Mujeres recicladoras entre la calle, el hogar y la lucha

Mujeres recicladoras entre la calle, el hogar y la lucha 1

En el día internacional del reciclador reproducimos una conversación con una compañera del gremio, quien expone la situación de la mujer recicladora, las necesidades y exigencias de este importante gremio.


Muy buenos días, mi nombre es Sandra Janeth Cubillos soy reciclado­ra de oficio. Mi trabajo diario inicia muy temprano, recorro las calles para recoger el reciclaje en empresas, en la calle, en los shuts para poder llevar una cantidad suficiente a la bodega, pues de esto dependemos varias fami­lias. Este material que recojo son sólo residuos aprovechables que se clasifi­can en la bodega. Por lo general lleva­mos un globo grande, se recoge todo lo que vamos encontrando en el camino, porque desafortunadamente tenemos demasiada competencia, ya hoy día somos muchísimos recicladores, de hecho hay más extranjeros y por eso lo que vamos encontrando se recoge y se mete en una lona grande para separar­lo y organizarlo luego en la bodega y poder acumular una cantidad conside­rable para comercializar.

Las tareas principales que realizo son: organizar la ruta de mis compa­ñeros, estoy pendiente del vehículo que lleve globos, empaque, báscula, planillas; que mis compañeros vayan todos con el uniforme completo. Salgo también a ruta y realizo labores ope­rativas y de parte administrativa, para que nosotros podamos ser unos pres­tadores del servicio completos.

Nosotras las mujeres recicladoras enfrentamos muchísimos retos, prime­ro tenemos que volvernos muy fuertes, ya que esta labor requiere que cargue­mos mucho peso. La carga del trabajo en la calle es muy dura, tenemos un reto muy grande, porque aparte de nuestro trabajo está el del hogar pues muchas de nosotras somos madres cabeza de familia, además enfrenta­mos riesgos en cuanto a la seguridad, muchas veces no nos respetan nues­tros propios compañeros; a veces en los conjuntos residenciales o empre­sas, creen que porque somos mujeres, no tenemos la suficiente fuerza o capa­cidad para poder trabajar igual que un hombre, a eso nos enfrentamos día a día; también al acoso, la falta de reco­nocimiento como recicladoras y como mujeres. A veces no tenemos las herra­mientas suficientes o recursos para poder trabajar, muchas veces no nos toman en serio en nuestros espacios o las decisiones que nosotros tomemos, aun cuando somos parte fundamental del gremio.

De parte de las instituciones públi­cas en algunos momentos recibimos capacitaciones, tenemos procesos de formalización, pero aún siento que el apoyo no es suficiente ni constante para todo lo que hacemos como pro­fesionales, porque para mí el trabajo que realizo es mi profesión, de la cual estoy orgullosa, lo digo donde vaya. Se requieren más capacitaciones, más apoyo de las instituciones públicas. Lo que más nos hace falta y lo siento como mujer, es la inclusión en decisiones que se tomen desde estas instituciones y que vean cómo nosotras trabajamos, que nos den acceso a herramientas que puedan cumplir con todos los estánda­res para nuestro trabajo. Así mismo, necesitamos, que en el gremio nos for­talezcan mucho más, nos apoyen y nos den ese ese lugar como trabajadoras, como madres cabeza de familia, como líderes, eso sí nos hace muchísima falta. Respecto a cómo nos percibe la socie­dad, todavía existe mucha estigmati­zación, no es igual que hace 30 años, pero todavía existe, sobre todo de parte de algunas personas que no nos ven como profesionales, no ven este trabajo como un oficio digno, no nos reconocen como lo que somos: unas trabajadoras y mujeres emprende­doras. Sin embargo, el respeto se ha ganado y crecido, gracias a que nos hemos formalizado y luchado gremial­mente, falta mucha conciencia y edu­cación ciudadana, para muchos es difí­cil entender que somos trabajadores y profesionales en nuestra labor.

Nuestra lucha hoy es tener una buena y justa remuneración por el tra­bajo que desempeñamos, por la defen­sa de nuestro trabajo, por condiciones dignas de trabajo; por acceso real y digno a seguridad social, a pensión, a riesgos profesionales, ya que noso­tros corremos muchos riesgos en la calle, en una empresa, de hecho, cuan­do vamos con el zorro caminando por la calle con nuestro material, muchas veces nos echan los carros por encima.

