Breve historia del programa de los comunistas en Colombia

revista Contradicción

Este artículo publicado en la edición 6 de la Revista Contradicción en junio de 1991, ofrece una mirada histórica y crítica sobre la evolución del programa comunista en Colombia, desde los primeros intentos y conceptualizaciones en los primeros años del siglo XX hasta las formulaciones ideológicas más elaboradas en las décadas siguientes, dónde resalta el proceso del Partido Comunista de Colombia (m-l). A través de un análisis detallado, el camarada Aureliano revela las diversas etapas y desafíos que ha enfrentado el movimiento obrero y comunistas en su búsqueda por construir un programa político firme y coherente, capaz de orientar la lucha revolucionaria. Además, examina las influencias de corrientes revisionistas, las dificultades para definir una estrategia clara y los procesos internos que han marcado el desarrollo del movimiento.

Vale la pena resaltar que por la fecha en la que se escribió y publicó este artículo, se iniciaba el proceso de discusión y posterior presentación de la Propuesta de Programa para la Revolución en Colombia por parte de la Unión Obrera Comunista (marxista leninista maoísta) que, cerró el proceso de la propia revista Contradicción y abriendo la posibilidad, sobre esta base, de avanzar en la construcción de ese programa necesario y del Partido Comunista Revolucionario.

Una lectura fundamental para comprender las complejidades de la historia ideológica y política del movimiento comunista en Colombia, así como las lecciones que se derivan de su trayectoria en la construcción de un programa revolucionario auténtico y eficaz, el programa de ese Partido comunista que dirija la lucha de los obreros y campesinos hacia la Revolución Socialista, y cuya restauración representa la tarea más importante en este periodo para los comunistas.

Revolución Obrera

Breve historia del programa de los comunistas en Colombia

En el artículo anterior («El Programa de los Comunistas», Contradicción No.5, pág.78) expuse, a manera de introducción, algunas ideas sobre la forma y el contenido del programa, sobre su importancia práctica y el análisis de algunas experiencias históricas del movimiento comunista internacional. Finalizaba presentando la propuesta de Contradicción para elaborar el programa de los comunistas revolucionarios en Colombia.

Dos temas, por lo menos, no tuve en cuenta: primero, el lugar y la importancia que ocupa en un programa comunista la ubicación de la sociedad colombiana dentro de la situación internacional; segundo, la evaluación histórica de los intentos de los comunistas colombianos por elaborar un programa.

Sobre el primer tema trataré en un artículo posterior. Sobre el segundo presento ahora una periodización de la historia del programa de los comunistas. No pretendo hacer una historia del movimiento comunista en Colombia, sino apenas de uno de los aspectos de esa historia. Ella será abordada, en sus múltiples facetas, por la comisión de investigación sobre la historia del Partido del proletariado en Colombia.

1- ANTECEDENTES

En 1913 aparece el primer intento de programa del movimiento obrero en la «Constitución» de la Unión Obrera Colombiana. Por sus concepciones teóricas no pasaba de ser un programa democrático-artesanal y por sus reivindicaciones prácticas no iba más allá de un programa liberal burgués. De todas maneras propugnaba por mantener una acción política de los trabajadores por fuera de los marcos orgánicos de los dos partidos de las clases dominantes (liberal y conservador). Con estas mismas ideas programáticas funcionaron el periódico de la Unión («Unión Obrera») y el «Manifiesto de los Obreros Colombianos» -respaldado por 600 firmas y en el cual se señala también la necesidad de un partido independiente de los trabajadores- y el posterior periódico «El Partido Obrero».

Pero es en 1919, en la Asamblea Obrera, realizada en Bogotá, la cual funda el «Partido Socialista», donde por primera vez se elabora un documento con la pretensión consciente de ser un programa del proletariado colombiano. Es la «Plataforma del Partido Socialista».

Aunque algunos historiadores se han empeñado en ver esta Plataforma como el primer «programa socialista», es indudable que de socialista no tiene más que el nombre, pues por su contenido es liberal burgués. Veamos algunos de sus puntos:

«Segundo: La nueva agrupación se llamará Partido Socialista, y se basará en los principios del socialismo moderado…

Tercero: La bandera del partido será roja como emblema de combate, y el lema, LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.

Cuarto: El Partido Socialista Colombiano no pretende la abolición del Estado, la sociedad (actual), la propiedad o el capital: quiere que aquel elimine los monopolios, los privilegios y las arbitrariedades.

