editorial

8 de marzo: la política proletaria, la opción para conquistar la emancipación de la mujer

Asquea lo que sucede en el mundo. Hace unos días asesinaron a Atiya Shabat y a su hija Lamia en un bombardeo realizado por los sionistas en la Franja de Gaza, en medio del alto al fuego decretado en octubre del año pasado.

Atiya y Lamia engrosan la larga lista de mujeres asesinadas por el ente israelí en un genocidio sin precedentes. Renee Nicole Good fue asesinada por las SS nazis-ICE de los Estados Unidos hace unas semanas, en medio de un operativo migratorio; ella es una de las visibles, pues son miles las mujeres migrantes y sus familias que, en el anonimato, sufren los tratos crueles ordenados por el presidente Donald Trump. Produce vómito la información consignada en los miles de archivos publicados recientemente por el caso Epstein, ¡cuánta depravación de los poderosos dueños del mundo! y cuán impotentes y vulnerables se sienten las mujeres al escuchar lo que muchas tuvieron que callar y otras pagaron con su vida al hacer públicos los abusos y violaciones.

En Irán, un país con un régimen reaccionario, van más de dos mil muertos en las protestas que desde finales del año pasado se han desarrollado contra la situación económica, política y social que vive el pueblo iraní. No se conocen nombres, pero con seguridad muchas mujeres luchadoras han sido asesinadas por el régimen de los ayatolas. Ellas han salido a la calle recordando a Mahsa Amini, quien fue asesinada en 2022 por la policía de la moral por no llevar el velo correctamente. Saber que una joven de 22 años, con toda una vida por delante, fue cruelmente golpeada por tan pueril motivo no genera más que odio, rabia y dolor.

En la India, donde se libra una guerra popular dirigida por el Partido Comunista (maoísta), el gobierno fascista de Narendra Modi, se ha propuesto eliminarlo y para ello ha realizado una campaña de asesinatos indiscriminados en las que las mujeres y niños del pueblo adivasi son las principales víctimas, donde además existen documentados casos de violencia extrema contra mujeres —incluyendo abusos sexuales, desapariciones, violencia masiva y victimización en medio de la operación Kagaar, condiciones que tienden a agudizarse en medio de la violencia del régimen que busca desterrar al pueblo de territorios completos para sus negocios e intereses económicos.

En nuestro país, el primero de enero, Sandra Milena Castro recibió 55 puñaladas por parte de su esposo. Fueron «unos cuantos piquetitos», diría aquel hombre que asesinó a su mujer con 20 puñaladas en la década de los treinta del siglo pasado y que dio vida al cuadro de la pintora mexicana Frida Kahlo llamado así precisamente «Unos cuantos piquetitos». ¿Quién podría pensar en su tiempo que se superaría aquella atrocidad del feminicida? Qué desconcierto, impotencia y dolor produce conocer este y tantos otros hechos que cotidianamente suceden, donde muchas mujeres son golpeadas, ultrajadas, amenazadas o asesinadas por sus parejas o familiares, cada caso superando al otro en brutalidad.

Además de estas tragedias particulares de las mujeres, hemos visto cómo los imperialistas yanquis, europeos y asiáticos se declaran la guerra comercial, la guerra digital y la guerra militar, en las que no importa quiénes ni cuántos sean arrasados como consecuencia de sus preparativos para una confrontación de carácter mundial por el reparto de recursos, territorios y «carne humana» para moler explotando o lanzando a las calles a morir de hambre, generando en muchos desesperanza y dolor.

¡Sí, asquea este mundo capitalista! Y ante la pregunta de ¿qué hacer? o ¿cómo acabar con tanta inmundicia?, se les proponen a las mujeres dos caminos en apariencia contrarios por parte de los defensores del sistema. Todos sostienen que hay que participar en política, que los derechos de las mujeres se conquistan si cada vez hay una mayor participación de ellas en la política. Y tienen razón, pero ¿de qué política nos hablan?

De aquella que invita a participar con el voto en la elección de parlamentarios y presidentes, donde quienes se dicen de derecha hablan de la defensa de los valores, la autoridad, la religión, el respeto a las instituciones y la continuidad del sistema; o de quienes se dicen de «izquierda» o progresistas, que reivindican los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, mayor libertad y equidad social, respetando igualmente las instituciones del Estado de los explotadores y opresores, y la continuidad del sistema.

Al final, son dos opciones que, con discursos y métodos diferentes, buscan sostener el mundo capitalista, ese que produce vómito, asco, dolor y desesperanza.

Existe otra forma de participación política: la política proletaria, la que llama a las mujeres a no ir por las ramas en el propósito de conquistar su verdadera emancipación. Es este podrido sistema capitalista la causa principal de que las mujeres continúen sometidas, explotadas y humilladas, muy a pesar de las importantes luchas libradas. Pues, aunque en lo jurídico se hayan obtenido avances, la realidad es que no se cumplen o se pierden, ya que el orden social está hecho para mantener a las mujeres y a los trabajadores sometidos bajo el yugo de los poderosos ricos y depravados en todos los ámbitos de la vida social.

La política proletaria llama a ir a la raíz del problema; por ello invita a las mujeres, especialmente a las trabajadoras, a organizarse con independencia del Estado burgués y de los partidos de la burguesía y la pequeña burguesía, para desarrollar la lucha revolucionaria; las llama a hacer parte del Partido verdaderamente comunista que dirija a la clase obrera a la conquista del poder, destruyendo el Estado burgués y construyendo un nuevo Estado dirigido por mujeres y hombres del pueblo trabajador, llevando a cabo las tareas de la nueva sociedad y no para defender las instituciones ni perpetuar el sistema.

La política proletaria invita a organizar Asambleas Populares que preparen a las bases para responder a las fuerzas fascistas que, con poder económico y político, pretenden aplastar a los luchadores y mantener los planes de los capitalistas e imperialistas de explotar y expoliar los recursos naturales y la fuerza de trabajo para incrementar aún más sus ganancias y riquezas. Asimismo, llama a organizar comités femeninos revolucionarios como parte de un Movimiento Femenino Revolucionario que luche por conquistar las reivindicaciones inmediatas que mejoren sustancialmente la condición de la mujer y faciliten su participación activa en la lucha como mujeres de vanguardia.

Este 8 de marzo —en medio de la campaña electoral— cobra gran importancia difundir ampliamente entre las mujeres que participan en política, no perder de vista que el mundo se pudre a pedazos, que los únicos responsables de ello son los capitalistas y que para vencerlos no hay otro camino que la revolución.

Una revolución que expropiará a los expropiadores y tomará por asalto la fortaleza de los enemigos; una revolución en la que mujeres y hombres de la clase trabajadora marcharán juntos contra el mismo culpable de su situación. Un caminar conjunto que implica necesariamente hacer valer en los hechos la igualdad y la fraternidad entre mujeres y hombres; donde las compañeras no callen los machismos de sus compañeros, no admitan ser opacadas en su capacidad de dirección, ni excluidas de la participación en la lucha; un caminar conjunto en que los hombres realicen esfuerzos conscientes por garantizar la participación más activa de sus compañeras. Solo así será posible vencer definitivamente el repugnante mundo burgués.

¡Mujeres contra el Estado!
¡Mujeres contra el capital!
¡Mujeres contra el machismo, el imperialismo y la patronal!

¡La revolución, la única solución!

Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)
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