
Algunos podrán pensar que con el problema en que se ha convertido la agresión imperialista contra Irán, el gobierno del reaccionario Donald Trump se ha olvidado de sus pretensiones de invadir Cuba. Lo cierto es que el imperialismo yanqui viene luchando principalmente en dos territorios: Medio Oriente y América Latina. Ayer fue Venezuela, hoy es Irán y mañana puede ser Cuba; y después podrá ser cualquier gobierno que resulte incómodo para los intereses económicos y geopolíticos yanquis. No importa si son socialistas o liberales, autoritarios o democráticos, musulmanes o cristianos, desde que sean un problema para los intereses de los capitalistas norteamericanos estarán en la black list del águila imperial.
Cuba, aquella pequeña isla del Caribe, desde 1959 es un problema para Estados Unidos. Desde entonces cada administración, demócrata o republicana, que ha pasado por la Casa Blanca ha buscado la manera de derrocar al gobierno cubano, pero ninguna ha tenido éxito hasta el momento. Ahora vemos un nuevo intento, está vez agresivo, que expresa la fase superior de una política de hostigamiento llevada desde hace tiempo y que busca asfixiar la revolución cubana.
La base ideológica para esta nueva agresión imperial sobre Cuba no es solamente el anticomunismo de siempre, se le suma también la «Doctrina Monroe», readoptada por Trump y su gabinete, y con la cual pretenden reafirmar el dominio imperial yanqui sobre los pueblos latinoamericanos.
La agresión contra Cuba es parte de esa ofensiva reaccionaria a nivel regional como ya ocurrió contra el gobierno de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flórez, o como se ha sugerido hacer contra Gustavo Petro en Colombia, Claudia Sheimbaum en México o Lula en Brasil. Cualquier gobierno, aunque sea tibio y conciliador con el amo yanqui, puede ser objetivo de la agresión si decide cuestionar los métodos de la actual administración norteamericana. Recordemos que Petro estuvo en el radar luego de que éste hizo varias críticas a los bombardeos de lanchas en el Caribe por parte del Ejército gringo bajo la excusa de luchar contra el narcotráfico.
Y en el caso cubano, el gobierno Trump ya dio el primer paso de agresión mediante el fortalecimiento del criminal bloqueo, impidiendo la llegada de petróleo a la isla y generando varios problemas en el suministro eléctrico. El objetivo es que la vida cotidiana de los cubanos se vuelva insoportable con el fin de suscitar un estallido social contra el gobierno, base material para una invasión yanqui en la isla o que al menos sirva para justificar una operación similar a la que se hizo en Venezuela a principios del año.
Lo cierto es que el pueblo cubano no se quedará de brazos cruzados ante una invasión imperialista. Recordemos lo ocurrido en la invasión contrarrevolucionaria de Bahía de Cochinos en abril de 1961. En aquella ocasión, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el gobierno estadounidense armaron, financiaron y dirigieron a una brigada de contrarrevolucionarios con el mismo objetivo de destruir la Revolución. Creyeron que el pueblo cubano, confundido y atemorizado, se uniría a los invasores para derrocar al gobierno revolucionario liderado por Fidel Castro, pero ocurrió lo contrario, en las arenas de Playa Girón, el imperialismo yanqui sufrió su primera gran derrota militar en América Latina. Aquella victoria no fue un milagro, sino el triunfo de la unidad cívico-militar y la convicción inquebrantable de un pueblo dispuesto a defender sus conquistas sociales. Hoy, cuando los herederos de aquella política imperial buscan nuevamente invadir Cuba, olvidan que la semilla de Girón sigue viva en cada miliciano y en cada obrero cubano.
Frente a esta nueva conjura del capital y el militarismo estadounidense, la respuesta no puede ser el silencio ni la pasividad. El pueblo trabajador colombiano debe rechazar de manera contundente las intenciones belicistas de Donald Trump. Hay que levantar la voz y movilizarnos para denunciar el bloqueo, el genocidio inducido y cualquier intento de agresión militar contra Cuba. A su vez, debemos exigir al gobierno colombiano que sea consecuente con el antiimperialismo que dice profesar y que tome medidas para enviar ayuda humanitaria urgente a Cuba. El pueblo cubano está dando muestras, una vez más, de digna resistencia, es momento de salir en su ayuda.





