En el avión Hércules de la FAC murieron los guardianes de los ricos

En el avión Hércules de la FAC murieron los guardianes de los ricos 1
Hércules C-130E re acondicionado en la base aérea Davis-Monthan (Arizona), Sept. 14, 2020

El pasado lunes 23 de marzo ocurrió una tragedia aérea en la que un avión Hércules que transportaba a 126 militares se estrelló en zona rural del municipio de Puerto Leguízamo, Putumayo. En el siniestro murieron 69 militares y 57 quedaron heridos. A pesar de los homenajes realizados a los soldados fallecidos, lo que más se ha visibilizado es el debate que se generó dentro del actual gobierno, principalmente, entre el presidente Petro y algunos expertos incluyendo al Comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC), el Mayor General Carlos Fernando Silva Rueda.

Por su parte, el presidente aprovechó para mencionar que el accidente fue provocado por la falta de inversión de quienes quieren la guerra aludiendo al gobierno de Duque, que en 2020 recibió el avión como donación por parte de los imperialistas gringos. Petro criticó que se reciban «chatarras»; esto provocó la respuesta del Comandante de la FAC, Silva Rueda, quien afirmó que el avión tenía 20 mil horas de vuelo disponibles cuando fue recibido. También señaló que en Colombia podría durar otros 40 años más de servicio y aseguró que había pasado por los mantenimientos requeridos, incluyendo uno a profundidad.

Lo cierto es que, a pesar de este rifirrafe entre Petro criticando la administración del reaccionario Duque, y el actual Comandante de la FAC contradiciéndolo, esto solo demuestra una crisis interna en las fuerzas armadas que son el brazo represivo y guardián de los intereses de la burguesía en Colombia. Las capacidades han ido disminuyendo; sin embargo, la clase obrera no debe promover que el Estado burgués destine más recursos a las fuerzas armadas para mantener a quienes empuñan las armas, y menos cuando desde la ideología burguesa lo justifican por la «democracia» a secas, por la «patria» o por la «soberanía» —como buscan vender esas grandes inversiones con ideas liberales burguesas—, sino que en realidad lo hacen para defender los intereses de los más poderosos del país.

Este hecho demuestra que, para los burgueses, los militares y policías son prescindibles: no les importan sus vidas, sino únicamente mantener su poder en el Estado y garantizar nuevos reclutas para contar con sicarios cuando el pueblo se levante en protestas o exista alguna amenaza que los afecte.

Sin embargo, la solución no es la que plantean los revisionistas y socialdemócratas que han venido apoyando posturas del actual gobierno, quienes buscan «humanizar» a las fuerzas armadas. Consideran que con reformas cambiarán el carácter profundo de clase de estas instituciones, pero la realidad demuestra lo contrario: las fuerzas armadas siguen cumpliendo su función de servir a la burguesía y a la mafia en Colombia.

Por eso, el llamado que hacemos los verdaderos comunistas —que no esperamos cargos en el Estado para acomodarnos como los militantes del PCC— es a que los jóvenes que estén en las filas de las fuerzas armadas, ante cualquier injusticia que vivan o presencien, se rebelen contra sus comandantes. No deben tolerar ningún atropello ni participar en ataques contra el pueblo; deben rebelarse y no dejarse someter por los altos mandos, quienes viven mejor, cuentan con grandes ingresos y gozan de privilegios como reflejo de la lucha de clases que se vive dentro de las fuerzas armadas del Estado burgués-terrateniente.

¡La Rebelión se justifica!

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