Los entes gubernamentales tam­bién nos atropellan muchísimo, de una u otra manera quieren opacar toda la lucha y lo que hemos luchado duran­te muchos años con pasos de gigantes para que nuestra labor fuera recono­cida; esa es la lucha más grande que hemos venido dando por defender nuestra dignidad, trabajo y reconoci­miento, es una de las más grandes que como mujeres damos, así como en nuestros hogares, donde tenemos que luchar cuando somos madres cabeza de familia para que no pasen por encima de nuestros hijos porque no estamos ahí presentes y en los colegios igual. Producto de nuestra lucha surgió el día del reciclador que significa una fecha de conmemoración, de memoria, de dignidad, de lucha. Es una fecha que nos hace reconocernos como recicla­dores, porque hay una historia detrás de cada uno de nosotros, una histo­ria de dónde nació nuestra profesión, nuestra labor. La conmemoración que hacemos el 1° de marzo de cada año es por quienes abrieron camino para que hoy tengamos unos derechos. Esto nos ha ayudado a visibilizar nues­tro trabajo, pero más que una conme­moración es o debería ser un recuerdo permanente, exaltando que nuestro oficio es importante y es de lucha y sacrificio.

Por eso me gustaría ver cambios importantes, después de tantos años de lucha y tantas cosas, humillacio­nes, estigmas e injusticias que como mujeres recicladoras hemos tenido que atravesar; y dentro de eso me gus­taría ver que un día se van a mejorar las condiciones, que vamos a tener seguridad social, como ya lo decía acceso a herramientas que mejoren nuestro trabajo, que mejoren la salud para nosotras, porque de una u otra manera con el pasar de los años nos venimos deteriorando de una manera que realmente nadie se lo imagina, me gustaría tener el apoyo gubernamental donde atiendan a nuestras compañeras de la tercera edad que desafortunada­mente ya no pueden trabajar como antes, pero fueron nuestras pioneras, quienes iniciaron todo esto para que nosotras llegáramos a lo que tenemos hoy. Ellas no tienen una pensión y si no trabajan, no tienen un mínimo vital, no tienen qué comer, eso es lo que como mujeres nos gustaría ver y por lo que seguimos luchando, para que nuestros ancestros, nuestras maestras, las per­sonas de quienes aprendimos tengan una vejez digna, porque no trabajaron en una empresa, no tuvieron un con­trato laboral y eso no les puede negar ese derecho.

Tenemos derecho a que se nos reconozca una pensión y las que esta­mos activas a acceder a riesgos pro­fesionales, pues muchas veces en las empresas no nos permiten entrar si no estamos cotizando, asunto que es imposible de cumplir porque día a día nosotros no podemos ganar para pagar un paquete completo de para fiscales, cuando para nadie es un secreto que el reciclaje es una lucha diaria con las industrias y con todo el mundo que hoy quiere ser reciclador es un trabajo del día a día, guerreado y sacado con las uñas, porque hace­mos un diario de $20 000 o $30 000 con los precios que nos está poniendo el gobierno y las industrias, en últimas sí o sí nos quieren desaparecer y para mí eso sería el cambio más concreto: que nuestra labor no desaparezca por­que es un trabajo como cualquier otro. Así mismo, las mujeres recicladoras merecemos mayor participación en espacios de liderazgo, donde podamos ser escuchadas, que no nos vean como la que recoge basura, porque para muchos lo que es basura, para nosotros es nuestra riqueza, nuestro trabajo, por eso es importante que nos fortalezcan dentro de las de las asociaciones, que el gremio sea más equitativo con nues­tro género.

A las instituciones y autoridades les dejo este mensaje: el reciclaje no funcionaría sin las y los recicla­dores. Somos parte fundamental de este proceso, por lo que se requie­ren políticas que sean reales, que no sea como siempre que nos llevan, nos dan discursos y nos dicen que todo va a cambiar cuando en realidad todo es una mentira, lo que hemos conse­guido ha sido con nuestra LUCHA, así que deben cumplir con ello. Y a la sociedad el mensaje es que detrás de cada mujer recicladora exis­te una familia que debe ser tratada con dignidad igual que nosotras que tene­mos derecho a ser escuchadas, a una vida digna, no por ser mujeres recicla­doras nos deben tratar como la basura, porque como seres humanos también tenemos igualdad de derechos y a ser tenidas en cuenta para todas las políti­cas públicas. Nuestras familias esperan un sustento diario. El país, el mundo y nuestras familias nos necesitan, este es el mensaje que les quiero transmi­tir a través de esta entrevista. Muchas gracias.

Comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *