
El futuro de la escuela ante la baja natalidad
Desde hace algunos meses circula en la prensa burguesa posturas alertando sobre una «grave crisis» derivada de la baja natalidad en Colombia. Así, cifras del DANE para 2023, evidencian una disminución del 7,5 % de los nacimientos respecto a los 570.355 registrados en 2022siendo ésta la caída más pronunciada de los últimos diez años.
Y los intelectuales burgueses de la educación, justifican en esta caída de las tasas de natalidad el cierre de instituciones educativas privadas y la reducción de las matrículas en los colegios públicos. Igualmente, estos teóricos plantean que esta tendencia demográfica pone en peligro la sostenibilidad del sistema pensional, afectando a la inmensa mayoría de los proletarios.
Pero los obreros debemos ver más allá de la apariencia y descubrir qué es lo esconden, los capitalistas tras los discursos.
La baja natalidad y la reproducción social bajo el capitalismo
La reducción en la tasa de natalidad no es un fenómeno aislado, sino el resultado del desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones de superexplotación impuestas por el capitalismo imperialista. Las familias numerosas han dado paso a estructuras más pequeñas y diversas: parejas sin hijos, familias monoparentales, relaciones no matrimoniales, entre otras, lo que responde a transformaciones económicas y sociales.
Por otra parte, las luchas del movimiento femenino han cuestionado la maternidad como mandato social, reivindicando la autonomía reproductiva de las mujeres. La incorporación masiva de las mujeres al trabajo asalariado, desde los albores del capitalismo, ha servido al capital para ampliar la oferta de mano de obra, precarizando aún más las condiciones laborales, especialmente, las de las mujeres. La rebaja de los salarios, cada vez más miserables, la privatización de los servicios esenciales, el encarecimiento de la vida y con ellos, la falta de garantías para la crianza ha llevado a muchas mujeres obreras a postergar, o desistir de la maternidad.
Estas condiciones de vida no son casuales, sino son consecuencia de las contradicciones propias del capital, puesto que, en él, la clase obrera no solo produce bienes y servicios, sino que representa la cantera de la mercancía fuerza de trabajo. Por ende, el afán del capital por maximizar sus ganancias reduce las condiciones para la reproducción de la propia clase obrera, generando contradicciones estructurales. En este contexto, la baja natalidad no debe ser analizada como una simple variable demográfica, sino como un reflejo de las contradicciones estructurales del capitalismo.
La superpoblación en el aula y el fantasma de la baja natalidad
Por otra parte, los intelectuales burgueses responsabilizan a los docentes del «bajo nivel» educativo, apelando, subjetivamente, a deficiencias en la creatividad, dedicación o formación y las reflejan también en las pruebas estandarizadas con las que las instituciones imperialistas miden la calidad de la mano de obra que preparan: pruebas Saber, Pisa… Pero en realidad, la saña de los intelectuales burgueses contra los docentes omite, deliberadamente, las condiciones concretas en las que se desarrolla la educación en el sector público: jornadas extenuantes, falta de profesionales en salud y psicología, carencias en infraestructura (laboratorios, restaurantes, bibliotecas escolares…); ausencia de docentes en áreas clave como arte, idiomas y deportes, y deficiencias en el transporte y la alimentación escolar, siendo uno de los factores más críticos, la relación técnica entre el número de estudiantes que debe atender cada docente.
La legislación burguesa, en lugar de garantizar una educación de calidad, se diseña para maximizar la explotación del magisterio. El Decreto 3020 de 2002 establece que el número mínimo de alumnos por docente sea de 32 en zona urbana y 22 en zona rural. Además, fija relaciones técnicas absurdas como 1,36 docentes por grupo en secundaria y media académica. La trampa radica en que la norma impone un mínimo, pero no un máximo, permitiendo que las aulas sean sobrecargadas sin límite real.
Las condiciones de superexplotación de los docentes
La burguesía utiliza estos criterios para «optimizar» los recursos en favor del capital, a costa de la educación pública y los derechos laborales del magisterio. El aumento de estudiantes por aula, combinado con la implementación de la Jornada Única sin mejoras en infraestructura ni recursos, profundiza la sobrecarga docente, deteriorando su salud física y mental y afectando la calidad de los procesos pedagógicos.
