
Ante tiempos tan confusos como convulsos, en los que vemos cómo el pueblo de Venezuela fue víctima de un ataque despiadado, en los que nos quieren hacer creer que quienes les lanzan bombas es porque quieren llevarles libertad a secas, esa «paz a través de la fuerza» que proclama Pete Hegseth (Secretario de guerra de los Estados Unidos), y en los que vemos cómo una vez más la llamada «comunidad internacional» y sus organizaciones intergubernamentales se quedan de brazos cruzados, se hace más que necesario aproximarse a la situación geopolítica con sensatez y franqueza.
Inicialmente los efectos del atentado terrorista de Donald Trump contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, al menos al transcurrir los primeros días después de los hechos nos permite ver en su discurso imperialista las verdaderas motivaciones detrás de lo que el Estado Mayor Conjunto de EE. UU. denominó oficialmente como Operación Resolución Absoluta: «Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, gasten miles de millones de dólares (…) y empiecen a generar dinero para el país, y estamos listos para lanzar un segundo ataque mucho mayor si es necesario (…) no vamos a gastar dinero, las compañías petroleras van a entrar y ellas serán las que inviertan, vamos a recuperar el petróleo que, francamente, debimos haber recuperado hace mucho tiempo, hay mucho dinero saliendo del subsuelo, nos van a reembolsar todo eso, nos van a devolver cada dólar que gastemos», afirmó Trump en rueda de prensa la mañana del 3 de enero evidenciando que, el interés de su gobierno nunca fue luchar contra el narcotráfico (de hecho el Departamento de Justicia de EE. UU. concluyó que el «Cartel de los Soles» no existe), ni mucho menos brindarle mejores condiciones de vida a la población venezolana. ¡No! El interés del imperialismo en Venezuela siempre ha sido expoliar su petróleo entre otros recursos naturales y su fuerza de trabajo barata.
Los esfuerzos estadounidenses por controlar la explotación del petróleo venezolano tienen un origen mucho más profundo. En 2023 el Departamento de Energía de los Estados Unidos informó que la producción de petróleo de esquisto caerá antes del 2030, por lo que EE.UU. podría sufrir su peor crisis energética desde 1973 y documentos filtrados del Pentágono entre 2022-2024 revelan que Estados Unidos planea imponer en la Faja Petrolífera del Orinoco, la reserva de petróleo extrapesado más grande del planeta (ubicada en Venezuela), una «zona energética especial» manejada por empresas imperialistas yankis.
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, que en unidad de medida se estiman en más de 300 mil millones de barriles, ¡lo que en términos prácticos significa más de 48 billones de litros de petróleo bajo el suelo venezolano!, además de albergar en general el 24,4 % de las reservas petroleras del mundo. Sin embargo, no todo es petróleo, Venezuela cuenta con las mayores reservas de oro de Suramérica estimadas en alrededor de 10 mil toneladas de oro; a nivel mundial es el octavo país con más reservas de gas natural, calculadas en 200 mil millones de pies cúbicos de ese combustible fósil; alberga las mayores reservas de hierro, valoradas en más de 14 millones de toneladas de hierro; además de tener una de las mayores reservas de diamantes, que puede estimarse en más de mil millones de quilates, es decir, más de 200 toneladas de diamantes. ¿Ahora resulta más claro por qué Trump está empeñado en controlar Venezuela y llevarles su supuesta democracia imperialista?
Otro asunto que se dejó ver con claridad tras la agresión estadounidense es cómo en la práctica el Derecho Internacional es solo papel, pues cuando un país se cree con la potestad de bombardear a otro y secuestrar a su presidente sin ningún tipo de consecuencia real, es evidente que en términos materiales no existe tal cosa del Derecho Internacional. Y no es algo de hoy, solo por recordar otro ejemplo reciente más claro, en los últimos dos años hemos visto como el régimen genocida israelí, aliado incondicional de los Estados Unidos, con su apoyo financiero y militar asesinó sin piedad más de 70 000 palestinos, entre ellos más de 20 000 niños y niñas, todo con total impunidad, el Derecho Internacional murió en Gaza y fue sepultado en Venezuela. Una vez más la realidad geopolítica del mundo nos demuestra que cualquier formulación jurídico-legal hecha por la burguesía internacional no tiene validez alguna cuando se trata de sus intereses, que chocan en disputas sanguinarias, cuyos efectos siempre los sufre el proletariado mundial.