Quinto: En desarrollo de las bases indicadas en el precedente numeral, el socialismo pretende:

a- Un Estado con gobierno de todos…»

(Anotaré, de pasada, el parecido entre este «socialismo moderado» de 1919 y los intentos de los revisionistas colombianos por pasarse, sin que se note mucho, del revisionismo a la socialdemocracia, en los materiales preparatorios de su próximo congreso. La diferencia es que, mientras los «socialistas moderados» de 1919 eran apenas los ingenuos antecedentes en Colombia del socialismo científico, en momentos en que el movimiento obrero estaba aun en la infancia, lo de los revisionistas es la culminación de toda una carrera de oportunistas que, en un inútil esfuerzo para salvarse de la bancarrota ideológica y política, deciden dejar de ser «vacas muertas atravesadas en el camino de la revolución», según lo dijera Pedro Vásquez, para pasar a filar directamente en el campo de los enemigos de la clase obrera, bajo las banderas de la socialdemocracia. Algo va de los pasos vacilantes del niño, a la decrepitud del anciano…)

Pero continuemos. Torres Giraldo señala con precisión la principal característica de este programa: «En dicha plataforma está ausente todavía el menor conocimiento de la estructura económica y social de la sociedad colombiana, es decir de la base real sobre la cual se eleva la superestructura jurídica y política a la cual se dirigían casi todas las aspiraciones reformistas de los socialistas de entonces» (Los Inconformes, p. 674).

De todas maneras este programa alentó teóricamente el primer Congreso del Partido Socialista (7 de Agosto de 1919) y la labor propagandística del diario «El Socialista» en sus 235 ediciones.

El Primero de Mayo de 1924 se reúne una «Conferencia Socialista» que decide, entre otras cuestiones, «dar los puntos cardinales para la elaboración de las bases programáticas» y «aceptar, en principio, las 21 condiciones de ingreso a la Internacional Comunista» (Torres Giraldo, Los Inconformes, p.744). En realidad en las 21 condiciones (véase Contradicción No.4, p.15) estaban ya los aspectos teóricos más generales de las bases programáticas, pero era tal el desconocimiento que existía del marxismo en Colombia que los 2 anteproyectos elaborados se apartaban de las 21 condiciones: el uno hacia un «socialismo liberal» y el otro (la llamada entonces tendencia comunista) hacia el putchismo. Y en ambos era común la falta del conocimiento científico de la realidad colombiana.

Todo el glorioso período de las luchas obreras de 1924 a 1928, dirigido fundamentalmente por el Partido Socialista Revolucionario, careció de un programa político definido que expresara y orientara hacia los objetivos del movimiento obrero y diera una base científica para que el proletariado pudiera comprender la situación y el papel del movimiento obrero en la sociedad de ese entonces.

Estos antecedentes del programa comunista en Colombia culminan con la carta abierta de la Internacional Comunista al Partido Socialista Revolucionario, en la cual se señala que este partido se debe transformar en un «partido de clase y absolutamente independiente y distinto de todos los demás por su ideología, su programa y sus métodos de lucha» (30 años de lucha, p.17).

2- EL OPORTUNISMO COMO PROGRAMA

En 1930 la delegación de la Internacional Comunista que llegó a Colombia, ayudó a realizar un «pleno ampliado» del desperdigado Partido Socialista Revolucionario, que declaró fundado el Partido Comunista de Colombia.

En su «Declaración Programática» establece que el nuevo partido debía luchar por una revolución cuyas fuerzas motrices «serán el proletariado, en primer término, y las grandes masas de campesinos y otros sectores de la pequeña burguesía urbana y rural. El contenido de la revolución consistirá principalmente en la solución del problema agrario, aboliendo todos los vestigios del feudalismo y entregando la tierra a quienes la trabajan directamente, sin pago de indemnización alguna a los terratenientes; consistirá también en la liberación del país del yugo del imperialismo, empezando por desconocer las deudas provenientes de los empréstitos y nacionalizando las empresas directa o indirectamente controladas por los imperialistas. Otros objetivos de la revolución serán la implantación general de la jornada de ocho horas y el establecimiento del poder obrero sobre la industria nacional;¡a autodeterminación de los pueblos indígenas y la entrega a ellos de las tierras que les han arrebatado los latifundista; el establecimiento de la igualdad do derechos de los dos sexos; la separación del Estado y Iglesia; la liquidación de las diferencias de casta; la elevación del nivel cultural de las masas de la ciudad y del campo» (30 años de lucha).

