¿Por qué la negociación del salario mínimo es una farsa?

¿Por qué la negociación del salario mínimo es una farsa? 1

Muchos compañeros obreros se preguntan por qué los comunistas denunciamos como una farsa la negociación del salario mínimo que se lleva a cabo en la «Comisión permanente de concertación de políticas salariales y laborales» en diciembre cada año.

Es una farsa decimos, porque todo cuanto se discute en esa Comisión no tiene nada que ver con el salario; porque según establece la Ley 278 de 1996 en el numeral d) del artículo 56 para fijar el nuevo salario mínimo se establecen los siguientes parámetros: «la meta de inflación del siguiente año fijada por la Junta del Banco de la República y la productividad acordada por el comité tripartito de productividad que coordina el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social; además, la contribución de los salarios al ingreso nacional, el incremento del producto interno bruto (PIB) y el índice de precios al consumidor (IPC)».

Apoyándose en esos parámetros, los representantes del gobierno, los gremios de los capitalistas explotadores y los supuestos dirigentes obreros de las centrales sindicales, miembros oficiales de esa Comisión se sientan a parlotear, mentir y engañar a quienes entregan su vida al capital para hacerles creer que su salario depende de lo que esas gentes discuten; desarrollan entonces la comedia donde los actores dan declaraciones, se «enojan», presentan sus «argumentos» para justificar un aumento nominal del salario mínimo que finalmente el gobierno decreta, dando fin a la farsa.

Decimos que es una farsa porque el salario es el precio que pagan los capitalistas a los trabajadores, poseedores de una mercancía especial llamada fuerza de trabajo (la vida misma), que se ven obligados a vender a los burgueses y terratenientes; el valor de esa mercancía, como todas las demás está determinado por el tiempo socialmente necesario para producirla; por consiguiente, no depende de la inflación, de si la economía va bien o mal, de la productividad, del PIB o del IPC, sino que depende4 del costo de los medios de vida que le permitan al trabajador y su familia seguir existiendo y reproduciendo la futura generación de obreros.

El precio de esta mercancía según la OIT está en $3.000.000 y según el empresario Carlos G. Fajardo debería estar entre $3.800.000 y $4.000.000. Es decir, el salario mínimo debería estar alrededor de los $3.500.000 sin afectar la ganancia de los capitalistas, lo cual indica que en Colombia se superexplota a los trabajadores.

¿Cuáles son los argumentos para que los trabajadores acepten la superexplotación?

Un aumento del salario causa inflación, dicen los explotadores, el Banco de la República y los representantes del gobierno, y ninguno de los supuestos representantes de los trabajadores refuta esa gran mentira, ya que el precio de las mercancías termina correspondiendo al tiempo de trabajo socialmente necesario invertido para producirlas.

Es tan burda la mentira que basta mirar el aumento nominal del salario en los últimos tres años para dejar en claro la falsedad y el engaño: en el 2023 el aumento del salario mínimo fue de 16% y la inflación apenas alcanzó el 9,28%, en el 24 fue de 12,07% y la inflación estuvo en el 5,2%, en el 2025 el incremento fue de 9,53% y se prevé que la inflación apenas alcance el 5,5%. Como se ve la inflación ha terminado varios puntos por debajo del aumento del salario.

Un aumento del salario afecta el crecimiento de la economía, otra mentira flagrante y descarada que tampoco los jefes de las centrales sindicales refutan y que los hechos desmienten porque la economía crece de manera permanente aunque de forma desigual. Pero hay que entender que cuando los capitalistas hablan de crecimiento, realmente se están refiriendo a la ganancia, la cual sí se ve afectada con un aumento del salario, aunque esto no signifique que pierdan.

Según el informe de la Superintendencia de Sociedades publicado en junio pasado sobre las empresas más grandes país, «el total de ingresos consolidados de las 1.000 empresas ascendió a 1.183 billones de pesos, mientras que las ganancias netas alcanzaron los $90 billones. Las 50 empresas más grandes concentraron el 42 % del total de ingresos y el 53 % de las utilidades…» y este año se prevé que superarán los 105 billones.

Según las cifras oficiales, los tiburones del capital financiero que se llevan una tajada de la plusvalía producida por los trabajadores, a octubre de 2024 acumularon utilidades por $146,5 billones, lo que representa un crecimiento del 41,7 % en comparación con el mismo periodo del año anterior, cuando las ganancias fueron de $103,3 y en lo que iba hasta septiembre del año 2025 reportaba ganancias de $111,4 billones, lo que representa un crecimiento del 17 % con respecto a lo registrado el mismo mes en 2024.

Un aumento del salario genera desempleo e informalidad,alegan los chupasangre explotadores y tampoco los jefes de las centrales refutan este mentiroso y vil argumento, con el cual pretenden asustar a los asalariados que son quienes sostienen con sus ingresos al ejército de los desempleados y trabajadores informales. Por el contrario, el aumento del salario en lugar de generar desempleo e informalidad otorga un mayor poder adquisitivo, aumentando y mejorando la calidad y la cantidad de mercancías que pueden adquirir los trabajadores estimulando con ello la producción y por tanto el empleo.

Al final de cuentas, como es toda la clase obrera la que vende su fuerza de trabajo a todos los capitalistas, un alza general de los salarios se revierte directamente en la mejora de la calidad de vida de toda la clase obrera empleada, subempleada o desempleada.

Los argumentos falsos respaldados por los entes del Estado y que los medios de comunicación al servicio de los explotadores propagan a diario con la complicidad de las burocracias de las centrales sindicales, son parte de esa cruda realidad de donde se deduce que la negociación del salario mínimo montada cada año es una farsa para engañar a quienes producen la riqueza social la cual se apropian los explotadores.

Con esos falsos argumentos los capitalistas y sus cómplices, ocultan el antagonismo existente entre burgueses y proletarios, y la lucha incesante ellos. Lucha de clases en la cual, parodiando al gran maestro de la clase obrera Carlos Marx: los capitalistas pugnan constantemente por reducir los salarios a su mínimo físico y prolongar la jornada de trabajo hasta su máximo físico, mientras que los obreros presionan constantemente en el sentido contrario. Por consiguiente, el problema se reduce a las fuerzas respectivas que tengan los contrincantes. Es decir, el aumento de los salarios depende de la unidad, la organización y la lucha de los trabajadores, y no de las idioteces que pregonan en la Comisión.

La farsa montada con la Comisión permanente de concertación de políticas salariales y laborales, fue aprobada en la constitución de 1991 buscando amarrar la lucha antagónica entre los asalariados y los capitalistas, a su máquina de dominación que es el Estado. La comisión es entonces un instrumento con el que la burguesía, los terratenientes y el imperialismo cooptaron para el Estado la burocracia de las principales centrales sindicales.

Por eso es una obligación denunciar sin tapujos la naturaleza de esa comisión, así como la farsa que montan cada año para engañar a los trabajadores, como también es necesario levantar en alto la bandera de la lucha por el alza general de salarios para mejorar las condiciones de vida de la clase obrera y entrenarla en la lucha para abolir la explotación capitalista.

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