó el Palenque de San Basilio. Construyó un ejército tan eficiente que la Corona española, incapaz de derrotarlo militarmente, firmó un tratado de paz en 1603 reconociendo la autonomía y libertad del palenque. Aunque Biohó fue traicionado y ejecutado en 1621, el Palenque sobrevivió, convirtiéndose en el primer pueblo libre de América.

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Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) basadas en los seguimientos de calidad de vida y censales, la población Negra, Afrocolombiana, Raizal y Palenquera (NARP) oscila entre 3 y 4,7 millones de personas, representando aproximadamente entre el 6,7 % y el 9,3 % del total de la población nacional. Las mayores concentraciones se encuentran en la región del Pacífico (Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño), la región Caribe (Bolívar, Atlántico, Magdalena), el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (comunidad raizal), y en grandes centros urbanos receptores de migración como Cali, Bogotá, Medellín y Barranquilla.

A pesar de los avances normativos, como la histórica Ley 70 de 1993 que reconoció la propiedad colectiva de las tierras de las comunidades negras y promovió la etnoeducación, la realidad es que es necesario hacer cumplir esa ley. Cerca del 74 % de la población NARP se encuentra en el régimen subsidiado de salud, lo que refleja una inserción laboral predominantemente informal. El acceso a educación superior de calidad y a servicios públicos domiciliarios estables sigue rezagado en los territorios ancestrales, como, por ejemplo, en el Chocó. Las comunidades afrocolombianas, particularmente en las cuencas de los ríos del Pacífico y en zonas rurales del Caribe, continúan sufriendo de manera desproporcionada los impactos de la guerra contra el pueblo, el desplazamiento forzado y el confinamiento debido a las disputas territoriales de grupos ilegales por rutas de narcotráfico y minería ilegal.

Es necesario destacar la lucha del pueblo negro por salud, educación, vivienda, trabajo, servicios públicos, vías…que al final es la misma del pueblo colombiano en general. Rechazamos el racismo del que es víctima esta parte del pueblo y llamamos a la clase obrera a no caer en este hecho aberrante de discriminación que viene de épocas antiguas en las que la población negra era esclava y, por el contrario, es necesario unir fuerzas para desterrar el racismo propio de una sociedad burguesa caduca, que ya no tiene nada que ofrecerle a la sociedad.

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