Con esta base de unidad programática tan precaria era natural que los primeros años del partido comunista en Colombia fueran en gran medida ciegos y torpes.

A pesar de que quedaba claro el carácter de la revolución agraria y antiimperialista, quedaban mil resquicios para la interpretación liberal burguesa y para los bandazos que iban del extremo «izquierdismo» sectario, como en el caso de la lucha contra el unirismo de Gaitán, a la pérdida de la independencia de clase del partido, como en el caso del reformismo de López.

Aún aceptando que esta declaración fuera suficiente como una plataforma inicial de unidad, el caso es que no hubo ningún esfuerzo consciente por precisarla en sus aspectos teóricos a través de la asimilación del marxismo, de la racionalización de la experiencia del partido y del estudio sistemático, científico, de la realidad. No tuvo, por tanto, ese partido, un rumbo, una brújula que lo orientara en las cambiantes situaciones de la lucha de clases. Las discusiones y las resoluciones tácticas eran decididas por las necesidades electorales o por el prestigio (o maniobrerismo) de tal o cual dirigente (y recuérdese que sólo entre 1933 y 1935 hubo 4 secretarios generales!).

Apenas en 1940 (a diez años de fundado el partido) en el sexto pleno del Comité Central hay un atisbo de autocrítica sobre la indefinición programática, cuando declara que la causa principal de los errores cometidos en esos diez años era «incomprensión de las organismos dirigentes de las peculiaridades de la revolución colombiana y de las relaciones del movimiento obrero con sus aliados».

Pero era una típica autocrítica oportunista, pues apenas en 1947, en el quinto congreso del partido, se aprueba un programa propiamente dicha De tal programa dice «30 años de lucha» que era «de carácter muy general, fue ante todo una declaración doctrinaría de fidelidad a los principios del marxismo-leninismo, pero sin ahondar su aplicación a la realidad colombiana».

Y así se quedó hasta 1958, cuando en el VIII congreso se aprueba una declaración programática que en cuanto a loS principios y a los objetivos del movimiento obrero es la expresión de la contradicción no resuelta aún, entre marxistas leninistas y revisionistas y en cuanto a las tareas de la revolución colombiana es una mezcla ecléctica de reivindicaciones burguesas y proletarias, resumidas en el objetivo, tristemente célebre, de «Gobierno democrático de liberación nacional»

3- EL PROGRAMA MARXISTA-LENINISTA

Para 1965 la lucha entre marxistas-leninistas y revisionistas incluyó también las definiciones programáticas. Una de las conclusiones de la I Conferencia Nacional de Regionales Comunistas (M-L) fue esta: «La Conferencia considera que se hace necesario un reenfoque de los problemas básicos de la revolución colombiana, partiendo de] estudio de la realidad nacional y de la definición precisa de las clases sociales que actúan en ella» (Tribuna No.1).

En cuanto a cómo abordaron los marxistas leninistas de 1965 este reenfoque, decían en Tribuna 3: «El método de los comunistas consiste en estudiar la realidad mundial y nacional a la luz de la teoría científica del proletariado y actuar sobre ella creando su propia estrategia y su propia táctica, produciendo, por lo tanto, un desarrollo constante de dicha teoría. Para ello hay que distinguir claramente entre los principios fundamentales del Marxismo-Leninismo cuya adulteración y deformación intenta el revisionismo, y las experiencias de los partidos y los pueblos que deben aprovecharse, pero que no pueden ser trasladados mecánicamente. Dogmatismo es creer que todo está ya dado en los principios y en la experiencia y olvidarse de que ‘aplicar’, en marxismo, es crear y desarrollar, no copiar y trasladar».

En la preparación del X Congreso, de reestructuración del partido comunista en el marxismo leninismo, se hace, POR PRIMERA VEZ EN COLOMBIA, un intento de análisis materialista de la formación económico social colombiana y un análisis de clases como presupuesto para la elaboración de un programa. Pero entre los marxistas colombianos aún posaba demasiado la tradición reformista y revisionista de desprecio al programa: entre los materiales preparatorios del X Congreso (marxista leninista) del Partido Comunista, se publicaron 2 proyectos de «programa» y los dos con la deficiencia común de que ni siquiera pretendían ser (y no lo eran!) programas de los comunistas en Colombia, sino programas de frente, programas para una alianza del proletariado y la pequeña burguesía. El primero de ellos aparece en la Tribuna del Congreso No. 3, aparte IX y comienza así:

«IX – PROYECTO DE PROGRAMA: El Frente Único de Liberación establecerá la República Popular de Colombia respaldada por el Ejército de Liberación Nacional y por las masas movilizadas, para desarrollar el siguiente programa.»

