
¡La guerra es el resultado inevitable de las actuales relaciones sociales en el mundo capitalista! Cuando hablamos de la guerra y de la paz, y se propone una elección abstracta entre ellas, es comprensible que cualquier persona vote sin titubeos por la paz. ¡La guerra es algo terrible y la sociedad debe luchar para conjurarla de la vida de la humanidad! Cuando se habla de «paz a toda costa», se crea la impresión de que el problema de la paz y del alejamiento de la guerra es enteramente una cuestión independiente de la lucha de clases, y se puede resolver separándolo de los conflictos sociales.
Los imperialistas no desean desarmarse porque ello conduciría a la pérdida de su dominación de clase y de sus riquezas. Puede ocurrir que algún capitalista o terrateniente, a título personal, no sea insaciable ni aspire a incrementar indefinidamente su riqueza. Sin embargo, la obtención de mayores ganancias es imprescindible para la burguesía y para los terratenientes, pues constituye una condición esencial de su existencia como clase.
La guerra no es el resultado de la voluntad personal de alguien, ¡sino que es algo económicamente inherente para el capitalismo! Las contradicciones internas de este sistema hacen que los países capitalistas, buscando nuevos mercados, se enfrenten entre sí, que en crisis de superproducción busquen una vía de salida para estas fuerzas productivas de la sociedad capitalista, y que estas fuerzas tomen la forma de la ¡PRODUCCIÓN DE ARMAS!
Hablar de asegurar la paz, en base a un ACUERDO general entre los capitalistas, significaría hablar sobre la liquidación del sistema capitalista, en base a un acuerdo con sus representantes, ¡UN IDIOTISMO EVIDENTE! La simple lucha contra la guerra representa en sí misma una corriente democrático-burguesa, la cual no va a eliminar una de las peores consecuencias del sistema capitalista: ¡LA GUERRA!
Sin atacar la esencia del sistema capitalista, ¡es IMPOSIBLE acabar con las guerras! Para luchar de manera consecuente y enérgica contra esta, hay que luchar contra la FUENTE, y la causa de las guerras en el mundo actualmente.
Vivimos la época del imperialismo, y como decía incontrovertiblemente Mao Tse-Tung: ¡EL IMPERIALISMO ES GUERRA! Ahora, ¡el capitalismo no tiene futuro en el mundo! Y por lo tanto tampoco en Colombia, pues es parte y EXPRESIÓN concreta de un país oprimido, del CADÁVER del ¡capitalismo imperialista!
¡El capitalismo en Colombia ha CESADO la necesidad histórica de una burguesía nacionalista REFORMISTA! Todos los capitalistas colombianos, burgueses y terratenientes se han ENTREGADO de patas y manos al monstruo imperialista y han encomendado su salvación a ese gigante, CON PIES DE BARRO: ¡el imperialismo norteamericano!
Recordemos el proceso 8.000: eran solo negocios, negocios con muchos ceros a la derecha. En aquel momento, para Clinton, entonces presidente de Estados Unidos, resultaba inadmisible que en Colombia existiera un títere —Ernesto Samper— al servicio de la burguesía europea y no al servicio de los intereses estadounidenses. El conflicto del caso 8.000, al igual que el actual en Venezuela, no es una cuestión moral ni una disputa entre buenos y malos; es un conflicto de negocios y de pugnas entre explotadores. Del mismo modo que ocurrió con el caso 8.000, el conflicto actual de Venezuela con el imperialismo norteamericano se encuentra en la crisis y demuestra que no existe la tan proclamada «democracia».
En consecuencia de todo lo anterior, la llamada PAZ TOTAL de Petro Urrego, es solo una QUIMERA, una ilusión, ¡una alucinación de su cerebro!
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