De esta manera, el Estado, al no establecer un número máximo de estudiantes por aula, garantiza que las aulas cuenten con 32, 35, 40 y en algunos casos más estudiantes con los que el docente debe, además de cumplir su proceso pedagógico, tramitar cuestiones de convivencia y clima escolar, dificultades familiares y personales de los estudiantes, en muchos casos con estudiantes que requieren de un diagnóstico particular y, por supuesto, garantizando que los contenidos que exige la actualidad rindan sus frutos: bilingüismo, tecnología, ciencias, artes…
En este contexto, la burguesía insiste en presentar la baja natalidad como el factor central que amenaza la educación, cuando el verdadero problema radica en la lógica de acumulación del capital. El cierre de colegios y la fusión de grados no responden a la reducción del número de niños, sino a políticas estatales orientadas a la privatización de la educación y la precarización del trabajo docente.
La lucha por cantidad adecuada de estudiantes por docente, condiciones dignas de trabajo y límites máximos claros para evitar el hacinamiento debe ser una demanda central en la defensa de la educación pública. Sin embargo, el sindicalismo burgués, subordinado al Estado, pospone la solución real de estos problemas, dejando la decisión en manos de mesas de negociación que nunca resuelven el problema principal, que como sabemos, halaría la solución de los demás.
La lucha obrera y popular el camino contra toda superexplotación y sus consecuencias
Los proletarios debemos comprender que la actual baja natalidad no es el problema central ni para la educación, ni para las pensiones, ni para acabar con las condiciones de superexplotación en general. La verdadera amenaza es un sistema que pone la ganancia al mando por encima de las necesidades de la clase trabajadora. El Estado, con sus recortes y reformas (incluso las llamadas progresistas), debilita la educación pública para entregársela a al capital mediante la privatización y corrupción a través de modelos como los colegios en concesión o la cobertura contratada que le agregan elevados sobrecostos.
Los docentes, como parte fundamental del proceso de reproducción social, deben asumir un papel activo en la lucha contra la mercantilización de la educación y contra todas las condiciones de superexplotación de los trabajadores en su conjunto. Deben desenmascarar las mentiras del capital y construir una agenda de transformación desde las aulas y las calles, ese es el primer paso hacia una sociedad donde la educación sea un derecho y no una mercancía.
Es hora de que el magisterio rompa con la pasividad impuesta por la burocracia sindical que espera a que los estudios del Estado de los ricos y sus expertos hagan el ajuste que el magisterio necesita, es hora de que las bases eleven su voz en las calles y las aulas. Que exija la reducción del número de estudiantes por aula a un máximo de 20 por docente, para garantizar así procesos pedagógicos dignos y un acompañamiento real a las necesidades de cada estudiante. No es posible seguir educando en condiciones de hacinamiento mientras los gobiernos y las secretarías de educación fusionan grupos y cierran instituciones por supuesta falta de estudiantes.
No basta con denunciar, es momento de organizarse y exigir la ampliación de la planta docente, nombrando más maestros en todas las áreas, incluyendo arte, idiomas, humanidades y ciencias, para forjar una educación integral y crítica desde la primaria, brindando, desde la niñez, la calidad en los contenidos que ésta merece y necesita, precisamente para tener un mejor desarrollo.
La educación no puede seguir respondiendo únicamente a las necesidades del capital, preparando mano de obra barata y sumisa. Solo la movilización independiente del magisterio y la clase trabajadora en su conjunto podrán arrancarle al Estado los recursos necesarios para garantizar una educación al servicio del pueblo. Se debe exigir un presupuesto educativo que priorice infraestructura digna, alimentación y transporte escolar, así como la atención psicosocial de nuestros estudiantes con nombramientos directos por el Estado.
Es necesario que desde las bases se dé un sacudón a la dirigencia sindical que con su silencio y pasividad es cómplice de esta rebatiña a la educación y junto a los estudiantes y las familias, con la organización desde las bases, con métodos de lucha combativos como la huelga y la movilización permanente, frenar la entrega de la educación al capital y conquistar condiciones laborales dignas para los maestros.
Debemos avanzar en la construcción de una verdadera unidad de clase, impulsando la Reestructuración del Movimiento Sindical y su centralización en organizaciones independientes y revolucionarias capaces de unir las demandas del magisterio con las del proletariado en su conjunto. La transformación de la educación no vendrá desde las instituciones de la burguesía, sino desde la fuerza organizada de los trabajadores.
¡Abajo la superexplotación del magisterio! ¡Por una educación para la revolución y la liberación del pueblo! ¡Adelante!