
Las noches del 9 y 10 de septiembre de 2020 quedaron tatuadas en la memoria del pueblo. Hoy se realizan diferentes homenajes en memoria respetuosa de aquellos a quienes el Estado les arrebató la vida en las calles. Dos días en que las masas populares se levantaron en lucha contra la brutalidad policial, contra el terrorismo de Estado, contra el régimen de la mafia en cabeza de Duque, contra la alcaldía cómplice de Claudia López, contra los CAI… contra todo lo que representara el podrido y nauseabundo poder de las clases dominantes. 72 CAI de la policía, esos centros de tortura que les sirven a los asesinos del pueblo para cometer sus fechorías y todo tipo de abuso físico fueron atacados, quemados, rotos. Más de 100 agentes de policía resultaron heridos en medio de la lucha callejera.
Recibieron el odio de clase que sintió el pueblo en el momento de saber la noticia de que Javier Ordóñez, un estudiante desarmado de 42 años, había sido asesinado el 8 de septiembre por dos policías en el CAI del barrio Villa Luz en Bogotá, después de golpearlo, humillarlo y torturarlo. Todo quedó grabado y se viralizó por redes sociales rápidamente.
El pueblo salió a las calles, a la ofensiva, sin miedo. La cita era en el CAI de Villa Luz, pero rápidamente empezaron a circular flyers citando a manifestaciones frente a los CAI de cada barrio popular. La Policía Nacional es una sola en todo el país, su accionar terrorista también, el pueblo comprendió que no se trataba de simples «manzanas podridas» dentro de la institución, su blanco de ataque fue la institución misma. En distintos puntos de la ciudad, empezaron a llover piedras, palos, pintura, molotovs sobre los CAI. La Policía se vio rápidamente desbordada por la cantidad de jóvenes que se unieron a las protestas, quienes con beligerancia, se mantuvieron en las calles durante varias horas.
La solución del Estado burgués-terrateniente fue ordenar ejecutar el terrorismo de Estado con saña, con odio, con inquina, principalmente sobre la juventud obrera de las barriadas populares de Bogotá y Soacha. Los policías se encapucharon, se pusieron chaquetas para tapar sus insignias y números de identificación, taparon las placas de sus motos o sacaron las suyas también con las placas ocultas con un pedazo de papel, prepararon sus armas, no las de dotación, sino, las que no tienen registradas, las modificadas, y las accionaron contra la humanidad de los manifestantes, que aun así, siguieron combatiendo en las calles por dos días.
El saldo, según la ONG Temblores fue el siguiente, dejando la claridad que para el pueblo no hay duda de que los ejecutores del terror estatal de esos días fue la Policía Nacional:
- 178 hechos de violencia policial que dejaron 271 víctimas.
- 31 víctimas de impactos de arma de fuego presuntamente disparadas por agentes de la Policía Nacional.
- Al menos 12 casos de violencia homicida cometidos presuntamente por miembros de la Policía Nacional. (Otros grupos reportan el asesinato de 14 personas incluyendo al estudiante Javier Ordóñez).
Esa lucha heroica de la juventud obrera dejó grandes lecciones que se condensaron en un Editorial del 2020 publicado en Revolución Obrera y que hoy, nuevamente, las recordamos para que el pueblo no las olvide:
1. Las masas se atrevieron a lanzarse a una acción ofensiva contra las fuerzas policiales.
2. Es necesario preparar las fuerzas populares para el combate construyendo y generalizando los Grupos de Choque, empezando a construir la Guardia o milicia Popular.
3. La relación que debe existir entre los combates a las fuerzas represivas y la movilización general de los trabajadores y el pueblo que deben preparar y ejecutar la Huelga y el Paro para respaldar las confrontaciones entre los luchadores del pueblo y las fuerzas asesinas del Estado.
4. La composición de las fuerzas militares –hijos del pueblo que actúan como verdugos del mismo- y la necesidad de descomponerlas –combatirlas sin contemplación para aniquilarlas y a su vez, atraer a la revolución a una parte de sus efectivos-.
5. La importancia estratégica y táctica que tiene Bogotá y la vía de la revolución en Colombia, pues se demostró que todo lo que ocurra en Bogotá tiene incidencia en todo el país, por lo que es necesario preparar la insurrección en las principales ciudades, especialmente en la capital.
Cinco años después, de fondo, nada ha cambiado. La situación de pobreza y miseria del pueblo continúa. La Policía Nacional sigue siendo una institución terrorista que reprime al pueblo, así le hayan cambiado el nombre al ESMAD y el color del uniforme. El reformismo no ha solucionado los grandes problemas y necesidades del pueblo colombiano: los presos por luchar siguen encerrados, los luchadores siguen siendo perseguidos y asesinados otros; la informalidad o desempleo maquillado sigue al alza; los pobres del campo continúan sin la tierra prometida en su gran mayoría; el salario de la clase obrera no alcanza para sostener a las familias…
Persistimos en el camino de la rebelión popular, en que sólo por medio de la lucha directa contra los enemigos de clase es que se pueden conquistar las reivindicaciones más sentidas del pueblo; que es por medio de la organización en Asambleas Populares que las masas del campo y la ciudad pueden darle dirección revolucionaria a sus luchas; que es en las Ollas Comunitarias o Populares que el pueblo ofrece su solidaridad con los que no tienen nada que perder excepto sus cadenas; que se necesitan las Primeras Líneas o Grupos de Choque para confrontar a las fuerzas enemigas del Estado burgués-terrateniente, en miras de construir las Milicias Populares en los barrios para evitar que nuevamente suceda una masacre como la ocurrida hace 5 años. Persistimos en la idea de que, sin un verdadero Partido político revolucionario de la clase obrera, sin un Frente de las clases explotadas y oprimidas por el capital y sin un Ejército Popular, el pueblo está desarmado para derribar el sistema capitalista en Colombia, fuente de toda la miseria y represión que sufre el pueblo a diario.
Confiamos, no en el reformismo que llama a arriar las banderas de la lucha directa e independiente, sino, en el poder del pueblo unido, organizado y a la ofensiva, como lo estuvo en esas noches combativas y luctuosas del 9 y 10 de septiembre de 2020.
¡No perdonamos, no olvidamos!






