¡Convertir el llanto de Maria Dolores en la JEP en fuerza material para la Revolución!

¡Convertir el llanto de Maria Dolores en la JEP en fuerza material para la Revolución! 1

Bajo tierra, en distintas partes de Colombia yacen los restos de miles de personas inocentes ejecutadas extrajudicialmente por el Ejército Nacional. Bajo la jerga militar los nombran como «falsos positivos», muertes verdaderas con las que subieron la popularidad del expresidente mafioso Álvaro Uribe Vélez y su régimen de terror que implantó basado en la política criminal llamada Seguridad Democrática, una serie de métodos sangrientos con los que se ejecutó el terrorismo de Estado contra el pueblo y que hoy la Paloma de la muerte se empeña en revivir.

Como vampiros, sedientos de sangre, sedientos de muerte y necesitados de sembrar los cuerpos inermes de miles de jóvenes empobrecidos, los poderosos, por medio del régimen uribista de la muerte usaron al Ejército Nacional para acribillar muchachos, no sin antes disfrazarlos de subversivos y hacerlos pasar por supuestas bajas en combate ante la prensa prepago, que como foca amaestrada aplaudió el bacanal de sangre, muerte y dolor en el que gozosas danzaban la burguesía mafiosa y los terratenientes al paso de la muerte que marchó sobre campos, pueblos y ciudades del país dejando una estela de dolor y odio que permanece hasta nuestros días.

Odio que, por fin después de 19 años de una dolorosa búsqueda pudo escupir como dagas camufladas en sus poderosas palabras la madre Maria Dolores Sánchez, sobre los oídos del Coronel retirado, Germán León Durán señalado de 30 casos de ejecuciones extrajudiciales o «falsos positivos» en Casanare durante una audiencia de la JEP el pasado 18 de marzo y que hacen parte de esos más de 6402 casos que la derecha se niega a reconocer.

¿Qué sería de la burguesía, los terratenientes e imperialistas, qué sería del capitalismo en Colombia si el pueblo se atreviera a luchar con la energía y la bravura que tuvo doña Maria Dolores cuando le gritó desde lo más profundo de sus entrañas y casi desvaneciéndose al verdugo de su hijo, Giovanny Arias Sánchez, «¡con toda mi alma lo odio, lo odio con todo mi corazón!»? Las extrañas coincidencias de la vida hicieron que esta mujer se llamara Dolores, como si desde el nacimiento estuviera condenada a sufrir con la tortura y desolación a la que fue sentenciada por las fuerzas represivas del orden burgués, que sin pensarlo accionaron el gatillo contra su hijo y a su vez, despertaron el más profundo de los dolores en el corazón de su madre, familiares y amigos.

¡La sangre derramada, jamás será olvidada! La tierra que yace entre negra y roja por la sangre de nuestros muertos reclamará a los verdugos del pueblo más temprano que tarde, después de que sean ajusticiados por la más hermosa de las victorias, la majestuosa victoria del proletariado sobre sus enemigos de clase por medio de la más justa de las violencias, la violencia revolucionaria, que es la imposición por la fuerza de las masas armadas y con conciencia de clase sobre los verdugos del pueblo, dirigidas por su Partido que hoy más que nunca es necesario restaurar. Nos solidarizamos con los dolores de la señora Maria, sus penas son las nuestras y las de millones alrededor del mundo que hoy tenemos sed de justicia popular, no de la de papel o de la formalidad que es la justicia burguesa, que, si bien le brinda algo de verdad al pueblo, se queda incompleta frente a los horrendos crímenes ordenados por los dueños del capital y cometidos por las fuerzas armadas del Estado capitalista.

¡Que el dolor del pueblo se convierta en fuerza material por la emancipación definitiva de las cadenas del capital y por un rojo amanecer!

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