La censura es un arma de la burguesía

La censura es un arma de la burguesía 1

Cuando el pueblo trabajador colombiano aún estaba asimilando los alcances del decreto 1525 de 2026 después de movilizarse en la jornada nacional del 14 de octubre, Abelardo De La Espriella lanzó otra ofensiva al día siguiente, esta vez contra la memoria histórica del conflicto armado y por tanto de las diferentes expresiones de la lucha de clases, además de la lucha de las mujeres y de la comunidad LGBTIQA+, a la vez que anunció una «contrarrevolución cultural» argumentando —paradójicamente— que «la cultura no puede seguir utilizándose como instrumento de ideología». Desde luego, esto es apenas algo que se puede esperar de un gobierno reaccionario que sirve de frente y abiertamente a la burguesía en su misión de oprimir al proletariado en conjunto.

Durante su declaración en el Claustro de Santa Clara, además de presentar el cambio de nombre del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes por el Ministerio de Cultura y Patrimonio, el tinterillo de la mafia también ordenó retirar del Museo Nacional y de cualquier espacio público todas las obras y objetos relacionados con Carlos Pizarro, excomandante del M-19 y candidato presidencial asesinado, así como todo lo relacionado a la Unión Patriótica, incluido el afiche del entonces candidato Bernardo Jaramillo Ossa, según él porque hacen «apología del terrorismo». No contento con esto, también emprendió su cruzada contra las obras que recuerdan la lucha de las mujeres en Colombia, al igual que retiró banderas, cuadros y cualquier símbolo de la resistencia de la comunidad LGBTIQA+.

Al respecto, es importante precisar desde el punto de vista revolucionario que, aunque estos actos de gobierno constituyen un intento de borrar en las instituciones el recuerdo del reformismo armado, encarnado en Pizarro, el M-19 y el Acuerdo de Paz de 2016 con las FARC-EP, y si bien la lucha cultural es válida y necesaria, es decir, oponerle a la censura burguesa las formas artísticas, símbolos y expresiones del pueblo es correcto, también es insuficiente, pues apenas roza la superestructura del modo de producción capitalista. De lo que se trata, efectivamente, es de trascender estas reivindicaciones hacia la efectiva transformación de la base económica que sostiene la realidad, es decir, la propiedad privada de los medios de producción, que solo podrá ser superada a través de la Revolución Socialista. Solo de esta manera el pueblo trabajador podrá imponerle una nueva cultura a través de, ahí sí, una real Revolución Cultural que enarbole las banderas de la cultura proletaria, que respete sus luchas, su memoria y su dolor y se proponga formar una sociedad sin explotación.

Ahora más que nunca, debe quedar claro que la lucha es de clases y va más allá de la falsa democracia burguesa. Los Estados burgueses siempre han hecho y harán lo que esté a su alcance —como intervenir museos, quemar libros, borrar registros, perseguir y asesinar luchadores, quitar o restringir derechos o ilegalizar y condenar el comunismo— para reafirmar siempre lo que corresponda a los intereses de la clase para la cual administran el poder político, tal como lo hicieran durante la Rusia zarista, la Italia de Mussolini, la Alemania nazi, el Chile de Pinochet o, para no irnos tan lejos, los gobiernos de Miguel Abadía Méndez, Laureano Gómez, Turbay Ayala o Belisario Betancur y otros en Colombia, por lo que no es algo nuevo. En ese sentido, no podemos quedarnos solo en la denuncia y en rechazar estos actos gubernamentales, ni en manifestarnos solo por ello, sino que debemos encausar la lucha hacia la verdadera liberación de nuestra clase.

Eso sí, ahora en las Asambleas Populares se tendrán que incluir también las reivindicaciones respecto a la libertad en el terreno de la expresión cultural y artística, por lo que los artistas consecuentes deben pasar de las redes, pantallas y museos, a pensarse en el arte al servicio del pueblo, donde los parques, las plazas y las paredes sean los escenarios para que los desposeídos que muchas veces ni siquiera tienen tiempo para ir a un museo, puedan acceder al arte y la cultura.

Llevar el arte y la cultura a las calles, las obras de teatro a los parques, las obras de arte a las paredes de la ciudad y todas las expresiones independientes, en cada lugar donde el pueblo pueda acceder a ellas. El arte debe estar al servicio del pueblo y su contenido a hacer ver que la perspectiva de una sociedad diferente el posible. Esta también es una forma de luchar contra el gobierno reaccionario y paramilitar de ADLE y en general contra el Estado de la burguesía y los terratenientes, y son parte de los pasos que debemos caminar hacia la pronta y necesaria restauración del dispositivo político de vanguardia de nuestra clase, un verdadero Partido Comunista Revolucionario que dirija hasta las últimas consecuencias no solo una superficial «batalla cultural», sino una verdadera Guerra de Clase, fuera de las estrechas paredes de las instituciones burguesas, incluyendo sus museos, sus palacios y sus iglesias.

Pero el proletariado colombiano no podrá ni deberá liberarse solo, sino que sus hermanos de clase en todo el planeta también deben organizarse para combatir el capitalismo imperialista y sus Estados, por lo que es necesaria la construcción de la Asociación Mundial del Proletariado que permita establecer los programas mínimos, las alianzas entre el movimiento consciente y las condiciones para la lucha revolucionaria a nivel global, a la vez que los comunistas de los distintos países se organizan en sus Partidos constituidos o restaurados.

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