Y a continuación se señalan 10 puntos donde se destaca el «mantenimiento, estímulo o desarrollo, según el caso, de todos los renglones de la industria de transformación necesarios para elevar el nivel de vida de las masas populares», el control de la especulación, la producción de bienes de capital, las «nacionalizaciones sin indemnización» a las empresas norteamericanas, los bancos privados y entidades financieras, loe monopolios, la reforma agraria, la reforma urbana, plan nacional de educación, plan nacional de salud pública, crédito popular, igualdad de sexos, protección infantil, libertad de cultos, trato especial a las «tribus indígenas», y finaliza con «democratización política, social, económica y militar del ejército».

El segundo proyecto aparece en la Tribuna 4, como «los enunciados generales del programa del Frente Patriótico de Liberación de Colombia». En 14 puntos se especifican más los 10 puntos del otro proyecto y plantea el objetivo político de la revolución: «Destruir el resto del aparato estatal de la oligarquía y el imperialismo y construir el Estado de Dictadura Popular: la República Popular de Colombia». Igualmente trae un asunto nuevo: «Socializar los grandes medios de producción que ha usurpado el imperialismo en Colombia», «Desarrollar la propiedad socialista partiendo de las grandes entidades económicas y unidades de producción expropiados a los enemigos de la revolución tales como las grandes empresas industriales y comerciales, las grandes plantaciones capitalistas del campo, los bancos, las corporaciones financieras, las compañías de seguros, los institutos descentralizados, los servicios públicos, las minas y los yacimientos, etc.».

Como se ve el congreso no tuvo en sus deliberaciones un proyecto de programa de partido, sino 2 proyectos de programa do alianza y ninguno de los dos fue expresamente aprobado. En la resolución política se dice: «el X congreso del partido comunista de Colombia aprueba el contenido fundamental de los documentos presentados a la discusión central…» y ordena la «edición corregida y ordenada de estos materiales con un lenguaje más preciso y sencillo». Es decir el partido comenzó su reestructuración sin un programa que garantizara la unidad de voluntad. Esto a pesar de que en los estatutos aprobados se dice expresamente que es función del congreso «a- Establecer el programa, la línea política y los estatutos del partido» (s.m.)

Sin la unidad de voluntad, que se expresa en el acatamiento consciente al programa, no quedaba otra cosa que una unidad de acción en el seno de una sola organización.

Y era precaria esa unidad lo comprueba el hecho de que ya en diciembre de 1965 (¡a menos de 6 meses del congreso!) se presentó una «fracción anti partido», militarista, precisamente encabezada por miembros del Comité Central que en el congreso habían declarado inútil toda discusión programática («primero hagamos la revolución y después le ponemos nombre») y que sólo tenían como punto de unión con los marxistas leninistas el «antímamertismo» y la necesidad de la lucha armada.

Apenas en el III Pleno del Comité Central afrontaron los marxistas leninistas una discusión programática. El fruto de ella es la resolución Política sobre la Línea de masas, el mejor y más lúcido esfuerzo teórico de los marxistas leninistas colombianos por racionalizar la experiencia de su lucha a la luz del marxismo.

En cuanto al programa se presentaron 3 posiciones y las tres se apoyaban en unos u otros aspectos de las definiciones del X congreso. Una de «izquierda» que afirmaba que la etapa primera de la revolución colombiana era «socialista», otra, de «derecha», sostenía que la revolución colombiana era democrático-burguesa de nuevo tipo, exactamente como en China en 1949, y la tercera que seguía sosteniendo el carácter de la revolución como del tipo general de Nueva Democracia, pero con la particularidad de las características propias (distintas a china) en que se desarrollaba la revolución colombiana.

En el capítulo III de la línea de masas encontramos lo que pudiera llamarse el programa, con una visión de las etapas hasta el comunismo, con un análisis de las clases y un «programa mínimo e inmediato de nuestro partido» (17 puntos que son un reordenamiento de lo que en tribuna 4 se llamaba «Programa del FPL”).

