
El 7 de enero de 2026, en una calle residencial de Minneapolis, Renee Nicole Good, una mujer de 37 años y madre de tres hijos fue asesinada a tiros por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El suceso que se produjo a plena luz del día y fue grabado por múltiples testigos, desató una crisis política nacional que expone las profundas contradicciones en el discurso del poder estadounidense sobre migración, seguridad y uso de la fuerza.
Renee, originalmente de Colorado Springs y ciudadana estadounidense, era reconocida por quienes la conocían como poeta, madre, esposa y una persona dedicada a su comunidad. Era licenciada en literatura inglesa, describiéndose en redes sociales como «poet, writer, wife, mom», y había recién llegado a Minneapolis con su pareja y sus hijos para reiniciar su vida tras la muerte de su anterior esposo.
Esa mañana, tras dejar a su hijo menor en la escuela, Renee se encontró con un despliegue de agentes de ICE que participaban en operaciones de control migratorio en la ciudad. Según las versiones oficiales del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), ella «intentó usar su vehículo como un arma» contra los agentes, lo que justificaría el uso de fuerza letal en defensa propia.
Sin embargo, los hechos expuestos por videos, testimonios y análisis independientes muestran una realidad distinta, Renee estaba en su vehículo mientras agentes se le acercan; en algunos ángulos, ella parece intentar retirarse, no embestir, antes de que un agente dispare directamente hacia su automóvil varias veces a corta distancia, además, los testigos también relataron que los propios agentes bloqueaban el acceso de servicios médicos tras el tiroteo, impidiendo auxilio rápido.
Es por eso, que el asesinato de Renee Nicole no puede verse como un hecho aislado ni como una tragedia privada desconectada del contexto político que atraviesa hoy a Estados Unidos. Ocurre, en un clima social donde a los inmigrantes se les genera miedo, se les trata como animales y la violencia se ejerce sin control alguno en su contra.
Y recordemos que, Minneapolis es una ciudad que lleva el peso simbólico de haber presenciado en 2020, la muerte de George Floyd a manos de un policía local. Hoy, muy cerca de ese punto, ICE arrebató otra vida, esta vez bajo la bandera de la «seguridad migratoria», lo que intensifica el debate sobre cómo se aplica la fuerza y contra quién.
Todo esto responde a la narrativa y el accionar de Donald Trump quien bajo su consigna aparentemente incuestionable de «ley y orden» convierte a la población inmigrante en blanco de ataque, al considerarlos invasores y una amenaza para la nación. Su lenguaje convierte a personas en enemigos, a trabajadores en sospechosos, a vidas humanas en daños colaterales. En ese marco, la violencia pasa a ser la consecuencia lógica de su discurso y el asesinato de Renee Nicole expone esa cruda realidad.
El asesinato de Renee Nicole Good no puede reducirse a un problema de interpretación del video, ni diluirse en los alegatos de los poderosos, porque es el resultado de las políticas migratorias que se han convertido en un instrumento político para ejercer sin ningún problema la persecución, violencia y asesinato por parte del Estado.
En definitiva, Trump se está dando un tiro en el pie, pues de un lado evidencia fisuras entre los gobernantes, el mismo alcalde de Minneapolis, Jacob Frey dijo «Ya están tratando de convertir esto en una acción de defensa propia. Tras haber visto personalmente el video, quiero decirles con franqueza a todos: eso es pura mierda. Este fue un agente que usó el poder de manera imprudente, que resultó en la muerte de una persona. […] Al Servicio de Inmigración [le digo]:’Lárguense de Mineápolis’. ‘No los queremos aquí’». Y de otro lado, Estados Unidos depende profundamente de la población inmigrante, la necesita en los campos, en los hospitales, en la construcción, en el cuidado; es decir representa buena parte de la mano de obra que mueve a la sociedad norteamericana. Ese es el centro de todo, si nuestros hermanos inmigrantes se desprenden de esa narrativa de que son invasores, que valen menos y que están en una tierra que no les pertenece y, se aferran a la realidad concreta reconociendo que el mundo entero está conectado a un sistema económico mundial y que como obreros somos una sola clase que produce las riquezas de unos cuantos, podrán ver la debilidad de los explotadores y gobernantes y la capacidad y fuerza que tienen como movimiento, como organización, como clase.
Es necesario construir un amplio movimiento de inmigrantes, que luche en concreto contra el terrorismo de Estado ejercido por Trump y a mediano plazo se una mundialmente para hacer saber a los parásitos capitalistas que el mundo nos pertenece y que los obreros no tenemos fronteras.