Algo que no podemos dejar pasar frente a esta situación es que, supuestamente, el gobierno venezolano contaba con el apoyo de los gobiernos de Rusia y China, que ante el crecimiento de las tensiones de Venezuela con EE.UU. los últimos meses, siempre declararon estar firmes y a muerte con Maduro, pero a la hora de la verdad no hicieron nada y dejaron a Maduro a su suerte, los estadounidenses lo secuestraron en medio de bombardeos sobre la mismísima capital y los rusos y los chinos, con su inmenso poder militar y la efectividad de sus servicios de inteligencia, no hicieron nada para evitarlo. Hace poco más de un año vimos como Vladimir Putin tampoco hizo nada para evitar el derrocamiento de Bashar al-Assad, y aunque al menos le concedió asilo político, se quedó de brazos cruzados durante las semanas en que Siria, su mayor aliado en el mundo árabe, era tomada por terroristas, y hoy se repite la historia con Maduro.
Esto tampoco es fortuito, pues ocurre en un contexto en que los imperialistas, tanto estadounidenses como rusos y chinos, reconfiguran la repartición de sus zonas de poder directo, pues mientras que, en un supuesto plan de paz, Trump prácticamente le entregaba Ucrania a Putin; China, en medio de tensiones comerciales con EE.UU., está cada vez más cerca de hacerse completamente con Taiwán, algo que dejó entrever el presidente chino Xi Jinping en su discurso de año nuevo. Y es que los intereses imperialistas resultarán determinantes en esta situación teniendo en cuenta que China posee un enorme porcentaje de la inversión petrolera venezolana y Rusia opera sectores estratégicos de la infraestructura energética del país. No nos engañemos, por más que Rusia y China posen como referentes del supuesto «mundo multipolar» que quieren lograr, mantienen una forma imperialista de ejercer su dominio, aunque por supuesto muy diferente a como lo hacen los Estados Unidos. Solo los pueblos se pueden salvar a sí mismos, alzados en armas desarrollando Guerras Populares -que en Colombia toma la forma de una insurrección en las principales ciudades- y practicando el internacionalismo proletario.
Por ahora, la correlación de fuerzas dentro de Venezuela no ha sufrido cambios completamente drásticos. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) sigue teniendo el poder del Estado; Delcy Rodríguez, Vicepresidenta y ahora Presidenta encargada, es fundamental en la dirección del PSUV; y así mismo, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) sigue presentando lealtad al gobierno, pues el Ministro de Defensa Vladimir Padrino, también es un hombre de peso en la cúpula chavista.
Teniendo en cuenta las declaraciones de Trump respecto al futuro político de Venezuela, se entiende que esperan sumisión del gobierno de Rodríguez para favorecer sus intereses o, de lo contrario, atacarían otra vez, y realmente la retórica adoptada por ella, aunque aparentemente antiimperialista, ha sido dócil. Mientras tanto, persiste la asfixia económica del embargo y las sanciones, así como la injerencia promoviendo rupturas en la FANB y azuzando a la población civil mediante una guerra psicológica tenaz, pues el miedo de más bombardeos es latente, y nos corresponde estar atentos a lo que siga sucediendo dentro de Venezuela.
La cuestión, sin embargo, no se reduce ahora solo al caso venezolano, pues luego de la agresión, Trump se la ha pasado amenazando a otros países latinoamericanos, principalmente a Colombia, afirmando que Gustavo Petro debe «cuidarse el trasero», acusándolo como narcotraficante, y confirmando en rueda de prensa el 4 de enero que le parecería bien un ataque en territorio colombiano. También ha amenazado directamente a México afirmando que con este país «algo tendrá que hacerse» y recordando su intención de enviar tropas a territorio mexicano. Así mismo, se mantienen fuertes las tensiones con Brasil, Cuba, Nicaragua y, en general, cualquier país cuyo gobierno no se arrodille por completo ante los Estados Unidos, y como habitantes de Latinoamérica debemos tomarnos muy enserio sus amenazas y manifestarnos y organizarnos de forma revolucionaria al respecto, porque, así como bombardeó Venezuela, tiene la capacidad de hacerlo con cualquier país de la región.
¡FUERA YANQUIS DE VENEZUELA, COLOMBIA Y TODA LATINOAMÉRICA!
¡MUERTE AL IMPERIALISMO! ¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!