En 1968 la posición de «derecha» se fracciona, dirigida por 3 miembros del C.C. («la aldea de los tres traidores») quienes desde el punto de vista programático abogan por una revolución antifeudal y antiimperialista, reivindican la existencia de una burguesía nacional (revolucionaria) y sientan los fundamentos teóricos de una nueva organización: la Liga Marxista-Leninista.

Este período termina con los esfuerzos que hacen la Línea Proletaria y la Tendencia (m-l-m) por delimitar fronteras entre marxistas leninistas y oportunistas con un programa científicamente elaborado. Pero estos esfuerzos no pelecharon porque se volvió a poner por encima de todo la prisa por la unidad orgánica, por juntar fuerzas, así fuera a costa de los principios y de la claridad y exactitud programática. La investigación y discusión que intentaron realizar, en 1977, conjuntamente, la Línea Proletaria, el Mur, una fracción de la Tendencia y una fracción de la Liga, sucumbió ante las perspectivas de «unificar» orgánicamente estos reductos marxistas leninistas con el ELN. Y efectivamente se obtuvo en un comienzo el Mir y más tarde un ELN más grande, pero se renunció al programa revolucionario.

4- PERÍODO ACTUAL: LA LUCHA POR EL PROGRAMA COMUNISTA REVOLUCIONARIO

Y llegamos al período de la crisis del movimiento comunista en Colombia. Es cierto que heredamos de este pasado unos «proyectos» y sobre todo una actitud despectiva ante el programa y debemos comenzar por derrotar este peso de la tradición del oportunismo.

Hemos insistido, una y otra vez, en que el aspecto principal de la crisis que atraviesa el movimiento comunista en Colombia es el ideológico. ¡No tenemos ideas! Al menos ideas claras, firmes y definidas. Ignorancia, confusión, indefinición es lo que reina.

Pero esto toma cuerpo, se concreta, en la falta de un programa de los comunistas. Ahí están resumidas nuestras deficiencias. Ahí está de cuerpo presente y en toda» su dimensión la crisis de nuestro movimiento.

Aun cuando derrotáramos la ignorancia (y apenas empezamos a interesar a los obreros avanzados y a la intelectualidad revolucionaria por la enorme riqueza teórica del marxismo y la extraordinaria cantera de conocimientos ya racionalizados del movimiento obrero internacional); aun cuando lográramos afirmar el marxismo leninismo maoísmo como una corriente de pensamiento en la sociedad colombiana (y apenas comenzamos a deslindar campos entre auténticos marxistas y revisionistas de diversas tendencias); aunque formáramos nuevos contingentes de combatientes dispuestos a luchar por el comunismo (y apenas si se dan atisbos en la labor de los diversos y dispersos grupos maoístas en Colombia); en fin aunque combatiéramos la ignorancia, la confusión, la indefinición y la vacilación teórica, aún estaríamos a medio camino si no concretamos la labor en un cuerpo programático que sea aplicación de la ciencia del marxismo a la realidad de la revolución colombiana, utilización creadora de la experiencia del movimiento obrero, y expresión del conocimiento de la realidad y de las tendencias de desarrollo de la sociedad colombiana.

Algunos, amparándose en el hecho de que «los pueblos primero luchan y después buscan una ideología que los oriente», le sacan el cuerpo a cumplir con la obligación del elemento consciente, que es, ante todo, tener una ideología y un programa para «orientar» (mejor dicho, para organizar y dirigir). Vaya elemento consciente el que le grita a las masas «sigan buscando una ideología que las oriente», en vez de ponerse él mismo a la tarea de difundir esa ideología entre el «pueblo». Puro culto a la espontaneidad» Continuación de la vieja tradición del reformismo y del revisionismo colombianos de menospreciar el programa.

¿Por dónde empezar, entonces? Por la investigación socio económica que, aunque no da directa, mecánicamente, el programa, sí nos arma a todos los comunistas revolucionarios de un conocimiento común, para una discusión programática, basada en datos científicamente elaborados.

Aunque el programa sólo pueda ser adoptado en definitiva por el partido, como expresión de la unidad de voluntad de los comunistas, es necesario preparar esa definición con dos cosas: la discusión sobre los principios y la discusión programática.

Aureliano S.

Mayo 27 de 1991

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